Dificultades en el aprendizaje combinadas con desórdenes por déficit de atención con o sin hiperactividad

por María Teresa Alicia Silva y Ortiz
Psicopedagoga por la UNAM de México

Cada vez son más los padres que se preocupan por el aprendizaje de sus hijos pues están conscientes de que es indispensable contar con una educación adecuada que les permita ser competitivos en el mundo moderno. Pero ¿qué sucede cuando se dan cuenta que su pequeño no logra desempeñarse como lo hacen los niños de su edad, tanto en la casa como en la escuela y en la sociedad sino que, por el contrario, está manifestando serias dificultades para aprender debido a que su atención es deficiente?
Uno de los problemas más graves que los padres tienen que afrontar en México es que no les es fácil contar con personal calificado que los ayude en la orientación de sus hijos, ni tienen acceso a alguna institución que les pueda ofrecer los servicios adecuados para atender su caso en vista de que en nuestro país son muy pocas las que lo pueden brindar. La mayoría de las personas que trabajan en el sector educativo desconocen los procedimientos necesarios para comprender estas dificultades, por lo tanto difícilmente pueden guiar a quienes las padecen para que logren superar los obstáculos que les están impidiendo aprender lo que requieren para poder vivir en forma independiente y responsable.

El propósito de este artículo es ayudar a los padres a dar el primer paso en esta complicada tarea y comenzar a identificar los síntomas que son indicadores de las dificultades para aprender. En caso necesario, puedan poner en práctica algunas de las medidas que aquí se sugieren con el fin de facilitarle al niño su desempeño tanto en el hogar como en la escuela.

Los profesores y especialistas que necesitan contar con medios para poder ayudar a personas que manifiestan dificultades para aprender y que además tienen desórdenes por déficit de atención con o sin hiperactividad también se pueden beneficiar con esta lectura.

El punto de partida es entonces ofrecer información básica que le permita al lector comenzar a comprender lo que sucede en estos casos e invitarlo a que conozca con más detalle este tema leyendo otras fuentes.

El artículo no pretende discutir las discrepancias entre los especialistas sobre los problemas de aprendizaje ni mencionar una serie de autores y sus perspectivas ante estas dificultades. Se ha evitado en lo posible utilizar términos complejos propios del tema. En contraste, se ha procurado emplear un lenguaje sencillo y accesible para el público interesado en la orientación educativa de estos niños y que no cuenta con antecedentes al respecto.

INDICE

1. Algunos signos y síntomas de las dificultades para aprender

2. ¿Qué significa el término “dificultades para aprender” o “problemas de aprendizaje”?

3. ¿Qué significa el síndrome de desorden por déficit de atención con o sin hiperactividad?

4. ¿Por qué no es fácil identificar este síndrome?

5. ¿Cómo empezar?

6. ¿Qué se puede hacer en casa?

Bibliografía

1. Algunos signos y síntomas de las dificultades para aprender

Con frecuencia los padres no confían en su juicio cuando tratan de evaluar el desarrollo y aprendizaje de su hijo, ni saben a quién preguntar o a dónde acudir cuando ven que su conducta es notablemente diferente a la que manifiestan la mayoría de los niños de su edad.

Comentarios como los siguientes incrementan la angustia de los padres, los confunde y, en ocasiones, les detiene en la búsqueda de la ayuda que requieren.

“La inscripción de su hijo para el próximo año está condicionada en vista de que su desempeño no alcanza el nivel que se pide en esta escuela”

“Muy listo para algunas cosas y a la vez muy deficiente para otras”

“Parece incapaz de comprender algunas cosas, sin embargo, en otras ocasiones hace las actividades sin mayor problema”

“No se concentra ni pone atención en clase. Él afirma haber estudiado pero no se acuerda de nada”

“Cuando habla hace tal lío que ni él mismo se entiende. No logra comunicar sus ideas”

“Su escritura es tan deficiente que ni él puede leer lo que ha escrito”

“¡Cómo le cuesta trabajo razonar en la clase de matemáticas! Parece como si se le hablara en un idioma desconocido”

“Varía tanto su estado emocional que nos es difícil convivir con él”

“Está en constante movimiento, ya me tiene atarantada, ¿qué puedo hacer para que se esté un momento quieto?”

“Parece estar en otro mundo, no escucha ni comprende cuando le hablo, El audiólogo dice que oye bien. ¿Tendrá algún retraso?”

El problema es más complejo de lo que parece a simple vista, pues los niños que presentan dificultades para aprender se perciben como cualquier otro de su edad (Silva, La percepción visual, 1996), pueden ver y oír sin problemas significativos;como sordera, debilidad visual, parálisis;, su inteligencia está dentro de los rangos normales o es superior al promedio, sus dificultades académicas no se deben a deficiencias en la experiencia educativa ni a factores culturales, sin embargo no son capaces de adquirir ni de usar la información con eficiencia debido a que su percepción, conceptualización, lenguaje, memoria, atención y/o control motor no están evolucionando como es esperado.

