EN LA VIDA DE JAVIER MAHÍLLO

El hombre –filósofo profundo, maestro brillante en el aula, en la radio, en la televisión, ejemplar padre de familia, sabedor de su cáncer- a los 41 años se va feliz.

LIMA, Redacción Central, 6 Dic. 01 (ACI).- (…) El pasado 3 de diciembre (2001), en Palma de Mallorca, Javier Mahíllo, de apenas 41 años y con una vida vivida a plenitud y con asombrosa fecundidad, moría tras un largo y penoso cáncer de tres años de duración. Casado y con cuatro hermosos hijos, era un personaje habitual en programas de radio y televisión, donde usualmente era invitado a defender la posición católica no sólo por su brillantez, sino por su telegenia y sentido del humor. Era Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Una vida plena

Los múltiples ángulos de Javier ya lo proyectaban como un hombre con futuro de renombre. Graduado en Filosofía en la Universidad de Navarra -de donde él era originario-, ejercía la docencia como catedrático de Bachillerato en el Instituto de Palma de Mallorca (Baleares – España), donde daba clases de Filosofía, Ética y Antropología cultural.
Especializado en temas educativos, dedicó diecisiete años a impartir clases de Bioética, Filosofía y Técnicas de Estudio y dando conferencias y cursillos a padres, alumnos y educadores, organizadas por el Ministerio de Educación y Ciencia y por entidades privadas de toda España.

Además, participaba asiduamente en debates televisivos sobre temas de actualidad relacionados con su especialidad: bioética, educación, familia, y otros.

Su lista de publicaciones para cuando cumplió 40 años, era sorprendente por su número y su amplitud temática.
Además de su tesis doctoral: “El sufrimiento humano según S.Tomás” (1989) –una obra verdaderamente premonitoria-, Javier publicó títulos tales como:
· “Problemas de Lógica para Bachillerato” (1987)
· “Pasatiempos Filosóficos” (1987)
· “Lecturas filosóficas para COU” (1987)
· “Iniciación al Karate y al Kick-boxing. Filosofía y Técnica” (1987-88).
· “Ética y Vida” (1991).
· “Platón” (1991).
· “Nietzsche” (1992).
· “Tomás de Aquino” (1993).
· “¿Sabes estudiar?” (1993).
· “¿Sabes enseñar?” (1996).
· “Mis pequeños monstruos” (1998) -una obra dedicada a compartir la experiencia con sus cuatro hijos-.
· “Luz y poesía en la pintura de Libia Monteoñate” (1999).

La llegada del cáncer

Cuatro años atrás, recibió el anuncio que cambió su vida: el maestro activo, experto en karate y boxeo tailandés, apasionado de sus hijos y con una inagotable lista de compromisos y proyectos, tenía cáncer.
Él mejor que nadie sintetizó su propia experiencia camino a la muerte y el encuentro definitivo, en una entrevista concedida al programa De las Artes y las Letras, de Radio Intereconomía.
Más que un diálogo fue un monólogo, porque el director del espacio, Javier Paredes, se quedó bastante impresionado, al igual que los muchos oyentes que solicitaron copias de su discurso-conversación. El hombre que sabía que iba a morir, respondía así a la pregunta obligada sobre cómo se sentía:
“Yo, que he visto muchas veces a mis cuatro niños jugando en la orilla de la playa del Arenal con sus palitas, haciendo castillos, he observado cómo se empeñan en que su castillo es lo único que hay en el mundo; están absolutamente ensimismados cada uno con su castillo. De manera que si el de al lado se vuelve y le da por casualidad con el pie, y le tira una almena, es una desgracia horrorosa, lloran, vienen diciendo: ¡Papá, mira lo que me ha hecho!; es como si se les hundiera la vida. Y piensas: Así somos los humanos. Tenemos la Bolsa, Internet, nuestra casa, nuestro trabajo, y nos parece que son eternos. Cuando, en realidad, son castillos de arena que todavía no has terminado de hacer, y ya se te están cayendo. Viene una ola y se lleva a un niño; viene otra ola y se lleva a otro niño…”

