EL PAPEL EDUCATIVO DE LOS ABUELOS

Patricia Gómez
El papel de los abuelos no es propiamente la educación de los nietos, ya que esta tarea les corresponde irrenunciablemente a los padres.

Sin embargo, los abuelos tienen una misión importante en el desarrollo personal de los nietos: hacen crecer y vigorizan los vínculos con sus descendientes, actuando como puentes y generando nuevos ámbitos para la convivencia familiar. Su función, que tiene su fundamento en la naturaleza humana, es hacer reverdecer la unión entre las generaciones (familia extensa) y en la misma generación (Familia nuclear).

Existe una fuerte solidaridad entre las generaciones distantes, tal vez mayor que entre las cercanas, debida en parte a la común necesidad de ayuda de abuelos y nietos, a su menor autonomía respecto a los adultos.

El buen entendimiento entre abuelos y nietos es capital para los segundos, porque aumenta su conocimiento propio, su autoestima (de ahí el refrán: “este no tiene abuela”), les facilita comprender como se suceden las generaciones y les ayuda a descubrir su propio origen.

Es formativo para los nietos convivir con personas mayores, a los que hay que respetar, ayudar en sus limitaciones y tratar con cariño y agradecimiento, especialmente en la actual sociedad individualista en la que se desprecia a menudo y se ve como una carga la ancianidad, la enfermedad,…

Los abuelos tienen experiencia, que complementa muy bien la fuerza de los nietos. Son más comprensivos y pacientes que los padres. Saben escuchar y contar historias, que muchos niños recordarán incluso al llegar a la edad adulta.

También los abuelos se benefician de sus relaciones con sus nietos: les rejuvenecen, les hacen sentirse útiles y ven los frutos de su amor y de su trabajo de toda una vida.

Por todas estas razones es muy conveniente fomentar y potenciar las relaciones entre abuelos y nietos, venciendo con un poco de esfuerzo y creatividad por parte de todos las naturales dificultades de poco tiempo, viviendas pequeñas, achaques de la edad,… ya que humanizan a las personas, y les ayudan a comprender la dignidad de la persona humana desde la concepción hasta su muerte natural. Una persona que ha visto como sus padres quieren y cuidan al abuelo enfermo hasta el final tiene menos riesgo de contagiarse de las ideas que tristemente invaden nuestra civilización, como la eutanasia, de modo que no sólo da (cuidados y cariño) sino que también recibe (auténtica formación humana).

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