“ES MEJOR QUE LOS PADRES SE EXCEDAN EN EL CONTROL DE LA TELEVISIÓN”

Josep Manuel Silva
A la hora de programar, ¿considera que las cadenas tienen suficiente sensibilidad por los espectadores más pequeños? ¿Hay diferencia entre las públicas y las privadas?

El concepto de sensibilidad en un mundo tan competitivo como el de la televisión, no puede aplicarse de igual manera a los medios públicos que a los privados: estos buscan beneficios económicos; los otros, cumplir un servicio público. La sensibilidad por tanto no puede ser igual, sobre todo de cara a colectivos más protegidos como los menores: más aún cuando estos colectivos no interesan especialmente a las cadenas privadas (lo reconocen ellas mismas). Su sensibilidad, pues, está muy matizada por los intereses comerciales. Es significativo lo que dijo recientemente el consejero delegado de La Sexta: la televisión pública debe cumplir un servicio público, y por tanto, cuidar la calidad, mientras que el objetivo fundamental de las privadas es conseguir beneficios, dejando la calidad en un segundo término.

-¿Está de acuerdo con este planteamiento?

-Discrepo. Creo que las privadas no deben renunciar a la calidad y, además, deben tener en cuenta que cualquier televisión existe en función de una concesión del Estado. ¿Por qué la televisión privada no debe cumplir unos requisitos mínimos de servicio a la comunidad, de normas estéticas, una función social?

¿Cree que se cumple adecuadamente la normativa europea de protección al menor?

Hay varias resoluciones, pero lo que realmente tiene influencia son los códigos de autorregulación, que los aprueban las propias televisiones. En muchos casos, sin embargo, no se cumplen: algunas privadas consideran que prima el criterio comercial, y los códigos se quedan en declaraciones de buenas intencio­nes. Incluso alguna ni siquiera prevé programación infantil. Y, a veces, ni siquiera les importa que se constate que no cumplen sus códigos, ni en las franjas de especial protección. horaria. Las públicas, en general, sí cumplen esos criterios.

Ante esos casos de incumpli­miento. ¿no hay algún modo de sancionar’?

Creo que lo ideal es la auto­rregulación. Siempre resulta poco recomendable cualquier normativa demasiado punitiva sobre los medios de comunicación. Pero si es impres­cindible, tampoco hay que excluirla. Lo mejor es que uno, libremente, prometa algo, y lo cumpla. Si no se cumple, dado que no hay sanciones previstas -porque no son coheren­tes en un sistema de autorregula­ción- podríamos plantearnos qué hacer. La televisión cumple una fun­ción social, educativa, pero también puede ser perjudicial. Por tanto, creo que el Estado debe tener la posibi­lidad de regular los contenidos, al margen de la autorregulación. Tam­bién en las privadas. E imponer san­ciones. Quizá habría que hacer un planteamiento más serio, con san­ciones más contundentes para quie­nes lo incumplan.

Un directivo televisivo, hace días aseguraba que “los niños ven auténticas salvajadas en hora­rios protegidos de la televisión”. ¿Comparte su opinión?

En ocasiones he sido testigo de algo así. Pero aquí entramos en el papel de la familia en el control de la televisión. En algunas fran­jas horarias debería ser posible que los padres tuviesen la seguridad de que, aunque ellos no estén delante, los niños no van a ver algo que les perjudique. Hablo de horarios muy concretos: por la mañana, de 8 a 9; y desde la salida de los colegios hasta las 8 o 9 de la noche; y los festivos. En esas horas ni siquiera sería nece­sario un control parental. Pero hoy no es así. Hay cadenas que en esos horarios de especial protección emi­ten una programación exactamente igual al resto. Con lo cual, el sistema se pervierte, porque exige el control parental, también en las franjas de protección.

De todos modos, pienso que un niño nunca debería ver la tele solo. Y si lo está, es porque los padres saben perfectamente lo que está viendo.

¿Cómo se puede ejercer ese control?

Por ejemplo, viendo la tele con ellos (aunque los padres estén haciendo otras actividades); o sabiendo que el niño sólo puede ver los canales que quieren los padres; o desprogramando determinados cana­les (yo mismo lo he hecho en algún caso). Me parece que siempre es mejor ejercer el control parental por exceso que por defecto, y es mejor que tus hijos te tengan que pedir permiso para ver la tele.

De todos modos, no podemos prescindir de la sociedad en que vivimos: normalmente los padres, por su horario laboral, no pueden estar con los hijos cuando salen del colegio y los pequeños pasan horas y horas sin que nadie esté con ellos y con posibilidad de ver la tele… Hay que evitar que la tele se acabe convirtiendo en un recurso fácil para entretener a los niños, tan fácil como que los estudios científicos demues­tran que la actividad cerebral de un adulto mientras ve la televisión es incluso inferior a cuando se está dur­miendo.

Gran número de niños ven la tele de madrugada. ¿Se puede hacer por evitarlo?

Si hay niños viendo la tele a altas horas de la madrugada, como detectan los audímetros, eso es res­ponsabilidad de los padres, no es un problema de la televisión. Me parece que es exceder el papel de la televi­sión. Es una renuncia de los padres.

La tele en el cuarto

¿Qué le parece que cada miembro de la familia tenga un televisor en su cuarto?

En mi casa, donde hay niños pequeños, hay una sola televisión. Cuando hay tiempo para verla, se negocia entre todos lo que se pone, y pienso, además, que dialogarlo es muy bueno.

-Si hablamos de horarios, ¿no piensa que el horario de máxima audiencia -el prime time- empieza demasiado tarde en España?

Creo que eso va a cambiar, en el momento que alguien haga una apuesta valiente (y alguna, tímida, ya ha habido). Pero está relacionado con el estilo de vida: en el resto de Europa a las 5 de la tarde todo el mundo ha salido de su trabajo y a las 9 comienza el prime time. Aquí ha habido algún intento por adelan­tar los horarios: Telecinco empezó a hacer eso con Camera café, y des­pués con Escenas de matrimonio, y les da resultado.

Pero a lo mejor tiene que ver con el éxito de los programas.

No digo yo que no, en algún caso, pero si analizas la competen­cia, la mayoría de las cadenas a esas horas están con las noticias, el tiem­po, o publicidad: están retrasando el prime time hasta las 10 de la noche. En cambio, si a las 9,30 empieza un programa con interés para la audien­cia, la gente engancha. Es como ha ocurrido con el programa de más éxito en TVE en esta temporada, Tengo una pregunta para usted. Las tres veces que se ha emitido empezó a las 9,30 en punto.

De todos modos, ¿cómo vas a empezar un programa de máxima audiencia a las 9,30 si en muchos casos la gente está aún en el coche, volviendo del trabajo?

La cuestión de los horarios es toda una cadena: la televisión por sí sola no puede liderar un cambio en las costumbres socia­les. Pero estoy absolutamente seguro de que va a cambiar.

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