El cine, el hombre y Dios

Hace casi 30 años, un cristiano apasionado por Jesucristo y, por eso, apasionado por la vida y por el hombre, escribió estas líneas sobre el cine, cuya vigencia es evidente:

Hubo un escritor soviético, Ehrenburg, que llamó al cine «fábrica de sueños». Hay, en el mundo, millones de salas de cine, que cada año visitan miles de millones de espectadores. ¿Imaginan ustedes el impacto en el espectador de esta gigantesca maquinaria? Películas bellas y horribles, estimulantes y adormecedoras. Películas que presentan el bien o que presentan el mal, que se ríen del matrimonio o ridiculizan el honor. Positivo o negativo, el influjo del cine está ahí.
El problema que se nos plantea, como cristianos, es el siguiente: ¿«Testimonia» este cine al hombre de hoy? ¿Sirve, como quería Pío XII, «para levantar el corazón del hombre»? ¿Le lleva, al hombre, noticia de Dios, para que Dios esté «en el camino de los hombres»?
El cine de pura «evasión» nutre el 95 por 100 de toda la producción cinematográfica mundial. Cierto que aun en este cine puede haber algunos valores espirituales o humanos. Un musical tan divertido como Cantando bajo la lluvia era una película limpia que exaltaba virtudes como la amistad, el amor, la fidelidad, la alegría… Pero sólo un esfuerzo de espeleólogo, para el que el espectador no está preparado, le permitirá encontrar valores de ningún tipo en una inmensa cantidad de films banales, intrascendentes cuando no francamente estupidizantes, cuando no violentos. Del amor, la inmensa mayoría de los films que pueden verse dan sólo su exterioridad, cuando no, aún más frecuentemente, el erotismo, con lo que tiene de deformación de un verdadero concepto del amor. Particularmente grave es la casi ausencia de verdadera inquietud religiosa en el cine de hoy. Sin embargo, el hombre de nuestro tiempo, decepcionado de humanas místicas redentoras, acosado -ayer, hoy, siempre- por el Misterio, abrumado por los gigantismos políticos y los fraudes sociales, se interroga en su interior. Si el cine pseudo-religioso satisface la banal exigencia de tantos hombres que sólo quieren satisfacer su epidermis religiosa, el éxito de otros films y otros autores es síntoma esperanzador de que el hombre sigue preocupado por el problema de Dios. (Debo las mejores emociones religiosas de mi vida como espectador de cine a un luterano llamado Dreyer y a un marxista llamado Pasolini).
Lo que se nos plantea es si el cine puede dar testimonio no sólo de la realidad del «hecho religioso», sino de su dimensión más profunda. ¿Está el cine condicionado, por su naturaleza, a ser superficial en los temas religiosos? Creo que es fácil admitir la imposibilidad de un film que presentara concretamente a Dios. Pero Dios se ha encarnado en Jesús de Nazaret, en la Iglesia, en los hombres… ¿No será éste el «modo» de concebir, también para el cine, el hallazgo de Dios?
Si se ha podido afirmar que el cine, en su esencia, es un fenómeno cristiano, es porque el cine, como el cristianismo, tiene por objeto al hombre; un travelling hacia un rostro es una viva metáfora cristiana. «Lo religioso», así, no es un apartado, un «género» cinematográfico.
Cada film puede contener, cualquiera que sea su tema, quienquiera que sea su creador, un valor religioso. No basta «ver», abrir los ojos; hay que llegar a una visión profunda y trascendida de la realidad del mundo. Tal «voluntad» positiva frente al cine es básicamente cristiana. Casi diría que la única cristiana.
El cine no puede olvidar en su descripción del hombre que éste es un ser trascendente, que su origen y su destino son para él un misterio que se ilumina por la Fe para aquel que la posee, pero misterio que es aún más acuciante para el no-creyente».
José María Pérez Lozano

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