Oficialmente se considera que aproximadamente el cinco por ciento de los niños en edad escolar padecen alguna dificultad para aprender; sin embargo, tanto los especialistas como los profesores piensan que el porcentaje es mayor (Lewis y Doorlag, Teaching Special Students, 1995). A esta observación se puede agregar el hecho de que muchos niños no están trabajando en las escuelas al nivel que les corresponde debido a que no se han identificado sus deficiencias.

Cuando han fallado las estrategias para enseñarle, tanto los padres como los profesores se sienten frustrados porque no saben qué hacer para ayudarlo. Sin embargo, el niño que tiene dificultades para aprender es quien más se mortifica porque nadie entiende su situación, ni él mismo, y percibe que no puede lograr desempeñarse como sus compañeros ni obtener el éxito deseado.

Hoy en día los especialistas enfatizan la importancia de contar con un diagnóstico lo más pronto que se pueda con el fin de poder comenzar a tratar las dificultades de aprendizaje lo antes posible y evitar así que los problemas se agraven y se afecte la autoestima de quien los padece. En contraste, muchas veces los pediatras y las educadoras prefieren esperar para ver cómo evoluciona el niño, a pesar de que éste se distraiga y manifieste dificultades al llevar a cabo sus actividades cotidianas, su conducta parezca estar fuera de control, se le olviden las cosas, demande atención constantemente, parezca estar ausente y/o no pueda comunicarse adecuadamente con los demás. Los profesores generalmente lo perciben como un alumno flojo, con conducta desorganizada, carente de motivación, perturbado emocionalmente, con dislexia o con impedimentos perceptivos. Sus compañeros pueden considerarlo como un compañero tonto, torpe, desordenado o locuaz. El niño se siente fracasado y percibe el aprendizaje como una tarea imposible de lograr, se da por vencido y no hace ya ningún esfuerzo por concentrarse ni interactuar con los demás.

2. ¿Qué significa el término “dificultades para aprender” o “problemas de aprendizaje”?

Definir las dificultades o problemas de aprendizaje es adentrarse en un terreno altamente debatido, esto es, los especialistas no han logrado llegar a un acuerdo universal; sin embargo, en términos generales, este concepto se utiliza para describir la condición que padece la persona e interfiere con su habilidad para almacenar, procesar o producir la información deseada, traduciéndose en dificultades significativas para escuchar, hablar, leer, escribir, razonar, realizar con éxito tareas matemáticas o relacionarse con los demás (Smith y Strick, Learning Disabilities, 1997). También se discute si estas deficiencias se deben a disfunciones del sistema nervioso central, a factores socioambientales o por un desorden específico de atención. Por el momento, no se ha podido precisar cuál es su etiología. Lo cierto es que las dificultades para aprender pueden ser de diferentes tipos, combinarse de maneras muy diversas, presentarse en una gran variedad de niveles de severidad y contrastar con algunos desempeños adecuados o incluso sobresalientes de la persona afectada.

La mayoría de los especialistas coinciden en que es común que quien tenga dificultades para aprender presente una o varias de las siguientes características: demora en el desarrollo del lenguaje hablado, deficiencias para orientarse en el espacio, su percepción del tiempo y del espacio sean inadecuadas, no sepa cómo juzgar las relaciones, su direccionalidad sea confusa (es decir, no distingue cuando es arriba, abajo, dentro, fuera, derecha, izquierda, por ejemplo) y su coordinación motora general sea deficiente al igual que su destreza manual. Es frecuente que se le dificulte seguir instrucciones, sea incapaz de seguir las ideas en las discusiones y debates, su percepción y memoria sean deficientes y se distraiga con facilidad. (Silva, Estrategias de enseñanza, 1998). Expliquemos algunas de ellas con más detenimiento:

Periodos cortos de atención. Se distrae con facilidad, en las actividades nuevas pierde el interés rápidamente, salta de una actividad a otra y con frecuencia no termina su trabajo o lo que está haciendo.
Dificultades para seguir instrucciones. Solicita que se le repitan las indicaciones aun cuando se trate de tareas simples. Comete errores debido a que no ha comprendido las instrucciones.
Inmadurez social. Actúa como si tuviese una edad cronológica menor y tiende a preferir jugar con niños más pequeños.
Dificultades con la conversación. Le cuesta trabajo encontrar las palabras correctas. Interrumpe o habla de algo diferente a lo que se está tratando, no logra expresar lo que desea comunicar.
Inflexibilidad. No acepta que se hagan las cosas en forma diferente a como él está acostumbrado, aún cuando no esté participando o trabajando directamente en la actividad; se resiste a las sugerencias y a los ofrecimientos de ayuda.
Poca habilidad para planear y organizar. Parece no tener sentido del tiempo y con frecuencia se retrasa o no está preparado para llevar a cabo la actividad. Cuando se le asignan varias tareas o una que tiene varias partes, no sabe por dónde ni cómo empezar, tampoco tiene idea de cómo dividir el trabajo para poderlo organizar y llevarlo a cabo.
Ausencias. Con frecuencia pierde sus tareas, ropa y otras pertenencias, olvida hacer sus trabajos y deberes; tiene problemas para recordar sus citas y compromisos sociales.
Torpeza. Le falta coordinación y parece tropezar con todo, derrama los líquidos al servírselos, se le caen los objetos, su escritura es ilegible y es torpe para los deportes y juegos.
No controla sus impulsos. Nada le detiene para coger lo que le interesa, hace observaciones sin pensar, interrumpe o cambia la conversación en forma inapropiada y tiene dificultades para esperar a los demás o a tomar su turno.
Para algunos niños esto se complica más cuando su comportamiento se altera por desórdenes debido a déficits de atención con o sin hiperactividad, la cual se calcula que la padecen entre un 15 y un 20 por ciento de los niños que manifiestan dificultades para aprender.

