El lejano país de la adolescencia

El lejano país de la adolescencia
El psiquiatra y psicólogo francés Alain Braconnier imparte un seminario en Ibiza para profesionales de la sanidad y la educación

¿Qué actitud deben adoptar los padres cuando su hija quiere mantener relaciones sexuales con su novio en su propia casa? ¿Es más efectivo ir de progre o pasar por reaccionario en asuntos como el consumo de drogas? Las dudas son muchas en una etapa en la que los jóvenes intentan reafirmarse transgrediendo límites y coqueteando con las conductas de riesgo. El psicólogo y psiquiatra Alain Braconnier, especializado en el comportamiento humano durante la adolescencia, intenta arrojar luz sobre una etapa de la vida en la que padres e hijos se sienten desorientados ante el aluvión de cambios.

La adolescencia es una etapa conflictiva en la que padres e hijos parecen hablar distintos idiomas y vivir no ya en países, sino en universos diferentes. Nadie tiene la culpa, jóvenes y adultos sufren por igual una situación de cambio, de crecimiento, frente a la cual se sienten a menudo sin recursos. Una de las personas que más ha reflexionado sobre este momento vital es Alain Braconnier, especialista en psicología y psicopatología de la adolescencia, que ayer impartió una charla gratuita sobre ´La crisis en el adolescente´ organizada por la Asociación para la Docencia e Investigación en Salud Mental de Ibiza y Formentera (Adisamef).
Braconnier habla de crisis del adolescente, pero también de crisis parental. Unos pasan el duelo por la infancia que deja atrás y los otros por la pérdida de ese niño que se está convirtiendo en hombre. «En los años 80 y los 90 había una visión lineal, de causa-efecto, de la relación entre padres e hijos. Ahora se ha pasado a una visión interactiva en la que se admite que los problemas de unos repercuten en los de los otros y se produce una interacción en espiral. A veces esta espiral se cierra y se convierte en un círculo del que es difícil salir y se repiten los mismos conflictos», argumenta el director del centro de salud mental Philippe Paumelle.
Braconnier defiende que en la actualidad es más difícil ser padre o madre de un adolescente por los cambios sociológicos que se están produciendo. «Antes el adolescente recibía información fundamentalmente de la familia y de la escuela, ahora están Internet, los amigos y muchos otros estímulos que no son controlados por los padres y que pueden facilitar o dificultar el desarrollo del adolescente», advierte, y añade que a esto se unen a menudo las crisis de pareja o de familia, por lo que las posibilidades de llegar a un entendimiento se reducen. «Los cambios respecto al modelo tradicional de familia han dejado a los padres sin un referente sólido. Necesitan hablar con otros padres a la salida del cole, apuntarse a asociaciones, buscar guías o consultar a profesionales para que les orienten y resuelvan sus dudas», observa Braconnier, autor de varios libros sobre la materia, entre ellos ´Guía del adolescente´, publicado en España por Síntesis.

«Muros con muescas»
Uno de los mayores riesgos a los que se enfrentan las familias, en opinión de este, es la fatiga física y emocional de los padres, consecuencia del ritmo de vida actual. «Llegan a casa agotados y lo último que desean es encontrarse con los conflictos que los adolescentes les traen a casa. Los jóvenes quieren ser originales, manifestar y afirmar su diferencia. Los padres que están demasiado cansados pueden no escuchar o responder a los ataques con ataques», alerta. Como investigador, aconseja no ser un muro liso, sino «un muro con muescas» a las que el adolescente pueda cogerse. «Los padres tienen que comprender que crecer es un acto agresivo. En esos momentos es muy importante la relación de pareja de los progenitores, no entrar en el juego de las divisiones que desconciertan al joven que está buscando referencias sólidas», explica. En el caso de padres separados, advierte que a menudo los adolescentes, que buscan un placer inmediato, intentan aliarse con el que intuyen que les dirá que sí a su deseo y de esta forma enfrenta a los progenitores. «El chico se infiltra en la grieta que hay entre los padres, hace que se separen todavía más y entonces él se queda en el vacío, sin un lugar en el que apoyarse».
Braconnier ofrecerá hoy un seminario especializado sobre el ´Abordaje psicopatológico del adolescente con personalidad límite´, un foro destinado a profesionales sanitarios, sociosanitarios, de servicios sociales y de la educación. «Es un trastorno de la personalidad que genera conductas de riesgo, trastornos alimentarios y a menudo se tratan los síntomas asociados en lugar de realizar un diagnóstico acertado que vaya al origen del problema», apunta Juan Larbán como portavoz de Adisamef. Braconnier recomienda enfrentarse a este problema desde una perspectiva multidisciplinar que combine psicoterapia, medicación y reinserción social.

Amar, vivir y sobrevivir
Braconnier tiene claro que el error más común de los padres durante la temida adolescencia es «dejar de ser padres». El padre/madre debe mostrarse como una figura sólida, de autoridad, que sabe lo que quiere y que no oscila con los movimientos del adolescente. «Tiene que mantenerse firme para contener los ataques del adolescente que tiene deseo de afirmarse enfrentándose al adulto, pero también mucho miedo de dónde le puede llevar eso», señala. Para el joven puede ser «angustioso» que los padres dejen de estar en el lugar que él espera que estén, «aunque para atacarlos y decirles que son unos antiguos». Este especialista asegura que el deber de los padres durante esta etapa es continuar amando a sus hijos («es más difícil hacerlo de adolescentes que de niños»), sobrevivir a sus ataques y vivir también para ellos mismos, no solo para sus hijos.

La delgada línea entre lo normal y lo patológico
La línea entre lo normal y lo alarmante es muy estrecha durante la adolescencia. ¿Cómo saber si existe un problema grave?. Braconnier asegura que lo habitual en todos los adolescentes es explorar los límites a través de las conductas de riesgo: ingesta de drogas, pequeñas fugas, hurtos, promiscuidad sexual, absentismo escolar…
«Para diferenciar los comportamientos de riesgo que se pueden considerar normales de los graves hay que fijarse en la repetición. No es lo mismo fumarse un porro a la semana que hacerlo contínuamente.
También hay que observar la asociación de estas conductas: si mantiene una sola conducta de riesgo y no es repetitiva puede considerarse un comportamiento propio de la edad, si esa conducta es repetitiva y coincide con varias conductas transgresoras más la situación se complica», explica el psiquiatra y psicoanalista.
El tercer factor a tener en cuenta sería la disociación: los padres llegan a tener la sensación de haberse quedado por completo al margen de la vida de su hijo. Esta alienación debe evitarse «aunque el adolescente lo pida». «Los padres no deben ser intrusivos, pero tampoco quedarse al margen. Deben saber con quién se relaciona su hijo, qué es lo que le gusta…», añade.
Finalmente, el experto señala que los padres «intuyen» cuando algo «no va bien» con su hijo. Sin embargo, en muchas ocasiones les cuesta reconocer la situación porque se sienten culpables de los problemas de sus hijos adolescentes. «Las que lo intuyen suelen ser las madres, con mucha más frecuencia que los padres», relata Braconnier mientras se encoge y señala sus entrañas en un expresivo gesto. «Los padres buscan la solución, las madres buscan comprender», concluye.
Ante problemas concretos, como el consumo de drogas o el sexo, apunta que lo importante para acertar en la educación no es el argumento a favor o en contra sino la actitud, que debe ser firme y coherente.

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