EL PACIENTE EN ESTADO VEGETATIVO ES SER HUMANO

También nuestros hermanos y hermanas que se encuentran en la condición clínica de ‘estado vegetativo’ conservan toda su dignidad humana”.

CIUDAD DEL VATICANO, 20 MAR 2004 (VIS).-Juan Pablo II recibió hoy en la Sala Clementina a 400 participantes en el congreso internacional promovido por la Federación Internacional de las Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) y de la Pontificia Academia para la Vida.

Tras recordar que en estos días han afrontado el tema de la condición clínica de los pacientes conocida como “estado vegetativo”, el Papa afirmó que “el valor intrínseco y la dignidad personal de cada ser humano no cambian, independientemente de las circunstancias concretas de su vida. Un ser humano gravemente enfermo o impedido en el ejercicio de sus funciones más altas, es y será siempre un ser humano, y nunca llegará a ser un ‘vegetal’ o un ‘animal’. También nuestros hermanos y hermanas que se encuentran en la condición clínica de ‘estado vegetativo’ conservan toda su dignidad humana”.

“Los médicos, agentes sanitarios, la sociedad y la Iglesia -continuó- tienen deberes morales hacia estas personas de los que no pueden eximirse, sin dejar de lado las exigencias tanto de la deontología profesional como de la solidaridad humana y cristiana. El enfermo en estado vegetativo, mientras se recupera o llega a su fin natural, tiene derecho a una asistencia sanitaria de base (nutrición, hidratación, higiene, calefacción, etc.)”.

El Santo Padre subrayó que el agua y el alimento, aunque se tenga que suministrar artificialmente, es “un medio natural de conservación de la vida, no un acto médico. Su uso debe considerarse por tanto ordinario y proporcionado y como tal, moralmente obligatorio”.

La probabilidad de que haya pocas esperanzas de recuperación, “cuando el estado vegetativo del paciente se prolongue más de un año, “no puede justificar éticamente el abandono o la interrupción de las curas mínimas, incluidas la alimentación y la hidratación”. La muerte por hambre o sed de modo “consciente o deliberado es como una verdadera y propia eutanasia por omisión”.

El Papa recordó el “principio moral según el cual también la simple duda de estar en presencia de una persona viva ya obliga a su pleno respeto y a abstenerse de toda acción cuyo fin sea anticipar la muerte. (…) El valor de la vida de un ser humano no se puede someter a un juicio de calidad expresado por otros hombres; es necesario promover acciones positivas para contrastar las presiones para la suspensión de la hidratación y de la nutrición, como medio para poner fin a la vida de estos pacientes”.

“Sobre todo -añadió- hay que sostener a las familias” que tienen un pariente en estado vegetativo. “No se las puede dejar solas con la pesada carga humana, psicológica y económica”. La sociedad debe promover “programas específicos de rehabilitación; apoyo económico y asistencia a domicilio a las familias; (…) estructuras de acogida cuando no haya una familia capaz de afrontar el problema”. Asimismo, dijo, el voluntariado “es un apoyo fundamental para ayudar a la familia a que salga del aislamiento y ayudarla a sentirse parte preciosa y no abandonada de la sociedad”.

Juan Pablo II termino poniendo de relieve que “en estas situaciones es particularmente importante el apoyo espiritual y pastoral, como ayuda para recuperar el significado más profundo de una condición aparentemente desesperada”.

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