El problema de la obesidad en la infancia (1)

La OBESIDAD, junto con la anorexia nerviosa, la bulimia y otras, es uno de los trastornos alimentarios más extendidos en nuestra sociedad actual. En España afecta casi a la tercera parte de la población y son cada vez más los niños y los jóvenes que la sufren .

Se afirma en el artículo “Enfermedades relacionadas con la alimentación” que desde el punto de vista clínico, la obesidad está relacionada con riesgos para la salud, derivados de la tensión arterial y el colesterol elevados, y del desarreglo del índice de glucógeno. Estas alteraciones provocan el desarrollo de problemas circulatorios, cardiacos y hormonales, entre ellos la diabetes.

Entre las causas más conocidas y que dan origen a la obesidad está el sedentarismo, la ansiedad excesiva y la predisposición genética. Existe un cuarto factor, no menos importante, que es el tipo de alimentación.

En el mundo desarrollado existe especial preocupación por afrontar este problema, cada vez más extendido y generalizado. Se dan a conocer importantes estudios científicos de la proliferación de la obesidad y sus causas en la población infantil Las administraciones públicas ponen en marcha campañas de sensibilización e información sobre este tema. Así, el Ministerio de Sanidad y Consumo, ha desarrollado recientemente una campaña informativa bajo el lema “Prevenir la obesidad infantil es un hábito muy sano” para fomentar entre niños y adolescentes pautas de alimentación adecuadas y la práctica del ejercicio físico. Podemos afirmar que España es un país candidato a desarrollar campañas de este tipo ya que uno de cada dos adultos tiene exceso de peso y en las dos últimas décadas se ha pasado de un 5 por ciento de niños obesos a un 16,1 por ciento, lo que hace de nuestro país uno de los que presentan cotas más altas de obesidad de toda la Unión Europea.

Las cifras que baraja Bruselas en la primavera de 2005 son preocupantes, ya que para la Comisión Europea, el 34 por ciento de los niños españoles entre 7 y 10 años tienen sobrepeso, sólo superados por italianos y malteses.

La obesidad infantil tiene gran importancia por que predice, en parte, la obesidad que nos espera en los próximos años Un niño se considera obeso cuando supera el 20 por ciento de su peso ideal (para más exactitud, consultar la forma de calcularlo en el artículo “Enfermedades relacionadas con la alimentación”) Los niños que empiezan a tener sobrepeso entre los seis meses y siete años de vida, tienen un 40 por ciento de probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta, mientras para los que comenzaron a engordar entre los diez y trece años, las probabilidades son del 70 por ciento. La obesidad a estas edades presenta sobre todo, el riesgo de desarrollar a edad adulta problemas cardiacos y respiratorios, hipertensión, hipercolesterolemia o problemas ortopédicos.

Y es que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe mundial de 2002, la obesidad está ligada al 60 por ciento de las defunciones debidas a enfermedades no contagiosas (cardiovasculares, cáncer o diabetes), una cifra que aumentará hasta el 73 por ciento en 2020.

¿Qué ACCIONES se pueden llevar a cabo para luchar contra esta situación y fatal predicción? De momento, se pueden desarrollar acciones concretas a nivel público, y más concretamente, en el ámbito escolar, como las siguientes:

▪ Incluir en el currículo conocimientos sobre alimentación y nutrición. No se trata sólo de nociones en asignaturas específicas (Ciencias Naturales, Sociales y Educación Física), sino también de otros contenidos, como la nueva materia de Educación para la ciudadanía.
▪ Realizar talleres y actividades extraescolares que inicien o los escolares en el mundo de la cocina y lo gastronomía, para que aprendan a comprar alimentos, prepararlos y cocinarlos.
▪ Incluir en b formación docente materiales didácticos y orientaciones sobre alimentación y nutrición y sobre la práctica regular de la actividad física.
▪ Promover el deporte en edad escolar, ampliando el horario de uso de las instalaciones los fines de semana.
▪ Promover el deporte en edad escolar, ampliando el horario de uso de las instalaciones los fines de semana.
▪ Especial incidencia en los comedores escolares, ya que el 20 por ciento de los niños realiza, durante cinco días a la semana, su comida principal en el colegio, porcentaje que aumenta hasta el 32 por ciento en el grupo de edad de 2 a 5 años.
▪ Los Ministerios de Sanidad y Educación están elaborando una normativa que regulará en un futuro muy inmediato, los requisitos de construcción, diseño y equipamiento de estas instalaciones; también los de conservación, almacenaje y exposición de los alimentos; las característicos de los menús. incluida la información diaria a los padres.