Estas características afectan una o más de las siguientes áreas que son básicas para el trabajo escolar:

1. Lenguaje hablado. Dificultad para escuchar, comprender o hablar.
2. Lenguaje escrito. Dificultades en la lectura, escritura u ortografía.
3. Matemáticas. Dificultades para comprender los conceptos numéricos o para llevar a cabo operaciones aritméticas.
4. Razonamiento. Dificultades para organizar e integrar el pensamiento.
5. Memoria. Dificultad para recordar la información.
6. Sociales. Dificultades para relacionarse y vivir en armonía con los demás.

3. ¿Qué significa el síndrome de desorden por déficit de atención con o sin hiperactividad?

Este síndrome es el que se diagnostica con mayor frecuencia en los niños que manifiestan dificultades para aprender, es por ello que se ha tomado como tema para este artículo.

En vista de las controversias que hay entre los especialistas, se toma como base la definición del Manual de diagnóstico y estadísticas de desórdenes mentales, mejor conocido como DSM-IV, publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (Task Force en DSM-IV). Dicha Asociación considera como característicos los síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad.

La principal diferencia entre los que padecen dificultades para aprender con los que tienen déficit de atención es la siguiente: quien padece déficits de atención manifiesta una incapacidad para seleccionar el foco de atención y mantenerse atento, en cambio, las deficiencias de quien tiene dificultades para aprender se relacionan básicamente con el proceso de información.

La Asociación considera que para diagnosticar a un niño con síndrome de déficit de atención, sus síntomas se deberán manifestar antes de los siete años, haber persistido por lo menos durante seis meses, ser inconsistentes con su nivel de desarrollo y observarse con frecuencia en por lo menos dos ambientes, “casi siempre se identifican en el hogar y en la escuela” con “evidencias de impedimentos significativos en los social, lo académico o el funcionamiento ocupacional”

La Asociación Americana de Psiquiatría (Task Force en DSM-IV, 1993) ha distinguido tres tipos de este síndrome: el primero es el combinado, el segundo es básicamente por inatención y el tercero por predominio de la hiperactividad e impulsividad. Para identificar cuál es el tipo que corresponde en cada caso hay que considerar las características que presenta el niño afectado con base en la siguiente guía:

Inatención. Ha de manifestar por lo menos seis de los siguientes síntomas en forma persistente durante seis meses al grado de que se considere como una mala adaptación y sea inconsistente con su nivel de desarrollo:

(a) No puede concentrarse en los detalles o comete errores que parecen ser por descuido, tanto en su trabajo escolar, como en sus tareas domésticas o en otras actividades.

(b) Tiene dificultades para mantener la atención en las tareas o actividades recreativas.

(c) Parece que no escucha lo que se le está diciendo cuando se le habla directamente.

(d) No sigue las instrucciones y no termina sus tareas escolares, no hace sus quehaceres, ni cumple con sus deberes, y no es porque se niegue a hacerlos o porque no haya entendido las instrucciones.

(e) Le cuesta trabajo organizarse para llevar a cabo las tareas y actividades.

(f) Tiende a evitar o siente un gran rechazo de hacer las actividades que requieren un esfuerzo mental, como es participar en las tareas académicas o llevar a cabo sus deberes escolares.

(g) Pierde con frecuencia las cosas que son necesarias para hacer las tareas o actividades, como lápices, libros, material de trabajo y juguetes.

(h) Los estímulos externos lo distraen con facilidad.

(i) Se le olvida hacer las actividades cotidianas.

Hiperactividad-impulsividad. Que haya manifestado por lo menos seis de los siguientes síntomas durante seis meses al grado que refleje una mala adaptación e inconsistencia con su nivel de desarrollo:

Hiperactividad:

(a) Está jugueteando constantemente con sus manos o con sus pies, se muestra inquieto y se retuerce mientras está sentado.

(b) Se para de su asiento mientras está en el salón de clases o en otras situaciones en las cuales se requiere que permanezca sentado.

(c) Está corriendo por todos lados o trepándose en distintos sitios en forma excesiva y en momentos inapropiados (en el caso de los adolescentes o adultos pueden verse limitados por sus propios sentimientos).

