EEUU Y LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA

Virginia Ródenas
Experiencias llevadas a cabo en Chicago, Washington y Nueva York han alcanzado un nivel de éxito del 100%
Sólo uno de cuarenta chicos afroamericanos acababa con éxito el colegio y podía ingresar en la universidad, pero hoy en el Urban Prep Charter Academy for Young Men, instituto público para muchachos negros sin medios económicos situado al sur de Chicago y en el que se ingresa por sorteo, la cuota de éxito escolar hace que lo consiga prácticamente el 100% del alumnado. Un modelo que para Arne Duncan, responsable del área de Educación de la era Obama que acaba de despegar, refuerza sus convicciones sobre las grandes posibilidades de la educación diferenciada en la escuela pública, por la que tantos años lleva luchando.

Pero el apoyo explícito de Duncan en 2001 al proyecto del Urban Prep, cuando era superintendente de los colegios públicos de Chicago, no habría servido de gran cosa si no hubiera contado con la voluntad decidida de unos padres, todos afroamericanos, que respaldaran sin reservas esta iniciativa para que el fracaso no arruinase la vida de sus hijos. (…).

Pero el caso del Urban Prep de Chicago no es una excepción. Otros centros que han llevado a sus aulas la educación diferenciada recogen réditos que jamás imaginaron. Así el Septima Clark Public Charter School, de Washington DC, se ha convertido en la opción estratégica de aquellos padres que desean para sus hijos afroamericanos una educación capaz de garantizarles un futuro en igualdad de oportunidades con muchachos de raza blanca o nivel económico más elevado. Y en Baltimore, el colegio público masculino Bluford Drew Jemison Science Technology Engineering Math Academy, cuyo alumnado pertenece en su totalidad a algún tipo de minoría, es actualmente uno de los tres únicos centros escolares de la ciudad que cumple los estándares académicos que marca la ley.

Familias sin estudios

Y no sólo para los varones. También para las niñas de minorías socialmente desfavorecidas la formación en colegios diferenciados es determinante. El paradigma está en East Harlem, en la 106th Street de Nueva York, que desde que lo implantó en 1996, es un centro que consigue tasas de éxito del 100% frente a la media del 42% de la ciudad de los rascacielos. Es más, a pesar de que el 90% de las alumnas proceden de familias sin estudios y que el 70% vive bajo el umbral de la pobreza, el acceso a la universidad es una realidad habitual entre las colegialas. Incluso el centro fomenta con todo tipo de ayudas (económicas, psicológicas, de guardería…) la escolarización de las madres solteras adolescentes.

La Fundación Bill Gates y la periodista Oprah Winfrey, entre otros benefactores, colaboran en el sostenimiento de la Young Women’s Lidership Academy, gracias a lo que han podido abrir otros centros femeninos públicos en Bronx, Queens, Chicago, Filadelfia, Dallas y Austin. La propia Winfrey, en la ceremonia de graduación de 2001, dijo a las alumnas que iban a abandonar esa casa camino de la universidad: «Cuando oigo vuestras historias yo veo mi vida. Chicas, vosotras habéis demostrado que este otro tipo de educación puede ser». Un año después sería la entonces senadora Hillary Clinton quien aseveró ante un auditorio similar: «Esto demuestra que no debe haber ningún obstáculo para ofrecer educación ‘single-sex’ en los colegios públicos».

Ahora todos estos casos han sido estudiados sobre el terreno por María Calvo, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid y presidenta de EASSE-España (Asociación Europea de Centros de Educación Diferenciada), que además es autora, entre otros análisis, de ‘Iguales pero diferentes’ y ‘Hombres y mujeres. Cerebro y educación’ (ambos de editorial Almuzara). Precisamente, la investigadora apela a las demostradas científicamente diferencias cerebrales entre niños y niñas y su distinta forma de comportamiento y aprendizaje para defender la implantación de este modelo pedagógico en la escuela pública, tanto en EE UU como en cualquier parte del mundo, aunque sabe que los prejuicios, que sin embargo no ampara la ciencia, no son pocos.

Explorar otros caminos

«Los últimos test cerebrales, que influyeron mucho en la decisión de Duncan -apostilla la investigadora- también se llevaron al Senado, donde se planteó la situación alarmante del fracaso escolar. Y los americanos, en materia educativa, lo mismo que en cuestiones de política antiterrorista, se unieron como una piña, sin distinguir entre demócratas y republicanos. Exploraron otros caminos y entendieron que no atender a las diferencias sexuales era perder una oportunidad. Tenga en cuenta que estaban muy asustados, sobre todo por la grieta de los sexos, ya que, frente a un número importante de chicas que se graduaban, muchos chicos se quedaban atrás y los expedientes disciplinarios desbordaban los colegios, de manera que nueve de cada diez afectaban a varones».

«Entonces -prosigue- fue muy significativo el caso de un chico de 17 años, Doug Anglin, de Milton (Massachusetts) que en 2006 presentó una queja ante el Departamento de Educación por entender que su instituto, donde las niñas duplicaban a los niños en premio de estudios, violaba sus derechos civiles, discriminándole por el hecho de ser varón». Esto favoreció un cambio de legislación de manera que el 25 de octubre de 2006 se aprobó una norma que modificaba la rígida ley de 2001 con el fin de dotar a los distritos escolares de mayor libertad para llevar a cabo estos innovadores proyectos, cuyo coste estaban dispuestos a cubrir al 100% con recursos federales.

A cambio, la Administración fijó metas de rendimiento y rigurosos criterios académicos obligando a que cada cinco años se pase un minucioso control ex post (National Assessment of Educational Progress), de tal manera que sólo se renueva la autorización si los resultados son positivos. Con esta esta nueva norma, cualquier centro público o que reciba financiación de la Administración, y que cumpla los requisitos, puede transformarse en un colegio de educación diferenciada u ofrecer clases para un solo sexo. La adscripción a este nuevo método siempre es voluntaria.

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