DERECHO A LA VERDAD

Ollero, Andrés
Ed.: Eunsa
EL AUTOR – Andrés Ollero. Catedrático de Filosofía del Derecho de la URJC. Miembro de comités y director de publicaciones especializadas. Es miembro de la Internationale Vereinigung für Rechts- und Sozialphilosophie (IVR), de la Sociedad Española de Filosofía Jurídica y Social, así como de la Asociación Española para el Estudio del Derecho Europeo. Participación activa en la vida política desde 1986 a 2003.

El autor, catedrático de filosofía y parlamentario español durante varias legislaturas, analiza temas que giran sobre la participación en la vida pública, haciendo compatible la condición de demócrata y católico; es posible ser demócratas sin renunciar a buscar y vivir la verdad. En algunos sectores se da por hecho que para ser auténticamente demócrata es preciso ser relativista, que pretender la existencia de un derecho natural, por el que algunas cosas son buenas o malas objetivamente, va en contra de la esencia de la democracia. Esa confusión se da también entre personas de buena voluntad que se ven interpeladas con frases del estilo de: “los católicos tratan de imponer a los demás sus creencias religiosas.” El católico, como cualquier otra persona debe implicarse en la construcción de una sociedad más justa; también desde el ámbito de la política, en sus diversas modalidades. Dejarse llevar por la pasividad, en el caso de algunos, o pretender que los católicos sean ciudadanos sin derecho a expresar en voz alta sus convicciones, son cuestiones que están en la calle. El que hoy se aprobara la Declaración de Derechos Humanos, como se hizo en 1948, es bastante dudoso. Algunos hablan de intentar llegar a una ética de mínimos cuando no de hacer callar a quienes piensan de una determinada manera porque esa convicción está reflejada en su religión. El caso más llamativo es la agresividad con la que se trata a católicos que intentan ser coherentes entre su vida y su participación en la vida pública. La confusión entre laicismo y laicidad es patente. La renuncia de principios, que han sido parte del legado cultural de occidente durante siglos, lleva a mirar con sospecha de intolerante a quién menciona la palabra verdad. Si es posible hacer compatible el ejercicio de la libertad con la búsqueda de la verdad es cuestionado por poderosos medios de opinión pública, que pretenden reducir la dimensión religiosa de la vida a las sacristías y que tratan de presentar como neutralidad del estado un agresivo laicismo. Ollero, con un estilo sereno y argumentando jurídica y filosóficamente sus argumentos, expone su posición con claridad. La variedad de temas tratados, porque así lo requieren los ámbitos donde ha intervenido, en lugar de ser un obstáculo se convierte en ventaja al tratar un amplio abanico de temas.

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