(d) Tiene dificultades para jugar o comprometerse a participar en actividades tranquilas durante su tiempo libre.

(e) Con frecuencia habla excesivamente.

(f) Actúa como si estuviera siendo “manejado por un motor” y no pudiese permanecer quieto y sin moverse.

Impulsividad:

(g) Tiende a contestar lo primero que se le ocurre aún antes de que haya sido terminada de formular la pregunta.

(h) Se le dificulta estar haciendo cola o esperar su turno en los juegos o actividades en grupo.

(i) Con frecuencia interrumpe o interfiere con los demás.

En los casos del tercer tipo, por ejemplo, donde predomina la hiperactividad, los niños tienden a tener una energía excesiva, se meten por todos lados y actúan sin prestar atención. Sin embargo, a veces llegan a sorprender porque con frecuencia logran aprender a pesar de que en apariencia no están poniendo atención ni escuchando la explicación.

4. ¿Por qué no es fácil identificar este síndrome?

Muchas veces los padres se dan cuenta que sus hijos pequeños manifiestan algunos signos de desórdenes de atención, desde antes de asistir a la escuela. Sin embargo, debido a que los niños maduran a ritmos diferentes y varían en temperamento, personalidad y nivel de energía, no es fácil determinar quien realmente tiene un déficit de atención o simplemente tiene un retraso en su evolución o es cuestión de su carácter.

También debe tomarse en cuenta que el comportamiento de los niños de la misma edad varía enormemente. Todos tienen cualidades y puntos débiles específicos, los cuales afectan de alguna manera su habilidad para aprender y procesar la información. Howard Gardner (1987), señala que hay varios tipos de inteligencia en lugar de un solo nivel de funcionamiento intelectual. Este autor identificó siete tipos: lingüístico, lógico-matemático, espacial, musical, cinestésico-corporal, interpersonal e intrapersonal. Así, por ejemplo, un niño puede desempeñarse muy bien en actividades musicales y atléticas y tener problemas para llevar a cabo tareas que requieran habilidades lógico-matemáticas.

Centrarse en lo que el niño no puede hacer en lugar de aprovechar las áreas en las que tiene facilidad para aprender dificulta el tratamiento. Cuando uno acepta que el niño puede aprender si se le respeta su propio ritmo y a través de procedimientos diferentes al común de sus compañeros entonces las circunstancias y las actitudes cambian, pues no se ve como un problema de aprendizaje sino como una forma diferente de aprender. Esta tarea no es fácil, pues no se cuenta con un grupo de características que permitan seguir una “receta” uniforme para todos los casos. Recordemos que hay una gran variedad de combinaciones y niveles, lo que deriva en que cada caso sea único. Lo que tienen en común son las consecuencias que le afectan en su vida personal y familiar, su relación con los demás, su habilidad para hacer deportes, su autoestima y autoconfianza, así como también la manera de manejar las distintas situaciones.

5. ¿Cómo empezar?

Como punto de partida, consideremos tres áreas generales: 1) el nivel de lenguaje y de desarrollo de conceptos, 2) las habilidades perceptivas y 3) los problemas de atención y comportamiento.

1. Problemas de lenguaje. Se refiere a la inteligencia lingüística es decir, a las habilidades de expresión, tanto oral como escrita. Los padres se dan cuenta de que su hijo tiene dificultades cuando manifiesta un retardo significativo para comenzar a hablar o su vocabulario es muy escaso si se le compara con sus contemporáneos, a pesar de haber tenido oportunidades semejantes para aprender. Se le dificulta comprender, procesar o expresar sus ideas oralmente, no comprende la mayoría de las cosas que se le dicen, no recuerda cómo se llaman determinados objetos (comida, juguetes, colores, por ejemplo) a pesar de que los reconoce; se confunde con las preposiciones; con las nociones de tiempo (ayer, hoy, mañana, por ejemplo); no logra asociar que cosa va con qué (por ejemplo, banco con dinero); se le dificulta pronunciar algunas palabras (como aquellas que tienen sílabas trabadas: trompo, blusa, brazo, rifle). Lógicamente todo esto va a traer como
consecuencia que se le dificulte la lectura, escritura, ortografía, expresión oral y escrita, en la escuela.

Cabe aclarar que un desarrollo de lenguaje inadecuado no es necesariamente indicador de déficit de atención. Puede tratarse simplemente de inmadurez, de un retardo, de un desorden emocional o de una enfermedad física, como tener una infección crónica en el oído (otitis media), que no le permita asociar los sonidos con el significado precisamente durante la edad en que le corresponde adquirir dicho aprendizaje, lo que puede traerle como consecuencia problemas de articulación.

Si los padres se percatan que su hijo está teniendo dificultades con el lenguaje es conveniente que se pongan en acción lo más pronto posible para ayudarlo a contrarrestarlos. Para lograrlo es necesario que enriquezcan su ambiente hablándole con claridad y el mayor tiempo posible, contándole cuentos, cantando con él, poniéndole actividades divertidas que lo inviten a usar el lenguaje, estimulándolo a que pregunte y exprese sus ideas, en fin, todo aquello que estimule su fluidez verbal. No está por demás visitar un especialista que los ayude con un programa específico que le facilite el desarrollo de esta área.

