FÍSICA O QUÍMICA: ¿DÓNDE QUEDAN LAS BUENAS PRÁCTICAS EDUCATIVAS?

Carmen de Andrés
Dice la tradición griega que en el frontispicio de la construcción que albergaba la recién creada Academia de Platón aparecía la inscripción “nadie entre aquí que no sepa geometría y como culminación de los estudios, filosofía y ética”.

Lo que nos presagia esta sentencia es que para formar parte de esta institución se tenía que tener una sólida formación humana y técnica. Esta formación y prestigio no sólo mantuvo a la Academia desde el 384 A.C hasta el año 529 D.C sino que sus enseñanzas antropológicas y matemáticas constituyeron el fundamento de toda la especulación filosófica y científica en el mundo occidental.

En Antena 3, también han creado recientemente una institución educativa: se trata del Instituto Zurbarán. Este organismo imparte enseñanzas a alumnos de Educación Secundaria y Bachillerato. La ficción recibe el nombre de Física y Química y se emite los lunes en horario de máxima audiencia con un “share” del 20,9%. La mayor parte de su audiencia son jóvenes.

Esta serie narra las vicisitudes de un grupo de profesores novatos que descubren el universo de conflictos de un grupo de adolescentes para los que han de servir de guía.

La serie nos ha paseado por el mundo de las drogas, el sexo, la violencia, el acoso a otros alumnos, la homosexualidad, las orgías…y de nada de esto se libra parte del claustro de profesores. Es como si educando y educante fueran una misma cosa: una profesora mantiene relaciones sexuales con un alumno, un profesor tontea con las drogas, y lo que es más preocupante es que ante los conflictos, los interrogantes de los adolescentes los maestros son incapaces de dar respuestas conclusivas y coherentes.

Es como si se hubieran desdibujado las identidades. Los profesores imparten sus materias pero son incapaces de responder a las preguntas vitales del alumno, así el profesor no siente que tenga nada más que enseñar y el alumno se siente defraudado por la falta de paradigmas existenciales.

El diagnóstico a esta falta de engranajes podría ser que no se puede reducir la labor del profesor a impartir unas clases. La labor del profesor es transmitir unos conocimientos como quien enciende un fuego no como quien se despoja de un pesado fardo, el pesado fardo de cumplir con una programación. Éste debe aspirar a ser su tutor, su mentor, su guía. No su igual. El profesor debe exigir con cariño, debe enfrentar al alumno con la verdad. Debe aspirar a ofrecer al alumno un modelo de vida coherente. Este actuar le convertirá como el más facultado para orientarle. Así, la autoridad no se impondrá al pupilo por la fuerza sino por los hechos.

Sócrates, maestro de maestros, enseñaba a través de la “mayéutica”. La llamaba así porque era el arte de dar a luz, pues en cierto modo actuaba como partera. Era como un guía que conducía a sus discípulos a través de la caverna de las sombras para salir a la luz de lo real. Su enseñanza enfrentaba al alumno consigo mismo, con sus propias limitaciones, conflictos y dificultades para poder romperlas e ir más allá.

La enseñanza era para él una sagrada misión que no se podía prostituir con una mala conducta, un mal ejemplo. “El oficio de maestro- decía- es un sacerdocio, requiere de la magnética presencia del maestro, que educe al guía interior que todos llevamos dentro. Aunque el fuego duerme en la madera es necesario quien lo prenda, y éste es el maestro”.

Todo lo demás que preocupa al común de los hombres fue sacrificado para educar a los jóvenes en el sentido del deber, la justicia y el aporte a la Humanidad. Dice Platón en su “Apología” que “debido a esta tarea no tuvo posibilidad de hacer nada digno de consideración en los asuntos públicos ni en los privados, de manera que vivió en pobreza infinita por servir a sus discípulos”.

Muchos de sus discípulos pasaron a la Historia como políticos, filósofos, militares, poetas, pero fue Sócrates quien prendió la llama, quien los hizo conocerse a sí mismos, quien les descubrió las verdaderas vocaciones de su alma y les dio fuerza moral, voluntad y conocimientos para plasmarlas. Coincidiréis conmigo que esto no se logra sólo impartiendo una asignatura, sino extrayendo los dormidos conocimientos del fondo del alma humana.

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