Ejemplos que marcan

Los niños registran todo su entorno como verdaderas cámaras de video. Llenar ese cassette aún en “blanco” con actitudes positivas es clave.

Sofía estaba saliendo en su auto de un estacionamiento cuando un camión le bloqueó el paso. “Mueve tu @#&%” fue lo más suave que se le ocurrió gritar. Su hija de cuatro años parecía ajena a la situación, “pensé que no entendía nada”. Cinco minutos después, frente a una luz verde, como el auto de adelante no partía, la niñita “tan inocentemente” sentada atrás gritó: “Mueve tu @#&%”.

En la educación de los hijos es importante fijar límites y enseñar normas pero muchas lecciones son en vano si los padres no actúan coherentemente con lo que dicen. Es el ejemplo lo que determina en gran parte el comportamiento de ellos. Según Jaime Cárdenas, profesor y orientador familiar, “los niños aprenden muy bien lo que ven y los padres enseñan más por lo que hacen que por lo que explican”. Esto no significa que haya que ser perfectos, “pero sí claro ejemplo de lucha contra los propios defectos”, añade Cárdenas.

Aquí recomendamos cinco actitudes ejemplares:

> Ser preocupada(o) y cariñosa(o) con el cónyuge. Cómo uno es con el marido o la señora es lo que da a los niños una importante lección sobre respeto, cooperación, capacidad de negociación y entendimiento. Por ejemplo, aunque las discusiones deben ser en privado, si por alguna circunstancia especial es delante de los niños, lo importante es que sea racional y civilizada. De esa manera ellos aprenderán cómo es posible conversar, intercambiar puntos de vista y considerar al otro.

> Ser amable en las tiendas y por el teléfono. Escuchar malos modales en las calles, en el auto, en las tiendas es pan de cada día. Por lo tanto, es responsabilidad de los padres enseñar a los hijos que la buena educación es fácil y debe ser parte de cualquier “transacción” con otro ser humano. Una actitud amigable enseña a los niños la importancia de respetar turnos, saber escuchar y ser considerados. Y por sobre todo entenderán que con la táctica adecuada la sensación es muy agradable.

> Paciencia en los imprevistos. Un taco en pleno verano, la cola en el supermercado, las luces rojas no sincronizadas son situaciones que ponen a prueba la paciencia. De hecho la rabia y el mal humor que ellas generan pueden sorprender a un niño a tal punto que piensa si será también esa la manera que sus padres lo tratarán. Demostrar paciencia es importante y si hay un descontrol es necesario explicar que no se quiso actuar así y que manejar las emociones cuesta trabajo.

> Aplaudir lo que hacen bien. “Te felicito”, “lo hiciste muy bien”, son palabras que suenan como música para cualquier oído. “Fuiste tan educado”, “fuiste tan generoso” son frases muy sencillas, pero de tal alcance, que multiplican las ganas del niño de volver a hacerlo. “El reconocimiento siempre aumenta la autoestima y permite el aprendizaje”, explica Jaime Cárdenas.

> Prestar atención a los hijos. Sus cuentos a veces son tan eternos o con tan poco hilo conductor que es fácil dejar de escucharlos. Además muchas veces estamos ocupados y no se puede responder a las cien veces que dicen mamá o papá. En esos casos vale la pena una explicación: “Espera que termine y te pongo atención”. Eso los tranquiliza, pues los han mirado y escuchado.

Puntos básicos

> Los padres: Son los papás quienes tienen el mayor y primer impacto en la educación de los hijos. A veces con tantas horas en el colegio esto puede pasar desapercibido pero ése es un papel que los padres jamás deben delegar. Son ellos los primeros educadores.

> Los hijos: Los padres siempre serán a ojos de sus hijos los número uno en modelo y educación, sin importar cuántas otras personas pasen por su vida, como profesores y compañeros. Magdalena Pulido S. Tomado de: www.hacerfamilia.net

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