“¡Me voy feliz!”
“Me moriré con la sonrisa en los labios diciendo: Ahora voy al cielo y voy a ser feliz… Es decir, no va a venir a buscarme la vieja de la guadaña a cortarme el cuello, sino que va a venir a buscarme nada menos que Dios, que voy a pasar de una vida corporal como la que tenemos, bastante limitada, siempre tenemos alguna molestia, a una vida más plena”.
“Dios ha querido que tengamos una época en la que le demostremos a Él qué queremos hacer en la vida definitiva”.
“En el fondo, yo creo que el momento en el que me muera va a ser muy emocionante, lo más emocionante que me ha pasado en mi vida. La vida es como en blanco y negro, y en el momento en el que me muera, aparte de los dolores, que no me apetece nada sufrir, el momento de morir será cerrar los ojos a esta vida y abrirlos a una vida eterna”.
“Los cristianos decimos: Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna, amén. No es un invento. Estaremos allí con lo nuestro, pero de otra manera, con otras dimensiones, y con nuestra alma y con nuestro espíritu, con nuestro propio yo. Cambiaré y seré de otra manera. Será un nuevo alumbramiento. Hemos nacido a la vida por nuestra madre, y naceremos a la vida verdadera por la redención de Jesús, gracias a que nos redimió”.

Más información
http://www.aciprensa.com/entrevista.htm (Las entrevistas completas de Javier Mahíllo)

Entrevista: en Radio Intereconomía, De las artes y de las letras

Un nuevo alumbramiento

El dial radiofónico te da más sorpresas de las que puedes pensar, como la vida. En el programa de Javier Paredes en Radio Intereconomía, De las artes y de las letras , se pudo escuchar el pasado sábado una intervención de las que hacen a uno dejar lo que tiene entre manos para poner, no el oído, sino el corazón bien pegadito al receptor. Javier Mahillo, profesor de filosofía, de 38 años; diagnóstico, cáncer; autor del libro Vivir con cáncer. Esto fue lo que dijo y, créanme, lo dijo con toda la naturalidad del mundo, que parece ser mucha:

– Javier Paredes: ¿Qué se siente cuando a un hombre de 38 años le dicen que tiene cáncer?

– Javier Mahillo: Realmente es una experiencia muy emocionante. Hace tres años estaba en el momento más creativo de mi vida; llevaba muchos años de profesor, había publicado libros, en Espasa Calpe ya me trataban como si fuese de la casa, porque ya no era ni el primero ni el segundo… Cuando me ingresaron, entre todos los proyectos que tenía estaba el de escribir una novela sobre filosofía, con todos los debates más importantes de la Historia, desde Sócrates y compañía hasta nuestros días , y que seguirán debatiéndose durante muchos más años, porque no son problemas, sino misterios. El hombre seguirá siempre preguntándose si Dios existe o no existe; si tenemos alma o no tenemos alma; si es más importante el entendimiento o la voluntad, etc. (…)

La cuestión es que yo llevo un itinerario de vida y unas creencias en Dios, y en que la vida humana no es solamente la que vivimos. Ahora viene la etapa buena, la chachi-piruli, que es la que llamamos Paraíso. He pensando que qué lástima que esta vida se me ha acabado y, además, con todas las posibilidades que tenía. En ese momento tenía muchas puertas abiertas en la televisión, para dar conferencias, quizás demasiado… y, de repente, me veo solo. Dios me para los pies y me dice que se me ha acabado y que me espera otro tipo de vida… (…) Cuando hablé con el oncólogo y me dijo que me quedaban 6 meses, ahora ya serán cuatro, para meterme en el cielo, para cambiar totalmente, pensé que cuando dicen en los funerales que descanse en paz, yo a la otra vida no pienso ir a reposar, ya he reposado aquí mucho, un tercio de la vida nos la pasamos durmiendo.

