Drogas de síntesis, una trampa para los jóvenes

En las III Jornadas municipales sobre drogas, que comenzaron el pasado martes, el alcalde de Madrid mostró su preocupación por el progresivo aumento del consumo: casi el 5% de los jóvenes madrileños ha probado las drogas de diseño. Muchos las consideran inofensivas, pero no es cierto: las secuelas, tanto físicas como psicológicas, pueden ser irreparables

Los vi por primera vez una noche de viernes este verano en la puerta de una discoteca de la playa. Iban bien peinados, bien vestidos y llevaban en la mano botellas de agua mineral, de zumo, y pensé: «Mira que chicos más sanos». Pero a la mañana siguiente seguían allí. Casi todos estaban fuera del local, deambulaban por la calle y hacían cosas «raras», como subirse encima de un coche, gritar…
Los vecinos que estaban más cerca no habían «pegado ojo». Parece que los chicos no habían dejado de chillar, cantar y bailar por la calle desde las ocho de la tarde hasta casi el mediodía del sábado. ¡Y eso sólo con agua mineral!
Luego nos enteramos de que lo que acompañaba a ese agua o zumo no era otra cosa que las llamadas «drogas de diseño», o «drogas sintéticas»; lo más nuevo, lo más barato (desde 2.000, 3.000 o 4.000 pesetas) y lo que está más de moda entre los jóvenes. Se toman con agua porque si se hace con alcohol, disminuye su efecto. Los padres, ¡ni se enteran!

Pastillas de colores

Las drogas de síntesis nacieron en 1910 y en 1994 el Tribunal Supremo las declaró «duras y gravemente nocivas para la salud».
Se elaboran en laboratorios clandestinos a partir de sustancias parecidas a las anfetaminas y se presentan en forma de pastillas, cápsulas, polvo o líquido: Éxtasis, Picapiedra, Simpson, Fido-Dido, Caviar… También pueden contener otras drogas como la heroína, cocaína, alucinógenos, speed, cafeína, efedrina…; además, es frecuente que se produzcan adulteraciones y se empleen sustancias nocivas a lo largo del proceso de elaboración (laca de uñas, pinturas…)
Pueden ser azules, ocres, ¡da igual! Ahora se encuentran en cualquier tipo de discoteca. Lo más alarmante es que la edad de los consumidores es muy baja: 16, 17, 18 años.
Los tipos de drogas de diseño son los siguientes:
* Pastillas: Diferentes colores y formas (generalmente redondas, también romboides y en forma de cápsula). Precio unidad: 1.000-1.500 pts. Los nombres de estas sustancias en la calle son de lo más variado: Fresa y nata, ovaladas rosas, ovaladas azules, rombos etc.
* Speed: Blanco o rosa (en raras ocasiones). 1 gr: 2.500-3.000 pts
* L.S.D. (Tripis o ajos): Papel secante impregnado de ácido lisérgico. 1 unidad: 1.000 pts. Intensidad de las sensaciones según tipo y cantidad. Los más conocidos en la calle son los llamados: Simpson, panoramix, bicicletas, policías, dragón naranja, budas, espirales, etc.

Señales de alarma

Sus principales consumidores son los chicos tímidos, los influenciables. A los 16 años a todos les apetece probar una experiencia nueva. Aparentemente las «pastillas» no dejan huella, pero, a la larga, crean enfermedades y ya se han cobrado las primeras víctimas. Los padres pueden estar sin enterarse bastante tiempo. Hay que ponerse en marcha cuando un joven:
* deja de pertenecer a su familia para depender completamente de su grupo de amigos o de su tribu urbana;
* cuando su ropa, sus hábitos de vida o sus ideas se conviertan en un ritual estricto;
* cuando se vuelven rígidos e inflexibles.
«En un principio, creo que habría que hacer una diferenciación entre los efectos de las pastillas (muy similar al del speed) y el del L.S.D., -declara un chico que consume este tipo de drogas-. Se suelen mezclar durante la noche con alcohol y porros. Cuando ingerimos estas sustancias, nuestro sistema físico y psíquico se ve alterado notablemente». Este chico es consciente de los efectos nocivos de la droga que consume, aunque sólo ve el peligro en sus amigos: «No ocurre lo mismo con el L.S.D. cuyo efecto puede dar un vuelco al cerebro de una persona. La sensación puede pasar desde un risa histérica a un sentimiento de miedo y horror. Yo recomendaría -afirma- que su consumo no fuera muy frecuente, ya que conozco varios casos en amigos míos que han acabado esquizofrénicos. Uno, sin darse cuenta, puede llegar a pensamientos y acciones totalmente irracionales, e incluso a creer en visiones inexistentes».
El inicio en las anfetaminas lleva a un tipo de personalidad que necesita de la droga para disfrutar de la vida… Por eso un gran número de consumidores acaban siendo cocainómanos.
Los padres tienen un gran papel en este peligroso juego. Cariño y comprensión son la prevención más eficaz. ¡Nunca es tarde para acercarse a un hijo!