2. Habilidades perceptivas. Se refieren a la forma como se comprende y procesa la información que se obtiene a través de los sentidos. Vemos con los ojos pero procesamos y comprendemos lo que vemos con nuestra mente. El primer punto de referencia que tenemos es nuestro propio cuerpo. Aprendemos a distinguir conceptos de direccionalidad, como arriba, abajo, grande, chico, adelante, atrás, etcétera en relación con nosotros mismos. Cuando el niño no cuenta con una buena coordinación, no puede lanzar ni atrapar una pelota adecuadamente, pues no percibe la dirección correcta hacia la cual debe mover sus manos y hacia dónde dirigir su vista pues no discrimina dónde está la pelota en relación con su cuerpo.

Algunos niños son particularmente torpes: se tropiezan a cada rato, tiran el agua cuando se la están sirviendo en un vaso o se les cae el material con el que están trabajando, debido a que su percepción en el espacio es inadecuada al igual que su direccionalidad. Esto puede llegar a obstaculizar el aprendizaje de la lectura, la escritura, las matemáticas y las actividades atléticas, aunque no necesariamente sucede en todos los casos.

Hay niños que se quejan porque no se pueden concentrar debido a que hay muchos ruidos en el ambiente que los distraen o demasiados estímulos a su alrededor que dispersan su atención. Esto trae como consecuencia que sólo perciban fragmentos de lo que se les está diciendo o mostrando perdiendo partes importantes del mensaje, lo cual afecta seriamente su aprendizaje. Antes de regañar a su hijo por no hacer lo que le ha pedido, asegúrese que ha comprendido bien las instrucciones y que haya ubicado el o los objetos que necesita para realizar la tarea.

Cuando el niño evita atarse las agujetas de los zapatos, abotonarse o desabotonarse la ropa, participar en actividades donde necesita dibujar, colorear, recortar, modelar con barro o plastilina, habrá que considerarse como indicadores de posibles dificultades para trabajar con las manos.

Hay niños que perciben la información en forma adecuada cuando la pueden ver, oír y sentir, pero se confunden si ésta sólo les llega únicamente por un sentido. Los especialistas recomiendan utilizar el mayor número de sentidos posibles cuando se le quiera comunicar algo al niño, pues han comprobado que de esta manera se le facilita integrar el mensaje.

3. Problemas de atención y comportamiento. Los desórdenes de atención y concentración se pueden presentar con o sin dificultades de aprendizaje, aunque es frecuente que ambos vayan de la mano cuando predomina el síndrome. A veces el niño comienza a tranquilizarse y a concentrarse mejor conforme va creciendo, pero un gran porcentaje de ellos no lo logran y continúan los síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad. La característica que sobresale más es su falta de concentración. Otro punto importante es que se les dificulta poner en práctica lo que han aprendido.

Los especialistas han identificado algunas variaciones en los síntomas relacionados con el género. Parece ser que los niños tienden a ser más hiperactivos, agresivos y desorganizados que las niñas. Antes se creía que había un mayor porcentaje de niños que niñas debido a que ellas tienden a internalizar sus dificultades, a retraerse y a ser más ansiosas que los varones.

Cuando se les da a los padres el diagnóstico, no pueden creer que su hijo tenga desórdenes de atención, pues han visto que en ocasiones logra concentrarse en actividades que le interesan o permanece por más de una hora ante la televisión cuando le gustan los programas que están pasando. Piensan que por rebeldía el niño no se concentra en las actividades intelectuales o porque no le gusta hacer sus deberes, como las tareas escolares o lavar la vajilla, por ejemplo.

En la escuela generalmente se acentúan sus problemas a la hora del recreo, de tomar el refrigerio o cuando hay algún tiempo libre pues son los momentos de socializar con otros niños y es cuando se mete en dificultades. La forma como se comporta irrita y molesta a sus compañeros, quienes lo rechazan o no le permiten jugar con ellos. Estas actitudes le hacen sentir como una persona indeseable, lo cual va dañando su autoestima y dificultando aún más su incapacidad para relacionarse con los demás.

6. ¿Qué se puede hacer en casa?

Es común que los padres de estos niños comenten que uno de los aspectos más difíciles de manejar es que sea tan irritable e irritante, además de demandar atención y cuidados exagerados. Su comportamiento da origen a fuertes tensiones y caos en el hogar, ocasionados generalmente por su ansiedad y falta de control; parece que a propósito pierde el tiempo y retrasa a todos, es muy desorganizado y no está consciente de las consecuencias de sus actos.

