EDUCAR CONTRACORRIENTE

Ibáñez Langlóis, Diego
Ed.: Eiunsa
EL AUTOR – Diego Ibáñez Langlois. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Navarra, se ha dedicado a la educación, primero en la dirección de colegios en Barcelona y posteriormente en Santiago de Chile. Forma parte del comité ejecutivo de un importante y prestigioso grupo de colegios chilenos y se ha destacado por su labor pedagógica en la atención a la familia. Ha publicado en su país varios libros y ha dedicado muchas horas a la Asesoría pedagógica y a la atención de Cursos de Orientación Familiar. Está casado y tiene siete hijos.
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El autor, reúne la doble condición de muchos años de experiencia educativa y familiar. Ha sido directivo de diversos colegios y asociaciones de centros educativos y es padre de familia numerosa. Además de su buena formación intelectual, tiene una base práctica que hace que nada de lo que dice se mueva en el ámbito de lo irrealizable, aunque sí, a veces, de lo costoso; hay muchos padres preocupados por la educación de sus hijos. En todas las latitudes, pero especialmente en Europa y América, educar es más complicado por la abundancia de inferencias negativas del entorno. Pero el bien tiene un poderoso atractivo; el ejemplo de los padres sigue siendo, con gran diferencia sobre el resto, el mejor medio para educar. En una casa es imposible fingir; la realidad, para bien o para mal, siempre sale a la luz. Dice un conocido pensador que se educa por contagio en ambientes fértiles. Luego, los hijos harán el uso de su libertad y no siempre los frutos se verán a corto plazo.

Es obvio que no hace falta ser fueras de serie para educar bien, pero sí la lucha constante por mejorar. De las muchas facetas posible a educar, el autor se ha fijado en algunas de un modo especial, que servirán de fundamento para que cada uno vaya configurando su propia personalidad. Ibáñez Langlóis sabe que educar no es fácil; que hay veces que cuesta ir contracorriente, que cometemos errores, pero que vale la pena gastarse por dejar unos hijos bien formados. No habla de piedad en un capítulo expreso, pero el sentido cristiano de la vida empapa el libro; y ser cristiano es ser muy humano.

Trata de los temas universales en la educación de los jóvenes: La obediencia, la sinceridad, la responsabilidad, el orden, la constancia, el respeto y, como no podía ser menos, termina con un capítulo dedicado al ejemplo.

Es difícil moverse en un ámbito práctico sin caer en un retahíla de consejos, de obviedades o de perderse en consideraciones teóricas casi imposibles de entender y menos de llevar a la práctica por unos padres responsables en el día a día. Ibáñez logra una síntesis interesante entre teoría y práctica. Fundamenta las razones por las que un adolescente debe de obedecer a la vez que sugiere medios prácticos para conseguirlo.

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