Y es que entre las causas más importantes de la obesidad infantil ya hemos dicho que se encuentra la evolución de los estilos de vida donde destaca la falta de actividad física. Además, la alimentación se ha ido alejando cada vez más de las llamadas dietas mediterránea y atlántica, para pasar a un consumo excesivo de carnes grasas, lácteos, productos de bollería y bebidas carbonatadas y, por el contrario, se toma menos pescado, frutas, verduras o cereales.

Dentro de los estilos de vida se encuentra el proliferante sedentarismo y los cambios en los hábitos de entretenimiento. Existe poco interés por la práctica del deporte (entre otras cosas, ya no se juega tanto en la calle como hace unos años) y es un aspecto en el que se debería hacer especial hincapié desde el sistema educativo con el fomento de la Educación Física y la dedicación de más recursos, profesores y horario al deporte escolar.

Así las cosas, teniendo en cuenta que niños y adolescentes practican cada vez menos deporte, algunas RECOMENDACIONES fundamentales para PADRES Y EDUCADORES pueden ser las siguientes:

▪ Procurar que los niños y niñas participen en actividades físicas de intensidad moderada al menos una hora al día. Esto ayudará a mejorar y mantener la fuerza muscular y la flexibilidad.
▪ El juego es la actividad física más común, pero existen otras posibilidades, como pasear y caminar, subir y bajar escaleras, montar en bici o ayudar en las tareas cotidianas.
▪ El centro educativo debe ser el principal responsable del desarrollo de la condición física de los escolares. Esto se puede complementar con otras actividades de tiempo libre, como tenis, natación, judo o deporte de equipo .
▪ Es importante recuperar juegos infantiles de calle y de patio, como el corre-corre, el rescate, el burro o el pañuelo, así como bailes y danzas populares .
▪ Un aspecto fundamental es la motivación, por lo que se deben inculcar los aspectos positivos de la actividad física: pasarlo bien. compartir experiencias, sentirse competente y en forma, jugar con iguales y participar.
▪ No hay que olvidar que muchos de los hábitos que se aprenden en la infancia tienden a consolidarse en la adolescencia y pueden llegar a convertirse en una rutina en la edad adulta, tanto si se practica el deporte como si se lleva una vida sedentaria.

Por otro lado, en mayo de 2005, la Asamblea Mundial de la OMS , acordó que España desarrolle la denominada Estrategia NAOS: Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad. Esta estrategia es elaborada por el Ministerio de Sanidad y Consumo y analiza multitud de factores y sectores que influyen en la obesidad.

No es momento ni lugar para detenerse en esta estrategia, pero sí debemos recordar algunas cuestiones que también están al alcance de las familias como es vigilar una DIETA EQUILIBRADA . Para ello vamos a recordar algunos apuntes ya expuestos en los artículos “Apuntes sobre nutrición” y “Enfermedades relacionadas con la alimentación”:

1. Una dieta correcta y equilibrada debe estar compuesta por cinco grupos de alimentos básicos: lácteos (leche, quesos, yogur…); carnes, legumbres y huevos; frutas y verduras; harinas y cereales; y grasas y azúcares.
2. En la dieta sana de un niño tienen que figurar alimentos variados y adecuados a la edad, a sus gustos, sus hábitos y a la actividad física e intelectual que realice.
3. La distribución es fundamental a lo largo de la jornada: no menos de cuatro o cinco comidas a intervalos variables, que incluyan los cinco grupos básicos de la pirámide alimentaria.
4. El aporte calórico debe tener como objetivo mantener el peso normal, evitando tanto la obesidad como la malnutrición.
5. La dieta debe proporcionar un 60 por ciento de hidratos de carbono, un 15 por ciento de proteínas y un 25 por ciento de grasas.
6. Por lo general, las guías y recomendaciones editadas hasta la fecha coinciden en un modelo de alimentación que tiene como base los cereales, tubérculos, arroz, pan, hortalizas y legumbres (carbohidratos), además de la leche y derivados. Junto a los lácteos, los proteínas animales recomendadas son el pescado, los huevos y las carnes blancas; las carnes rojas y el hígado deben estar presentes sólo semanal y quincenalmente.

Para terminar, nos quedamos con la frase de María Neira, presidenta de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, en una entrevista para la revista que edita MUFACE (marzo, abril, mayo 2005) y que ha sido la principal inspiración de este artículo. Esta frase es: “DEBEMOS OLVIDAR LA IMAGEN DE QUE UN NIÑO GORDO ES UN NIÑO SANO”.

(1) Artículo relacionado con “Enfermedades relacionadas con la alimentación”, “La condición física de los hijos”, “El deporte en la infancia”, “Apuntes sobre nutrición”

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