Escuela en casa, escuela de moda

Una mañana de principios del mes pasado, mucho después de esa hora frenética entre las siete y las ocho en la que la mayor parte de los padres de Nueva York empujan a sus hijos de cuatro, cinco y seis años para conseguir que salgan por la puerta en su primer día de guardería, Benny Rendell, el hijo de cinco años de Joanne Rendell, novelista y Brad Lewis, profesor de la Universidad de Nueva York, seguía durmiendo como un tronco disfrutando de lo que su madre describe como su primer día de no guardería.

Benny se quedó dormido, como de costumbre, hasta pasadas las 11 de la mañana, mientras su madre, cuyo primer libro, “The Professors’ Wives Club” acaba de ser publicado por NAL Accent, trabajaba en su nueva novela. Cuando Benny se despertó, él y su madre emprendieron tranquilamente el camino hacia casa de un amigo en Brooklyn, a la vez que Benny iba leyendo en voz alta los nombres de las estaciones del metro por el camino.

Pasaron la tarde en un parque infantil de Fort Greene; mientras Benny jugaba con sus amiguitos en el barro, los adultos les miraban y compartían una cerveza.

Una decisión valiente

La señora Rendell, de 34 años, y el señor Lewis, de 51, no son ni mucho menos analfabetos, ya que tienen dos doctorados y un máster entre los dos. Se enamoraron en un congreso y Lewis es ahora profesor titular de la universidad de Nueva York. Sin embargo, han tomado la decisión semirradical (por lo menos para Nueva York) y antiacadémica de dejar a Benny sin escolarizar por el momento.

Forman parte de una comunidad de padres con ideas similares que han optado por enriquecer en lugar de enseñar formalmente a sus hijos en edad preescolar (la ley de la ciudad de Nueva York exige a los padres que inscriban a sus hijos como escolarizados en casa a partir de los seis años).

Los padres de Benny no son educadores en casa en el sentido tradicional de adaptarse a un currículo, ni son estrictamente “antiescuela”, por lo menos según las teorías de John Holt, un educador progresista que promocionó un movimiento de enseñanza dirigido por el propio niño, una variante muy democrática dentro del mundo de la escolarización en casa. Más bien su opción es ad hoc, una exploración día a día de lo que significa quedarse en casa con los hijos en medio de una cultura desenfrenada como la de Nueva York.

En una ciudad en la que la carrera para subir a la cumbre comienza desde la infancia, la desconexión entre la opción de estos padres y las normas de la ciudad es enorme, como acaba de comprender la señora Rendell.

Polémico artículo

Hace unas semanas, escribió un artículo sobre el primer día de “no guardería” de Benny, completado con una evocación de esa tarde en el parque y la cerveza que compartieron los adultos, para Babble, una revista online para padres. Su editora jefe, Ada Calhoun, publicó el artículo en la sección de opiniones personales de la revista llamada irónicamente Malos Padres.

A pesar de la reputación de la columna como un foro para que los padres discutan opciones distintas de la corriente general, Calhone dijo que el ensayo de Rendell provocó las airadas protestas de los lectores, y batió un récord, suscitando cerca de 200 comentarios.

Diferentes opiniones

Rendell, por su condición de escritora, había captado la atención de los lectores con un llamativo comienzo. “Mi hijo Benny estuvo hasta muy tarde anoche en un bar del Soho”. Pero sus lectores, una vez atrapados, protestaron: “Egoísta”, “auto indulgente”, “familia de juerga en un bar” eran algunas de las frases que aparecían en los comentarios, sin hacer mención de que el artículo también hablaba del alto nivel de lectura de Benny.

En opinión de la señora Calhoun, “lo que movilizó a los lectores fue un sentimiento de ser superados, de quedarse fuera de onda”, tal como explicó ella, “se sentían hasta cierto punto envidiosos de que Joanne tuviera la oportunidad de quedarse en casa con su hijo”. “Y, por otro lado, estaban los comentarios simplemente críticos de los que consideraban que no cuidaba adecuadamente al niño —continuó la señora Calhoun—. Se sentían moralmente ofendidos por ese niño que se quedaba durmiendo”.

Rendell se quedó sorprendida por la reacción y lo atribuyó en parte a un choque de culturas: ella es británica. Y reconoció que ser padre siempre implica cierto nivel de compromiso o sacrificio, y las propias opciones, si son distintas de las de los demás, pueden parecer una afrenta. Cuando Benny cumplió dos años, la pareja asistió a un curso sobre educación alternativa y se sintieron cautivados por la conferencia de una mujer que hablaba de no dejarse dominar por la campana de la escuela.

Con Benny, afirma Lewis, han optado por un híbrido entre escolarización en casa y no escolarización. No se trata de nada estructurado, gira en torno a Benny, seguimos sus intereses y sus deseos y de hecho estamos ayudándole a aprender a leer y enseñándole matemáticas, le leen durante horas cada día. “No se trata más que de intentar encontrar cosas con las que los dos disfrutemos, en lugar de convertirme simplemente en una madre mártir. Lo terrible de la escolarización en casa es que tienes que ser perfecta todo el tiempo y ser capaz de encontrar cosas útiles que hacer”.

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