Algunos especialistas e investigaciones sostienen que las familias de estos niños tienden a ser en sí mismas más caóticas y desorganizadas que otras, desde antes que el niño llegara a su seno, y que él sólo contribuye a intensificar un patrón ya existente (Osman, Learning Disabilities and ADHD, 1997). Sea esto cierto o no, lo que sí se ha comprobado es que se crea un círculo vicioso que desemboca en alta tensión para todos los que viven en su hogar, por lo tanto, el primer paso será romper dicho patrón. Las sugerencias que a continuación se presentan pueden ayudar a mejorar el ambiente familiar:

(a) Identifique el patrón que desencadena la tensión y caos familiar y tome conciencia de que es necesario cambiar los hábitos que rigen a la familia. Los padres tendrán que encontrar el tiempo para estructurar un plan que les permita hacer los cambios necesarios y llevarlo a la práctica haciendo los ajustes que se requieran conforme se vayan viendo los resultados.

(b) Establezca una rutina que le permita al niño organizarse y cumplir con sus deberes. Él tendrá que contar con el tiempo que requiera para levantarse, vestirse, desayunar, etcétera antes de irse a la escuela sin sentirse presionado. Esto implica que tendrá que arreglar sus cosas la noche anterior para no estar buscando lo que le hace falta cuando el tiempo es escaso. Esto significa que los padres deberán estructurar la vida de su hijo desde afuera hasta que llegue el momento en que él la pueda organizar por sí mismo.

(c) Elaboren una lista con sus deberes y póngansela a la vista para que él pueda seguirla sin que se la tengan que estar recordando a cada rato. Al principio lo tendrán que llevar para que la lea y sepa lo que tiene que hacer. Poco a poco irá haciéndolo por sí mismo. Algunos padres se resisten a seguir esta medida porque piensan que así su hijo no aprenderá a ser independiente ni a tener iniciativa. En contraste, con el tiempo podrán apreciar que el niño aprenderá con mayor eficiencia a través de la guía y el ejemplo de sus padres en lugar de que éstos utilicen los regaños, las críticas, los castigos o resaltando lo que hace mal. Los especialistas sostienen que los castigos tienden a reforzar la conducta indeseable en estos casos. En cambio, cuando los padres le enseñan a organizarse con el ejemplo y lo ayudan a poner en orden sus cosas en lugar de limitarse a darle instrucciones, obtienen mejores resultados.

A continuación se ofrece un esquema de cómo podría elaborarse una lista de control y señalar los puntos que ha cumplido por sí mismo y cuando ha tenido que estársele recordando. Ésta se puede hacer en una cartulina y ponérsela en su habitación para que su hijo la pueda consultar con facilidad y estar al tanto de su desempeño.

Mi lista personal de actividades

ACTIVIDADES: D L M M J V S
1. Cuidado personal
Arreglar mi ropa y útiles la noche anterior
Lavarme los dientes después de cada comida
Bañarme
Vestirme yo solo
Salir a la escuela a tiempo
2. Arreglar mi recámara
Hacer mi cama
Poner en el cesto mi ropa sucia
Recoger mis juguetes y objetos
Apagar la radio y/o la televisión si no las uso
Mantener limpia mi recámara
3. Ayudar a mi familia
Poner la mesa
Hacer el agua de frutas para la comida
Poner mis platos en el fregadero
Revisar que haya jabón en el baño
Regar las plantas
4. En relación con la escuela
Salir a tiempo para ir a la escuela
Terminar mis trabajos en la escuela
Hacer mi tarea sin discutir
Acomodar mis útiles al terminar la tarea
Practicar con el instrumento musical

(d) Reconozcan cuando haya hecho algo bien y felicítenlo. Esta actitud lo invitará a repetir la conducta deseada. Resalten lo que hizo bien, abrácenlo, sonríanle en forma especial, háganle saber que aprecian sus esfuerzos y que se dan cuenta de sus progresos. Eviten recompensarlo con comida o dulces.

(e) Tengan paciencia y conserven la calma lo más posible. El secreto está en ser constantes y ayudarlo a que se mantenga dentro del programa, vale la pena, pues ganarán mucho debido a que cada vez será menor el nivel de tensión y de caos en el hogar. A veces notarán que el niño parece estar regresando a sus conductas anteriores, esto es común que suceda, por lo tanto no se desanimen; pues si son constantes, él volverá a retomar el programa y seguirá progresando. Eviten que el niño se convierta en el chivo expiatorio de la familia y se le culpe de todo lo malo que suceda en la casa, de sus frustraciones y enojos, en vista de que las consecuencias son desastrosas para su autoestima, pues agudizará todavía más sus dificultades.

(f) Las acciones dicen más que las palabras. No basta con decirle a su hijo que su conducta es inapropiada; lo más probable es que él no comprenda a qué se están refiriendo ustedes. En cambio, cuando le reconocen sus progresos y le señalan con claridad lo que hizo bien, lo ayudan a seguir con el programa. También es importante que le enseñen cómo modificar lo que hace mal y lo ayuden a trazar metas concretas, pues de esta manera él percibirá con mayor claridad el camino adecuado para lograr los cambios deseables. El niño debe comprender con claridad lo que se espera de él, cómo debe actuar y en qué momento. Poco a poco asígnenle pequeñas responsabilidades, y no se las cambien hasta que haya logrado cumplir con la primera sin errores.

