Compartir responsabilidades

Si bien los expertos están de acuerdo en que el sistema educativo tiene una mayor responsabilidad en la transmisión de conocimientos académicos, como las matemáticas, el lenguaje, las ciencias sociales y naturales, también coinciden en que la educación en valores es función principal de la familia. Aunque la escuela puede y debe participar de forma complementaria en esa tarea, nunca podrá ejercerla por sí sola. Por ello, es tan necesaria la comunicación entre ambos: ayuda a tener la información de cuáles son los objetivos que se pretenden conseguir, de los métodos que se utilizan y del modo en que se desarrollan los procesos formativos y educativos.

El rol de padres y profesores

La buena relación entre padres y escuela no debe reducirse a una mera relación pública el día de la inscripción. Evitar esta situación puramente cordial pasa por tomar conciencia de la importancia de una buena comunicación y por llevarla a cabo. En este sentido, los padres debemos implicarnos en el día a día de nuestros hijos, con sus deberes, preguntándole cómo le va en la escuela, cómo se siente allí… Y también debemos colaborar directamente en la escuela, programando reuniones periódicas con los profesores de nuestros hijos, participando en las AMPAs, en las actividades escolares y familiares que organice la escuela, etc.

No hay que esperar pues a que nuestro hijo tenga necesidades educativas especiales o a que haya agotado todos sus recursos didácticos antes de empezar a hablar con su profesor encargado de orientarle y hacerle un seguimiento más cercano.

En cuanto a los profesores, no deben intentar cambiar el modo de educación de los padres a los hijos, esto sólo debe ser un objetivo cuando se perciban aspectos que puedan ser perjudiciales para los niños, de la misma manera que los padres deben respetar la autonomía del profesor como docente. La actitud de los profesores y del centro en general es básica para que se produzca en los padres un ambiente proclive a la participación. En la medida en que los padres se encuentren cómodos y se sientan respetados y escuchados y entiendan que su participación supone un beneficio para el niño, su implicación será cada vez mayor.

Fomentar la confianza mutua

Compartir responsabilidades y trabajar conjuntamente de una forma coordinada es el objetivo que deben alcanzar padres y profesores. Para ello, los expertos recomiendan centrarse en los siguientes aspectos educativos.

Enseñanza de valores, normas y costumbres.
Desarrollo de habilidades para la vida.
Educación en destrezas básicas para el aprendizaje.
Transmisión de normas y responsabilidades.
Conseguir este fin pasa por la necesidad de establecer unos lazos de confianza mutua entre padres y profesores. No obstante, suele ocurrir que los padres predisponemos una actitud a la defensiva con los profesores en pro de justificar el comportamiento de nuestro hijo en clase y, por otro lado, a menudo los profesores muestran también su disconformidad por el no reconocimiento por parte de los padres de su labor en la educación de niños y jóvenes.

En este sentido, para acercar posturas es básico comprender que aunque los padres pueden ser los que mejor conocen a sus hijos, es evidente que el profesor puede conocer actitudes y características de los alumnos que no manifiestan en el entorno familiar y que aportan a los padres una información complementaria muy valiosa. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el profesor interactúa no sólo con un alumno, sino con un grupo amplio de la misma edad y, por tanto, hay que valorar ampliamente su opinión sobre algún problema o actitud y el grado de importancia que hay que darle.

Fomentar la confianza mutua entre padres y profesores desencadenará posteriormente una mejor relación entre ambos así como un mejor aprovechamiento de las tutorías que se llevan a cabo en cada curso escolar.

No hay que esperar a que nuestro hijo tenga necesidades educativas especiales o a que haya agotado todos sus recursos didácticos antes de empezar a hablar con su profesor encargado de orientarle y hacerle un seguimiento más cercano.

Las tutorías

¿Por qué quiere vernos el profesor? Esta pregunta a menuda suele hacérsela muchos padres ante la petición de una entrevista personal con el tutor de sus hijos, ya que habitualmente se relaciona con alguna situación problemática del alumno en clase. Pero esta concepción de las tutorías está muy alejada de la realidad. Intercambiar información, resolver conflictos, analizar el comportamiento o simplemente conocer las opiniones de las dos partes son algunos de los objetivos que persiguen las tutorías con los padres. Para ello, es muy importante preparar la entrevista, tanto por parte de los padres como de los profesores.

Actualmente todos los centros escolares deben incluir dentro de su Proyecto Curricular el denominado Plan de Acción Tutorial (PAT). En él, se especifican los criterios y procedimientos para la organización y funcionamiento de las tutorías, tanto con los alumnos como con las familias. En el PAT suelen incluirse las entrevistas individuales con los padres para informarles del desarrollo académico del alumno o de cualquier aspecto relacionado con su formación, con el objetivo principal de que se establezca un canal de comunicación fluido entre los profesores y familia.

Habitualmente el centro escolar estipula para cada nivel educativo un número de tutorías rutinarias con los padres. No obstante, es aconsejable que estos soliciten, siempre que lo crean oportuno, una entrevista personal con el tutor del alumno ya sea porque han detectado algún problema o dificultad en el niño, para informarle sobre algún cambio en la situación familiar que puede afectarle o simplemente para conocer otros aspectos de la evolución de sus hijos, que no se reflejan en las notas o evaluaciones que informan periódicamente sobre el rendimiento escolar del alumno.

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