Pilar González / Coro Marín

«El reto de la libertad»

La organización no gubernamental «Acción familiar», dedicada a la promoción de la familia y sus derechos y, en especial, a la protección del menor, presentó el pasado 13 de enero el proyecto «El reto de la libertad». Esta campaña, desarrollada en colaboración con la Unión Europea, está dirigida a prevenir el consumo de alcohol, tabaco y droga entre los jóvenes de once a trece años, mediante la educación en valores -desarrollando su fuerza de voluntad y espíritu crítico- y la educación para la salud -promoviendo estilos de vida sanos-.
Fernando Gortázar, Presidente de Acción Familiar, señaló que «la introducción de los jóvenes en el sutil campo del análisis publicitario puede representar un buen instrumento para el autocontrol del consumismo en general, así como una actitud crítica ante estilos de vida insanos». Por ello, uno de los fines del proyecto «El reto de la libertad» es informar a los niños sobre algunas de las técnicas utilizadas con más frecuencia en el mundo de la publicidad: exageración de mensajes, distorsión de la realidad, creación de falsas necesidades, utilización de cuerpos (mujer/hombre)
irreales, percepción subliminal, camuflaje publicitario (alcohol y tabaco en el deporte, conciertos…), etc.
El programa ha sido creado con la participación de psicólogos, médicos, pedagogos, periodistas y profesores, y su objetivo es didáctico. Por ello consta de dos tratamientos esenciales: El «Vídeo didáctico» y la «Guía del profesor», que se introducirán dentro de los planes de la Enseñanza Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria como «Educación para la Salud y para el Consumo». Se dará a los profesores un material especial para desarrollas sus clases.

C. M.

Documento de la Santa Sede:
La droga no se vence con la droga

El Pontificio Consejo para la Familia desmonta los argumentos del movimiento por la liberación de las drogas ligeras en un documento, hecho público estos días, titulado: ¿Liberalización de la droga?
Cíclicamente y en diversos países surgen propuestas de los grupos más variopintos, que proponen la liberalización de las drogas ligeras. En Estados Unidos, se celebraron, en los Estados de Arizona y California, dos referendos, financiados por el especulador más grande del mundo,
George Soros, cuyo resultado fue la legalización del cultivo de la marihuana «con fines terapeúticos». En Italia, el Partido Radical al que pertenecen la Comisaria Europea, Emma Bonino, y su mentor, Marco Pannella, está promoviendo un referéndum para liberalizar las drogas suaves. A pesar de los resultados dramáticos que han provocado medidas de este tipo en Suiza y Holanda, el liberacionismo tóxico sigue ganando adeptos que consideran que es mejor legalizar la droga para evitar el mercado negro y, al mismo tiempo, conocer y atender a las personas «enganchadas».
El Consejo Pontificio para la Familia acaba de publicar una nota en la que, con la aportación de expertos de todo el mundo, alerta sobre los peligros que supone esta propuesta. El Consejo, que preside el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, afirma que la raíz del problema no está en la droga (ya sea dura o blanda), sino en los «interrogantes psicológicos y existenciales» que llevan a un joven a entrar en este túnel letal. «La droga no se vence con la droga», sino respondiendo a las verdaderas exigencias de los adolescentes y de los jóvenes de hoy: un sistema educativo que responda a sus inquietudes, trabajo, familia, compañía, etc.
«¿Se puede aceptar la creación de una clase inferior de seres humanos que vivan a un nivel subhumano, como se ve, por desgracia, en aquellas ciudades donde la droga se vende sin control?», se pregunta el ministerio del Vaticano para la familia. Para la sociedad occidental legalizar significa admitir que es algo normal. Pero la droga, si perjudica y mata, nunca podrá concebirse como algo normal, legal, o moral. Lo contrario es demagogia. Hay que reconocer que la sociedad consumista de finales de siglo tiene algo de paranoica: es sumamente intolerante con los fumadores, pero, al mismo tiempo, quiere legalizar la droga ligera. La ignorancia es muy atrevida.

Jesús Colina. Roma

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