(g) Jueguen a intercambiar papeles. El niño podrá tener el papel del padre y el padre del hijo. Representen una situación donde él señale los errores que comete su “hijo” al hacer una actividad y sugiera cómo ayudarlo.

(h) Busquen momentos oportunos para hacer los cambios. Es imposible que el niño coopere con ustedes si quieren enseñarle alternativas en los momentos en que hay disputa o conflicto. Los cambios deberán sugerirse en un ambiente de tranquilidad, con cariño y paciencia. No es adecuado sugerirlo cuando están viviendo un momento difícil, permítanse un tiempo razonable para que los ánimos se calmen y puedan platicar más adelante sobre el hecho de manera que su hijo pueda identificar qué tipo de conductas son las que provocan el caos y las tensiones, sin utilizar reclamaciones ni enojos. Si se le confronta con dureza y gritos, él se sentirá atrapado y se defenderá con agresividad o evasión. Si ustedes se sienten frustrados, impotentes, estresados, en esos momentos no tendrán la paciencia que se requiere para enseñarle algo positivo. Si él, a su vez está furioso, llorando o sintiéndose amenazado, tampoco entenderá razones. Es mejor trabajarlo después cuando haya regresado la calma. Lo que sí
se debe evitar es pasarlo por alto u olvidarlo.

(i) Eviten la sobreprotección y la indulgencia. Su hijo no debe ser el foco de atención y de desgaste de energía en la familia. Él tiene que ir aprendiendo a cooperar con todos y cumplir con sus compromisos. Sobreprotegerlo únicamente va a acentuar su falta de dominio y descontrol. Si se es dominante y permisivo al mismo tiempo, el niño se desconcertará todavía más y no entenderá qué es lo que se espera de él. Tampoco se intente sobornarlo con regalos para que haga sus deberes o se comporte mejor. Este procedimiento no le ayudará a aprender a tomar la responsabilidad de su vida.

(j) Encuentren el punto medio para ayudarlo sólo cuando sea indispensable y eviten estarlo supervisando constantemente. Poco a poco vayan dejando que haga las cosas por sí mismo, ayúdenlo a que aprenda de sus errores y a que repita el procedimiento las veces que sean necesarias, hasta que le salga bien lo que tenga que hacer. Enséñelo a que comience a tomar sus propias decisiones, primero ayudándolo a que escoja entre dos alternativas. Conforme avance, aumenten las opciones.

7. ¿Qué se puede hacer en la escuela?

Los estudiantes que padecen el síndrome de déficit de atención tienen dificultades para aprender en la mayoría, si no es que en todas, las materias que llevan en la escuela, debido a que su falta de atención, impulsividad e hiperactividad no les permiten desempeñarse adecuadamente. Sin embargo, no a todos les afecta de la misma manera ni lo presentan con el mismo grado de severidad.

Se puede comenzar a atenderlos al ofrecerles un ambiente de aprendizaje altamente estructurado, simplificarles y repetirles las instrucciones, tanto de las actividades como de las tareas escolares, ayudándolos con apoyos visuales que les faciliten la comprensión verbal de las instrucciones, empleando técnicas que les permitan controlar su conducta, adaptando los horarios de clase, modificando las pruebas y otros instrumentos de evaluación con el fin de que respondan a sus necesidades especiales, utilizando grabaciones, computadoras y otros equipos audiovisuales, seleccionando y modificando los ejercicios de los libros de texto y cuadernos de trabajo y siendo muy cuidadosos con el tipo de tareas escolares que se les deje para la casa.

La intervención especial que requieren estos alumnos es multimodal, es decir, que no sólo se aboque a la adaptación de los temas que tienen que estudiar sino también a programar actividades que los ayuden al manejo y control de su conducta así como a la supervisión y tratamiento médico. Veamos esto con más detenimiento:

(a) El punto de partida es la modificación de su ambiente para aprender, lo que significa contar con un salón donde tenga los menores distractores posibles pero, al mismo tiempo, cuente con el material y las actividades que más le ayuden a concentrar y a mantener su atención.

(b) Un buen comienzo es escoger el salón que esté más alejado del ruido, sentar al niño hasta adelante, lejos de las puertas y de las ventanas y, si es posible, contar con un pequeño cubículo o poner su escritorio viendo una pared blanca de manera que sólo tenga a la vista el material con el que va a trabajar.

(c) Pídale su cooperación a los demás miembros del grupo. Los niños generalmente reaccionan favorablemente cuando se les explica la situación y se les pide que ayuden con algo específico.

(d) Procure mantener una rutina de trabajo con el niño pues, como ya hemos dicho, difícilmente acepta los cambios. Cuando éstos son inevitables, prepárelo tanto como sea posible explicándole la situación y precisándole cuál es el comportamiento apropiado que se requiere.

