Descubrió el amor trabajando entre leprosos

Antoine de Saint-Exupery, literato francés creador del entrañable Principito, solía decir que para salir de la vacuidad que sume a los hombres en la soledad, es preciso recurrir a la amistad, al amor, al don de sí.

Esto fue precisamente lo que descubrió el vietnamita Nguyen Viet Chung cuando, al terminar la carrera de medicina, empezó a desempeñar su labor como doctor entre los leprosos de un hospital de Ho Chi Minh. Hoy, diez años después, el doctor Chung reconoce el gran bien que le ha hecho el servicio a los más necesitados.

Su forma de entender la vida cambio paulatinamente con el ejemplo diario de las religiosas de San Vicente de Pául, dedicadas por entero al cuidado de esos pacientes. “Comprendí” afirma el doctor Chung “que ejerciendo la medicina podía curar las heridas de los enfermos, pero ¿cómo curar la soledad y el sentido de abandono que experimentaban? Pues bien, aquellas mujeres lo conseguían”.

Pronto descubrió que el secreto de esas enfermeras no era otro que su amor a Dios y a los demás. Cualquiera de ellas podría haberse expresado como lo hizo la Madre Teresa de Calcuta ante una periodista occidental que le confesaba su incapacidad para dedicarse a los más pobres “…ni por todo el oro del mundo”; “Por dinero nosotras tampoco” le respondió “lo hacemos por Jesucristo”.

Como le dijo el Principito a Antoine: “Lo importante no se ve”. Ciertamente ese amor y esa solidaridad se habían clavado en el corazón de nuestro protagonista oriental sin que este apenas lo percibiera. La labor escondida del hospital fue acercando al doctor Chung más y más a Cristo, al que percibía tras el sufrimiento de los leprosos. Esto le ayudó a verles como otros crucificados, a tratarles con mucho cariño y a interesarse por la salud de sus corazones, por las miles de pequeñas cosas que a esos pobres hombres les preocupaban.

Comenzó a aprender la doctrina cristiana, lo cual le ayudó a desempeñar su labor médica de una modo más humano. Y finalmente, tras años al servicio de los demás, el doctor Chung fue bautizado.

Ahora; tras desechar ofertas de otros centros médicos de más prestigio, en los que sus honorarios habrían aumentado notablemente; atiende a los enfermos terminales de SIDA en otro hospital de la capital vietnamita. Tal vez la causa de su decisión haya sido el descubrimiento de la Felicidad en el don de sí a los demás por amor.

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