EDUCAR EN LA RESPONSABILIDAD

Amaya Trecu
El pasado viernes día 4 de Abril escuché en Radio María, dentro del espacio“Educación Padres-Hijos”, un programa sobre cómo educar al niño en la responsabilidad. Me ha parecido muy interesante escribirlo para esta página web, pues se trata de ayudaros especialmente a vosotros, padres, en la educación de vuestros hijos y creo que en estos últimos tiempos, no dejáis a vuestros hijos hacer lo que, por su edad e inteligencia, serían capaces. Todo ello conlleva a que de mayores se puedan sentir frustrados ante la primera dificultad.

Paso a resumir lo que en el programa se comentó y con el cual estoy totalmente de acuerdo.

La responsabilidad es la capacidad para responder, deben ser capaces de tomar decisiones, aunque les comprometan.

Como se ha escrito más arriba, no podemos hacerle todo al niño, él debe de aprender de sus actos, los cuales pueden tener repercusiones positivas o negativas por lo que no hay que tapar las consecuencias. Él debe saber que cada actuación tiene su consecuencia y si por ejemplo, un día no quiere comer y no come, debe pasar hambre para darse cuenta de la consecuencia de su acto.

Según los pedagogos los niños que no son responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias.

Sus actuaciones también tienen unos límites y por ello enseñarles esos límites es marcarles el camino, ellos necesitan saber hasta dónde pueden llegar. Los límites les incomodan porque creen que les coarta la libertad, pero sin ellos notan que les falta algo, les falta ese cariño y preocupación de los padres. Recuerdo a propósito de esto una encuesta realizada a unos adolescentes de los cuales, los que no habían tenido límites en casa comentaban que creían que sus padres no les querían porque les dejaban siempre hacer todo lo que anhelaban, como si a los padres no les importaran las consecuencias.

Ni que decir que los límites deben darse con mutuo acuerdo de los padres, porque si no irán al más débil para conseguir lo que desean.

Tener responsabilidad implica ser autosuficiente, saber defenderse, ser libres, capaces de enfrentarse a los problemas. No somos dueños de nuestros hijos, somos colaboradores con Dios de esas vidas, les debemos dejar crecer, ser libres porque un día se separarán para formar su propia vida.

Para ayudarles a crecer en la responsabilidad debemos tener claro en cada etapa de sus vidas qué esperamos de ellos y que esas expectativas sean razonables y adecuadas a su edad y nivel de maduración, por ejemplo, no podemos responsabilizar a un niño de 4 años que cuide de su hermana cuando casi no sabe ni cuidarse él solo.

También debemos darles encargos, pero que nuestras instrucciones sean claras, que ellos las repitan para ver si las han entendido, pues a veces les damos unas órdenes largas y complicadas y el niño ni siquiera las ha comprendido.

Hay que tener cuidado en este sentido cuando son muchos hijos en una misma familia pues se corre el riesgo de responsabilizar mucho a los mayores, y a los pequeños no se les pide lo que se le había exigido a su misma edad a sus hermanos.

Otro factor que les ayuda a ser más responsables es el centrarse en lo positivo y aprovechar cualquier oportunidad para alabar esa conducta buena que hayan realizado. Y aquí entra el tema de los premios. Pueden ser materiales o no, pero nunca por soborno. Es decir, el niño no debe actuar para conseguir lo material, sino por el mero hecho de sentirse feliz por hacer algo bien (la llamada motivación intrínseca).

Es diferente decirle: “como has hecho esto bien, te compro chuches” que felicitarle por su actuación y después comprarle chuches porque sí, porque estamos todos felices y vamos a celebrarlo.

Los hijos deben saber marcarse unos objetivos y lograrlos en la medida de lo posible, pero sobre todo, se les debe enseñar el sentido de nuestra vida: el servicio a los demás. Porque a veces sus objetivos no coincidirán con los de los demás y tienen que aprender a ceder. Relacionado con esto está el llamado sentido del deber o sentido de la responsabilidad. Hay que ayudar a los hijos a distinguir el hacer algo porque debo hacerlo del hacer algo porque me apetece. Porque mi actuación no se rige por lo que son mis objetivos sino por lo que debo hacer teniendo en cuenta siempre esa actitud y pensamiento de servicio a los demás. ¿Qué pasaría si alguna noche no tendría el niño la cena preparada porque a su madre no le apetecía hacerla ese día? Hay que enseñarle que no hacemos las cosas porque nos apetezca sino porque deben ser hechas.

Por último y a modo de resumen se dieron unos consejos para los padres:
– Desarrollar la sensación de poder del niño, de dominio de su propia vida.
– Ayudar a los niños a tomar sus decisiones, primero estando a su lado, buscando soluciones, pero nunca evitarle las consecuencias.
– Establecer normas, límites claros y mantenerlos.
– Utilizar tareas y obligaciones para crear responsabilidades. Decirles cuáles, cuándo, quién debe hacerlas.
– Ser coherentes, enseñarles a que el adulto dice las cosas en serio (no hacer lo contrario de lo que se ha dicho).
– Cumplir los castigos que se impongan.
– Recompensar con el elogio (que ellos y nosotros nos sintamos orgullosos por la buena acción).

Termino con una verdad que se comentó en relación con las repercusiones buenas o malas que conllevan nuestros actos.

Se dio que la gente tiene reparo en tomar decisiones por el miedo de renunciar a otras, pero así no terminan de vivir, siempre se quedan a medias, sin llegar al final. Creo que esto debe ser meditado por cada persona en particular para poder luego enseñar a los hijos la importancia de ser valiente a la hora de tomar una decisión y ser responsable de su consecuencia.

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