Educar en el tiempo libre

El tiempo libre de nuestros hijos no sólo es tiempo para dedicarlo a jugar, a pasarlo en familia haciendo actividades conjuntas o a descansar, sino que también se puede aprovechar este tiempo para educar y desarrollar la personalidad mediante las actividades extraescolares y esplais o clubes de barrio. Esta alternativa no sólo es beneficiosa para nuestros hijos e hijas, quienes aprenden y ponen en práctica conceptos como la amistad y la solidaridad, enriquecen su cultura y escogen unas aficiones para pasar un buen rato, sino también para los padres, quienes así podemos disfrutar de tiempo únicamente para nosotros.

Para la elección de qué actividades son beneficiosas y con qué frecuencia se recomiendan hacer, la opinión de los hijos es primordial. Es importante que se sientan implicados en el proceso de ocupación de su tiempo libre y que sus preferencias se tengan en cuenta. De lo contrario, al poco tiempo se sentirán desmotivados. No obstante, los padres debemos tener siempre presente que esta distribución del tiempo de ocio varía en función de la edad de los niños y el momento del curso escolar, ya que la carga de deberes es mayor a final de curso. Por tanto, no se debe abusar de estas actividades pues una sobresaturación podría causar estrés emocional.

Actividades extraescolares

El ocio educativo organizado se ha convertido en los últimos años en un elemento clave para la difícil conciliación entre vida familiar y laboral. Las actividades extraescolares son un complemento de la jornada escolar de muchos niños y niñas, así como en un desahogo para padres con una agenda demasiado apretada. Actualmente, la oferta de este tipo de actividades ya viene dada por la mayoría de colegios y suelen desarrollarse después de las clases lectivas.

Los expertos señalan que las actividades extraescolares son útiles en la medida en que favorecen el desarrollo personal de los niños. Éstos deben vivirlas como una experiencia lúdica, es decir, como un tiempo dedicado al juego distinto a las clases convencionales. En unos casos se trata de complementar algunas facetas de la enseñanza escolar; en otros, el objetivo es estimular el desarrollo del niño y favorecer su relación con otros, a través de aficiones o prácticas deportivas que le den habilidades y definan su carácter.

Natación, flauta, pintura, judo, inglés… La oferta de actividades es muy amplia y variada pero ¿qué pasa cuando nuestros hijos hacen demasiadas actividades y no tienen tiempo para jugar o descansar? El psicólogo Alvin Rosenberg advierte que en los últimos veinte años el constante aumento del tiempo dedicado a las actividades extraescolares ha sido proporcional al descenso del tiempo que se pasa con la familia. Además, según Rosenberg, el exceso de actividades puede provocar un déficit de creatividad en los niños puesto que “ya no saben divertirse solos y se aburren al cabo de un cuarto de hora si no se organiza nada para ellos”. La llamada “generación zapping” necesita actividades cortas y cambiar constantemente de juego.

Elegir las tareas extraescolares de los hijos no es tarea fácil. La clave está en conocer bien las capacidades y preferencias de nuestros hijos y adaptar las actividades a su rendimiento académico. Asimismo, los padres debemos saber quién les da las clases, con qué metodología y qué formación tiene, así como preguntar asiduamente a los hijos si están satisfechos asistiendo a estas actividades.

Acción social: una opción educativa para el tiempo libre
Otra alternativa para que nuestros hijos ocupen su tiempo libre son los clubes de ocio, los cuales se definen a sí mismos como “centros educativos en el tiempo libre”. A diferencia de las actividades extraescolares, los clubes de tiempo libre no se centran en el aprendizaje instructivo, sino que dan prioridad a los valores, a las relaciones y la comunicación personal.

Estos clubes engloban un conjunto de iniciativas organizadas que ayudan en el desarrollo social de los niños. Juegos, colonias, excursiones, fiestas en la calle, talleres… Tienen cabida todo tipo de actividades que se desarrollan en horario complementario al del colegio, mayoritariamente en fines de semana y por vacaciones.

Para muchos padres, el valor añadido de los centros de ocio es que en ellos se trabaja con la familia. Monitores y padres se implican en la organización del calendario de actividades para evitar los riegos de la hiperactividad y la dispersión de los niños y niñas. Muchos padres ven pues en estos centros el complemento adecuado para una buena educación, en tanto que es una experiencia vital significativa para el desarrollo personal del niño. Para los niños y niñas el paso por un club de tiempo libre les ayuda a su socialización y a la integración de los que tienen determinadas problemáticas.

Elegir las tareas extraescolares de los hijos no es tarea fácil. La clave está en conocer bien las capacidades y preferencias de nuestros hijos y adaptar las actividades a su rendimiento académico.

El estrés infantil

Una agenda escolar repleta de actividades puede provocar un exceso de ansiedad en los niños. Los especialistas señalan una serie de premisas a tener en cuenta:

Los niños necesitan tiempo libre para jugar. No es bueno agobiarlos y sobreexigirlos con un horario lleno de actividades desde que salen del colegio hasta que se acuestan.
Las actividades deben ser cíclicas. Cada año se pueden realizar el mismo tipo de actividades pero profundizando un poco más que el año anterior.
Estas actividades deben sustituir horas de televisión o de sofá, nunca de convivencia familiar, deberes o juegos.
Hay que incentivar la responsabilidad y la perseverancia en lo que decidan hacer, lo que se inicia se termina y no se abandona a medio camino.
Cada niño es un mundo distinto y no se puede pretender que todos hagan lo mismo. Hay que respetar los intereses de cada uno, porque lo que viene bien a uno, tal vez no le gusta al otro.

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