Recuerdo que a mis alumnos les contaba en clase -llevo 16-18 años dando clase-, cuando tocaba el tema de santo Tomás, que respecto a la existencia de Dios se plantean varias soluciones: todo el mundo sabemos que nos vamos a morir, lo dice san Bernardo en una frase que me repito todos los días tres o cuatro veces, los hombres somos como niños jugando a la orilla de la eternidad . Y yo que he visto muchas veces a mis cuatro niños jugando en la orilla de la playa del Arenal con su sus palitas, haciendo castillitos, he observado cómo se empeñan en que su castillo es lo único que hay en el mundo, están absolutamente ensimismados cada uno con su castillo, de manera que si el de al lado se vuelve y le da por casualidad con el pie, y le tira una almena, es una desgracia horrorosa, lloran, vienen diciendo: ¡Papá, mira lo que me ha hecho!, es como si se le hundiera la vida. Y piensas: Así somos los humanos . Tenemos la Bolsa, Internet, nuestra casa, nuestro trabajo… y nos parece que son eternos. Cuando, en realidad, son castillos de arena que todavía no has terminado de hacer, y ya se te está cayendo. Viene una ola y se lleva a un niño; viene otra ola y se lleva a otro niño. Todos hemos visto en televisión a esos israelitas celebrando su boda, un montón de gente celebrando felices un matrimonio y, de repente, se cae el suelo y se hunden y mueren treinta personas. Uno se plantea, desde el punto de vista filosófico: ¿Adónde va esa gente?; ¿dónde van esos niños?; ¿a la eternidad, o no van a ningún sitio? Se me ocurren las siguientes posibilidades: que adonde vayan sea un sitio horroroso, un tormento monstruoso, y que los tengan allí, por haber sido muy malos e insolidarios, los tengan allí 400.000 años picando piedra. El que quiera creerse eso, que se lo crea, pero realmente está para que le atienda un psiquiatra y le dé un poco de Prozac o algo para animarle, porque creerse eso es amargarse la vida. Levantarte por la mañana pensando que cuando me muera voy a ir a un infierno horroroso, y que voy a estar allí 400.000 años picando piedra…

Me quedan las dos grandes soluciones. Una que no haya nada, y otra que ésta sea la primera parte y luego venga la segunda parte. La solución de que no haya nada, como yo lo comprendo, supone que se diga Si no veo, no creo . Lo malo es que no es que no creas en el cielo o en la vida eterna, sino que crees que no hay cielo o vida eterna. El problema que yo le tengo a creer en que después de la muerte no hay nada es que la Humanidad entera, desde el primer hombre hasta el último, se me hace absurda. Si cuando se muera el último, los heroismos, la gente que ha trabajado en una ONG y ha dado su vida por los demás, ¿para qué? Para nada. Sería mejor, mucho mejor, que pusiesen una bomba atómica de una jodida vez… y se acabara ya la Historia, porque, en realidad, ya hay demasiado sufrimiento en el mundo. ¿Por qué seguir aguantando la vida si no va a haber trascendencia ninguna, si todos vamos a ir a la nada?

Por otro lado, también pienso que si estoy equivocado, y luego no hay nada, en el momento que yo me muera, no me enteraré tampoco. Me moriré con la sonrisa en los labios diciendo: Ahora voy al cielo y voy a ser feliz, y luego, sencillamente, no habrá nadie al otro lado para decirme Ahhhh… te has equivocado, mamoncete , porque no habrá nada, no habrá nadie, así que tampoco me enteraré. Me queda la solución mejor (…) Es decir, no va a venir a buscarme la vieja de la guadaña a cortarme el cuello, sino que va a vernir a buscarme nada menos que Dios, que voy a pasar de una vida corporal como la que tenemos, bastante limitada, siempre tenemos alguna molestia, a una vida más plena. Dios ha querido que tengamos una parte en la que le demostremos a Él qué queremos hacer en la vida definitiva. En el fondo, yo creo que el momento en el que me muera va a ser muy emocionante, lo más emocionante que me ha pasado en mi vida. La vida es como en blanco y negro, y en el momento en el que me muera, aparte de los dolores, que no me apetece nada sufrir, el momento de morir será cerrar los ojos a esta vida y abrirlos a una vida eterna. Los cristianos decimos: Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna, amén . No es un invento. Estaremos allí con lo nuestro, pero de otra manera, con otras dimensiones, y con nuestra alma y con nuestro espíritu, con nuestro propio yo. Cambiaré y seré de otra manera. Será un nuevo alumbramiento. Hemos nacido a la vida por nuestra madre, y naceremos a la vida verdadera por la redención de Jesús, gracias a que nos redimió.

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