El impacto de los videojuegos en los niños

Desde hace varios años, los videojuegos ocupan gran parte del tiempo libre de nuestros hijos y su demanda es cada vez mayor. Puede sorprendernos que con seis años un niño pueda dominar una consola, pero en la mayoría de los hogares con menores de 14 años hay una videoconsola y cada vez son más atractivas y accesibles.

Los videojuegos se han desarrollado muchísimo, sobretodo en su calidad visual, pero también en su capacidad pedagógica. Actualmente muchos centros educativos utilizan videojuegos para enseñar ciertas materias y educar en valores. No obstante, la inquietud antes los videojuegos a menudo viene motivada por el desconocimiento de sus beneficios y/o perjuicios.

Por un lado, hay quien afirma que este tipo de entretenimiento puede provocar un aislamiento social, con lo cual los padres debemos prestar atención y comprobar que nuestros hijos no pierden el norte cuando están jugando, y que al proponerle otra actividad no dudan en dejar lo que están haciendo. Las voces en contra también alertan de los perjuicios de los videojuegos en la salud de sus consumidores. En este sentido, advierten del riesgo de sufrir ataques epilépticos. En respuesta, los fabricantes informan en el interior del producto que si un niño sufre epilepsia debe consultar con el especialista antes de jugar con el videojuego.

Por otro lado, las voces más favorables subrayan las excelencias del uso de los videojuegos e inciden en sus aspectos educativos, de superación y de adquisición de habilidades manuales.

Contenidos de los videojuegos, ¿educativos o peligrosos?

La mayoría de videojuegos preferidos por los niños incluyen violencia y el número de títulos de corte violento fabricados sigue en aumento. Los considerados como extremadamente violentos han aumentado sus ventas en más de un 30% en los últimos años. En cambio, los juegos menos aceptados son los que contienen aspectos educativos. En este sentido, el 38% de los menores de edad reconoce que si sus padres conocieran el contenido de algunos de sus videojuegos no les dejarían jugar con ellos.

Algunas revistas especializadas en videojuegos alaban más estos juegos cuanto mayor es su contenido violento y las recomendaciones de los fabricantes sobre la edad a la que destinan los videojuegos pueden resultar orientativas pero no son siempre las más acertadas. Por ello, los padres debemos controlar los contenidos de los videojuegos de nuestros hijos, pero desde una postura de comprensión y no de imposición.

Numerosos estudios manifiestan que existe una relación entre la práctica de los videojuegos violentos y la conducta agresiva y otros problemas relacionados con ella. Pero, también debemos preguntarnos: ¿generan violencia los videojuegos o son las personas violentas las que se sienten más atraídas a jugar con videojuegos de contenidos violentos? La consigna es tener claro los aspectos positivos y los negativos de los videojuegos y, en base a estos, controlar los contenidos.

En los aspectos positivos cabe destacar que:

El jugador toma decisiones, actúa y además percibe que su esfuerzo se ve recompensado
Se adquieren conocimientos (lenguajes específicos, símbolos, técnicas…)
Los videojuegos proporcionan un sentido del dominio y del cumplimiento en los jugadores. Esto reporta un aumento de la autoestima y reconocimiento social por parte de los amigos
Ejercitan la imaginación sin limitaciones espaciales o temporales
Desarrollan de la coordinación óculo-manual, enseñan habilidades psicomotrices y ayudan a “aprender a aprender”
En los aspectos negativos resaltan los siguientes puntos:

Pueden provocar que se les dedique un tiempo desproporcionado, abandonando otras tareas
Los jugadores asiduos a los juegos violentos pueden presentar una conducta más agresiva, impulsiva y egoísta. Asimismo, los juegos violentos pueden predisponer a aceptar la violencia con demasiada facilidad.
Algunas personas con síntomas de fobia social utilizan este tipo de entretenimiento como refugio
Los videojuegos de contenido agresivo pueden generar ansiedad y sentimientos hostiles
Los videojuegos son como los libros, las películas o los discos de música. Los hay para todas las edades y con todo tipo de contenidos: juegos arcade, de deportes, de aventura y rol, simuladores y constructores, de estrategia, puzzles y juegos de lógica y juegos de preguntas. En este sentido, si bien los padres debemos supervisar aquellos programas que nuestros hijos ven en la televisión, también debemos controlar los contenidos a los que los menores acceden en un videojuego.

Si bien los padres debemos supervisar aquellos programas que nuestros hijos ven en la televisión, también debemos controlar los contenidos a los que los menores acceden en un videojuego.

La adicción a los videojuegos

Uno de los efectivos negativos de los videojuegos que más preocupan a padres y educadores es la adicción que este tipo de entretenimiento puede crear en nuestros hijos. Muchos partidarios de la consola niegan que los videojuegos puedan crear adicción, mientras que según un estudio de científicos alemanes estos productos actúan sobre el cerebro de la misma manera que otras sustancias crean dependencia. Si los jugadores de videojuegos someten al cerebro de forma continua a ciertos estímulos de recompensa que causan la liberación de cantidades crecientes del neurotransmisor llamado dopamina, se crea “una memoria de la adicción” que tiene efecto en la actividad cerebral.

De hecho, desde 2006 existe en Europa la primera clínica para los adictos a los videojuegos. Situada sobre los canales de Amsterdam, esta clínica se construyó al detectar diversos casos de adicción, como el de un chico que se pasaba 18 horas al día jugando. “Podemos decir que el electroencefalograma y el modelo de electromiograma de quienes juegan en exceso a videojuegos es comparable al de los adictos al alcohol y al cannabis”, afirma Ralf Thalemann, del Instituto de Medicina Psicológica de la Universidad Charité de Berlín. El científico sugiere que los padres que sospechen que sus hijos son adictos a los videojuegos deberían buscarles otras actividades alternativas que cumplan la misma función de “elevar el amor propio” de los jóvenes.

Tampoco debemos olvidar que el abuso de los videojuegos por parte de niños y jóvenes, a menudo responde a unos hábitos de vida familiar donde se hace difícil compatibilizar la educación y los hijos con la vida laboral y otras exigencias. Por ello, no se debe permitir que los videojuegos o la televisión sean utilizados por los niños y sobre todo por los adolescentes para llenar ese vacío pues podría desencadenar en una adicción.

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