En poco tiempo vivió muchos días

«Lo que importa es vivir bien, dice Séneca, no vivir mucho tiempo; sin embargo, a menudo vivir bien implica no vivir mucho tiempo». En algún lugar de la Escritura el Espíritu Santo se dice: «En poco tiempo vivió muchos días». Conceso Sobradillo, que así se llamaba el amigo fallecido (su nombre también es divertido), ha vivido en poco tiempo muchos años.

Hace menos de 24 horas he perdido a un amigo, más que amigo. Mucha gente le quería, porque su generosidad y alegría eran grandes. Ha muerto víctima de un accidente de carretera mientras se dirigía a su trabajo. Prácticamente ha muerto en acto de servicio. Nos habíamos reído juntos muchas veces. Contaba chistes con una gracia muy especial, desternillante. Fue hombre extraordinariamente divertido y un competente abogado, líder de sus colegas de profesión. Tenía 43 años; hace cuatro recibió la ordenación sacerdotal. Se dirigía a Köln, para servir en la Jornada Mundial de la Juventud convocada por Juan Pablo II y presidida por Benedicto XVI.

Misterios de la Providencia divina. Había tanto quehacer. Pero el día de la Asunción de la Virgen María, Ella se nos lo ha llevado allá donde parece que no hay nada que hacer. Hace menos de 24 horas del evento agridulce, cuando recibo una revista cultural -«Empresa y Humanismo»- con un artículo titulado «Filosofar para vivir, vivir para filosofar: algunas claves del liderazgo personal» en el que el autor, Ignacio Álvarez de Mon, reúne muchos textos de Séneca. Uno de ellos dice: «Lo que importa es vivir bien, no vivir mucho tiempo; sin embargo, a menudo vivir bien implica no vivir mucho tiempo». En algún lugar de la Escritura el Espíritu Santo dice de alguno: «En poco tiempo vivió muchos días». Conceso Sobradillo, que así se llamaba el amigo fallecido (su nombre también es divertido), ha vivido en poco tiempo muchos años. Ahora es grano de trigo que se entierra y va a dar mucho más fruto del que se esperaba de él, que era tanto. Dios sabe más.

¿Y quienes aquí nos quedamos pasmados, qué hacer? Brota la oración que aprendí en el conocido libro de san Josemaría, con inagotables luces para la vida cotidiana, Camino: «Señor, ¿qué me irás a dar cuando me pides eso?»

Antonio Orozco

Arvo Net, 16 de agosto de 2005

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.