(e) Mantenga contacto visual con el niño cuando le esté dando las instrucciones oralmente. Éstas deben ser claras, breves y sencillas. Repítaselas las veces que necesite y con tranquilidad. Es preferible que comience con una instrucción a la vez y que vaya haciendo lo solicitado paso a paso. Antes de iniciar la actividad, es mejor asegurarse que haya comprendido lo que se le ha dicho. Una buena medida es que él explique lo que tiene que hacer inmediatamente después de que le haya dado la indicación.

(f) Combine claves visuales y táctiles con las instrucciones orales. Utilice diversos canales pues generalmente da mejores resultados para atraer su atención e incrementar su aprendizaje.

(g) Hágale listas cortas de las actividades para que pueda organizar mejor su trabajo y déjelo que las consulte las veces que sea necesario.

(h) Adapte las hojas de trabajo de manera que las páginas no estén recargadas. De preferencia, póngale sólo una tarea por hoja para que pueda concentrarse en ella con mayor facilidad.

(i) Fragmente cada actividad en pequeños pasos y retroaliméntelo inmediatamente al concluir cada parte. Al principio permita que utilice el tiempo que necesite para concluir la tarea. Poco a poco le irá enseñando a distribuir y a aprovechar mejor su tiempo.

(j) Asegúrese que haya anotado su tarea y que se lleve los útiles necesarios para hacerla en casa. Al día siguiente revísenla juntos; destaque las partes que hizo bien, en lugar de los errores. Éstos los irá eliminando a través de las siguientes tareas y ejercicios que le vayan poniendo.

(k) Alterne las actividades que requieran movimiento con otras que le pidan estar sentado en un lugar determinado durante el día. Invítelo a participar en actividades sencillas con el resto de sus compañeros, adáptele las tareas que le correspondan. Asígnele algo que tenga la seguridad de que lo hará bien. En este punto, lo que más importa es que comparta con sus compañeros y no la eficiencia en la tarea. Póngale una actividad donde él pueda ayudar a alguno o a varios de sus compañeros. Esto lo hará sentirse útil y que tiene un lugar en el grupo.

(l) La enseñanza programada puede ser muy útil para estos casos, pues le ayuda a estructurar el aprendizaje y a mantener su interés y motivación.

En educación no podemos darnos por vencidos. Todos los niños pueden lograr progresos a pesar de las dificultades que tenga para aprender. Sin embargo, sólo se alcanzarán las metas deseadas si éstas son realistas y se trabaja con constancia por conseguirlas.

En conclusión, el programa educativo ha de responder a las necesidades e intereses del niño, propiciar el desarrollo general de sus habilidades, prevenir otras dificultades, ayudarlo a superar o a compensar sus deficiencias, definir metas realistas y específicas, ofrecer experiencias adecuadas y desarrollar una autoestima saludable.

El educador ha de ser paciente, flexible, creativo, innovador y sensible a las necesidades del niño. Ha de tomar en cuenta su ritmo de aprendizaje, utilizar actividades atractivas, interesantes y divertidas pero que tengan un propósito concreto y bien definido, que le faciliten al niño la participación, el descubrimiento, la estructura y, de ser posible, la convivencia con sus compañeros, lo ayuden a relacionar entre sí los contenidos, despierten su imaginación y creatividad y desarrollen su esfera emocional.

El juego ha de ser la estrategia esencial para ayudarlo a descubrir el mundo que lo rodea. Habrá que vigilar el número de estímulos con los que tenga contacto, fomentar su seguridad y confianza, evitar la fatiga, presiones y tensiones innecesarias y crear ambientes cálidos, cordiales y motivantes.

Lo más recomendable es comenzar con actividades altamente estructuradas, basándose en lo que puede hacer y no en corregir sus deficiencias. La clave para trabajar está en utilizar instrucciones sencillas, breves y claras; cuidar la secuencia en las actividades, empezar con cosas muy concretas e introducir poco a poco lo abstracto, fortaleciendo las bases del conocimiento. Sólo dejar tareas cuando el niño ya posea previamente el aprendizaje necesario para llevarlas a cabo.

El material ha de ser atractivo, sencillo, con colores contrastantes, objetos grandes, que permitan usar el mayor número de sentidos y sea fácil de manipular. Poco a poco se irá reduciendo su tamaño, se aumentará la cantidad y se volverá más complejo y abstracto.

Antes de terminar deseo recomendarle al lector dos libros que he escrito en relación con las dificultades de aprendizaje y que le pueden ser muy útiles para profundizar sobre el tema. El primero se llama La percepción visual en los primeros años del aprendizaje y el segundo tiene el título de Estrategias de enseñanza para atender a niños con dificultades de aprendizaje, ambos están publicados por la ENEP-Acatlán. Asimismo, deseo invitar al lector a mandarme sus comentarios al Programa de investigación de la ENEP-Acatlán, ubicada en San Juan Totoltepec y Alcanfores s/n. Jardines de San Mateo, Naucalpan de Juárez, Estado de México. CP 53240.

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