El impacto de la televisión en los niños

En el siglo XXI, los niños pasan más tiempo ante la televisión que en la escuela. Este dato, tan contundente como alarmante, es el resultado más significativo de los últimos estudios realizados sobre el consumo de televisión de nuestros hijos. Y aún hay una conclusión más reveladora si cabe en lo que respecta a la televisión nacional: la programación infantil está desapareciendo de la parrilla televisiva porque no resulta rentable para los canales de televisión y las empresas a los que pertenecen.

La preeminencia de la televisión como aparato generador de opinión pública e incitadora de un consumismo exacerbado está aquí para quedarse, y los más pequeños son los más expuestos a su influencia negativa. Nuestros hijos ya no sólo nos piden los juguetes más caros y sofisticados; ahora, empujados por publicidad que ven en la televisión, ya se permiten el lujo de aconsejarnos qué modelo de coche comprarnos y de exigirnos que les compremos ropa de marca. Por este motivo, protegerles y educarles en un consumo crítico y racional de la televisión se convierte en nuestros días en una responsabilidad prioritaria para nosotros, los padres.

No obstante, el objetivo de enseñar a los niños a reflexionar sobre lo que les muestra la televisión no es competencia exclusiva de los padres: el reto de educarles en un consumo responsable de los medios audiovisuales debe ser compartido con la Administración, y en particular con los centros educativos. Una idea que propone la doctora en sociología y psicología Victoria Tur sería incorporar este tipo de enseñanza a la futura asignatura de “Educación para la ciudadanía”, algo que a día de hoy no se contempla.

El debate social sobre la influencia de los medios

Los informes periódicos que publica la CEACCU (Confederación Española de Amas de casa, Consumidores y Usuarios) sobre el consumo de televisión y los derechos de los usuarios alertan de un fuerte contraste entre los valores que se transmiten en la escuela y los mensajes que reciben los niños a través de la televisión. El sondeo de 2004 revelaba que los niños españoles de entre 4 y 12 años pasan una media diaria de casi 4 horas al día ante el televisor. En la Unión Europea, sólo los niños ingleses ven más la tele.

Estos datos indujeron la reacción de especialistas y organismos públicos en forma de campañas, manuales y guías sobre el consumo racional de la televisión, dirigidos principalmente a padres y educadores. Algunos de los recursos más interesantes en este contexto son:

“Pantallas amigas: niños y niñas ante el consumo de televisión y nuevas tecnologías”, guía editada por CEACCU como complemento al informe de 2004 antes mencionado;
Libro blanco: La educación en el entorno audiovisual, publicada por el CAC (Consell Audiovisual de Catalunya);
Foro Nacional: Entorno Familiar, Menores, Educación y Televisión, organizado por el Instituto Oficial de Radio y Televisión (RTVE) con el apoyo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
El quid de la cuestión se encuentra en las transformaciones sociales que se han producido en las últimas dos décadas, que han afectado en gran medida a la educación de nuestros hijos. Hasta hace poco los pilares fundamentales de la formación de los más pequeños eran la familia y la escuela. Hoy en día, el eje familiar va perdiendo fuelle (a causa de los cada vez más exigentes horarios laborales), y en cambio emergen los medios de comunicación como nuevo escenario de aprendizaje infantil, a menudo dotando a los niños de unos parámetros para interpretar la realidad que no coinciden con los que les transmiten padres y profesores.

La solución, insisten los expertos, pasa por descubrir juntos -padres e hijos- el nuevo universo de formación (no sólo integrado por los medios de comunicación de masas, sino también por las nuevas tecnologías de la información y comunicación). Sólo acompañándoles en su proceso global de aprendizaje podremos ayudarles a discernir, a reflexionar y a consumir la información de una manera crítica y beneficiosa para su desarrollo como personas.

Nuestros hijos ya no sólo nos piden los juguetes más caros y sofisticados; ahora, empujados por publicidad que ven en la televisión, ya se permiten el lujo de aconsejarnos qué modelo de coche comprarnos y de exigirnos que les compremos ropa de marca.

Programación infantil en España

Los programas destinados a la población infantil en España tienden a desaparecer de la parrilla televisiva. En la 1999-2000, un 10,3% de los programas estaban dirigidos a niños; dos años después, el porcentaje caía hasta el 7,3%, tal y como se recoge en el informe Programación infantil en la televisión española. Inadecuada relación entre oferta y demanda; en la actualidad, algunas cadenas de televisión -en especial las privadas- han suprimido directamente la programación infantil en los días lectivos, limitándola a los sábados y domingos por la mañana y etapas de vacaciones escolares. El resto de cadenas también han reducido la programación infantil notablemente.

Según los datos de TNSofres, instituto que mide en España la audiencia de televisión, la población de entre 4 y 12 años ha cambiado sus hábitos de consumo televisivo: si antes la audiencia infantil se concentraba en la franja matinal (de 7:30 a 9 horas) y en el periodo que transcurre entre las 18 y 20 horas, hoy en día la mayor concentración de niños ante el televisor se registra en horario prime-time, de 21 a 24 horas. Este fenómeno conlleva el peligro de que los niños accedan cada vez con más asiduidad a contenidos para adultos, a menudo inadecuados para su edad, aunque al mismo tiempo es una oportunidad para los padres, ya que permite educar a nuestros hijos en el consumo racional de la televisión.

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