EL TRATAMIENTO DE LA MUJER EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Carmen de Andrés
La Asociación Psicológica Americana, publicó, el pasado 19 de febrero, un informe titulado «Report of the APA Task Force on the Sexualization of Girls» (Informe del Equipo de Trabajo de la APA sobre la Sexualización de las Chicas) en el que planteaba que “La exposición de la mujer como objeto sexual está creando en algunas adolescentes trastornos multifactoriales”.

«Tenemos una extensa serie de evidencias para concluir que la sexualización tiene efectos negativos en diversos campos, que incluyen el funcionamiento cognitivo, la salud física y mental, y el desarrollo sexual sano», afirmaba la doctora Eileen Zurbriggen, directora del equipo de trabajo y profesora de psicología en la Universidad de California, Santa Cruz, en una nota de prensa que acompañaba el informe.

Los investigadores añadían que también existen evidencias que muestran que la sexualización de las chicas, y los sentimientos negativos por el propio cuerpo que provoca, pueden llevar a problemas sexuales en la edad adulta.

El estudio es el resultado de la investigación, que sobre este tema, se ha llevado a cabo en los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información, en concreto en la televisión, vídeos musicales, música, revistas, películas, vídeo juegos e Internet, así como la publicidad.

La conclusión a la que se llega es que en todos estos medios hay una carga excesiva de mostrar a la mujer de forma que su foco de atención principal sea su cuerpo y sexualidad. Las espectadoras adolescentes reciben el mensaje erróneo de que el éxito viene de ser un objeto sexual atractivo, de que hay que presentarse a los demás como sexualmente deseable, y obtener así su atención.

Lo que no se les explica a las jóvenes es que una visibilidad evidente y excesiva del cuerpo acaba por hacer opaca a una persona. La auténtica personalidad se queda por completo oscurecida, precisamente porque se persigue el objetivo de iluminar en exceso lo corpóreo. Son como máscaras vacías, tras lo cual no hay ningún rostro. Mecánica fatal ésta que reduce el sujeto a objeto, las personas a cosas.

Y es que reducir la mujer a lo puramente material no admitiendo otras dimensiones como la psicológica, afectiva, espiritual, cultural, social, etc, es una postura muy reduccionista, y claramente mercantil.

Desde tiempos inmemorables la influencia del dinero ha sido importante, “sacra auri fames”- el hambre sagrada de dinero- como diría Virgilio pero hoy ha redoblado su capacidad decisoria y definitoria. Hoy, en una sociedad en la que faltan los valores espirituales y la promoción de las virtudes, el dinero y el poder se han hecho poderes absolutos, objetos de deseo y avaricia colectiva.

En un informe que ha llegado a mis manos, me quedé impresionada de la cifra de lo que mueve el negocio del sexo en España: unos cuarenta millones de euros diarios, o sea 14.500 millones de euros al año… Es decir, el equivalente a lo que costarían 65 aviones gigantes Airbus A380… Y mucho más de lo que gastará la Unión Europea en los próximos cinco años en investigación científica y desarrollo tecnológico, que son las claves del futuro europeo, y que generan más de la mitad del crecimiento económico de Europa.

Con unos beneficios tan abundantes, es evidente que el sexo en general y la exhibición de la mujer como objeto estén presentes en todos los mass media. Y es evidente también que en una sociedad, como la nuestra, donde domina el conformismo del disfrute individual alimentado por el marketing del “vive que son dos días” y la “body cult”, sea complicado defender posturas que defiendan la dignidad de la persona en toda su dimensión- material y espiritual-.

Juan Pablo II nos recordaba en su Familiaris Consortio que “se hace necesario, más que nunca hoy recuperar por parte de todos la conciencia de la primacía de los valores morales, que son los valores de la persona humana en cuanto tal. Volver a comprender el sentido último de la vida y de sus valores fundamentales es el gran e importante cometido que se impone hoy día para la renovación de la sociedad. Sólo la conciencia de la primacía de éstos permite la promoción de la persona humana en toda su verdad, en su libertad y dignidad”.

La educación de la conciencia moral desde la familia, la escuela se convierte así en una necesidad para transformar una sociedad que ha olvidado el valor de la dignidad humana en toda su hondura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *