El sufrimiento de la mujer que aborta

«La mujer queda totalmente desprotegida con la nueva ley del aborto», declara el psiquiatra y psicoterapeuta doctor Sémelas. «En un alto porcentaje de las mujeres que abortan, son frecuentes los síntomas depresivos y de ansiedad, sentimientos de rabia y desesperanza…»
En la nueva ley del aborto (la llamada Ley de salud sexual y reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo), hay una total desconsideración a las más que probables consecuencias psicológicas del post-aborto. No hay formación ni información antes del aborto respecto a dichas consecuencias, ni apoyo después de éste. De cara a la prevención, no existen ayudas suficientes para la mujer embarazada, ni se contemplan prestaciones familiares ni organismos de intervención familiar y de conciliación adecuados y eficientes. Ni se facilitan las adopciones… En definitiva, se deja a la mujer totalmente desprotegida. Las madres adolescentes son especialmente vulnerables.
Estamos viviendo claramente una ideologización en el trasfondo del debate sobre el aborto. Esta ideologización niega frontalmente los múltiples estudios científicos de que la mujer es la más perjudicada por el aborto en cuanto a su salud mental, y que frecuentemente padece trastornos psiquiátricos reconocidos y probados. Hasta la fecha, se han publicado muchos estudios muy serios, en los que se evidencian distintos trastornos psiquiátricos como consecuencia de abortos provocados. Son patentes, en un alto porcentaje de mujeres, los síntomas depresivos y de ansiedad, y también muchos de los criterios del trastorno de estrés post-traumático, trastorno por estrés agudo y duelo. Con frecuencia, la mujer tiene sentimiento de culpa, con incapacidad para perdonarse. De hecho, hay muchas mujeres que sienten la necesidad imperiosa de reparar, de llenar ese vacío insoportable con otro embarazo. Los síntomas de rabia, enfado, vergüenza, apatía, desesperanza, anhedonia (incapacidad para experimentar placer), trastornos del sueño etc., están muy reconocidos. Como los pensamientos e imágenes intrusivas en los que la paciente revive y reexperimenta el suceso traumático del aborto, con recuerdos impactantes de sonidos, olores e imágenes, que se le hacen insufribles. Siguen saliendo a la luz estudios sobre otros síntomas asociados al aborto, como disfunciones sexuales, abuso de sustancias, o ideas suicidas.
Si bien es cierto que se necesitan más trabajos para eliminar el sesgo de algunas publicaciones, en la práctica clínica constatamos una vinculación preocupante entre el aborto provocado y los síntomas mencionados.
Asimismo, vemos con frecuencia un deterioro de las relaciones personales. Se crean problemas de vínculo afectivo con los hombres difíciles de superar. En general, las relaciones interpersonales se desajustan y pueden cristalizar en dependencias que buscan compensaciones afectivas. La mujer ha quedado también desajustada en cuanto a sus vínculos familiares, por lo que se pueden deteriorar las relaciones con los hijos que puedan tener.
Esta posibilidad de padecer algún trastorno psíquico en el post-aborto, aumenta si la mujer padeciera o tuviera antecedentes de algún trastorno mental. Por ello, es necesario hacer una valoración minuciosa y detallada en los antecedentes psiquiátricos de estas mujeres, además de un correcto examen del estado mental. Estas evaluaciones tampoco se contemplan en la nueva ley.
Muchos de los padres responsables de ese embarazo también padecen secuelas psicológicas por el aborto. Al igual que las madres, también los padres necesitan apoyo y/o tratamiento psicológico. La evidencia clínica sigue gritando silenciosamente. Hay que decir, sin embargo, que hay muchos profesionales de la Medicina, organizaciones y voluntarios que se encargan de atender y ofrecer salidas, alternativas y ayudas a la mujer. Ellos amortiguan este dolor y sufrimiento de tanta gente, abriendo otras puertas a la esperanza y a la vida en sí misma.
José Mª Sémelas Ledesma

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