COMO DIGO QUE NO A MI HIJO ADOLESCENTE

Jordán de Urríes, Blanca
Ed.: Palabra
Blanca Jordán de Urríes es licenciada en Periodismo por la universidad Complutense. Asesora de la universidad Francisco de Vitoria. Colaboradora de diversos medios de comunicación y autora de varios libros de educación y de cuentos para niños.
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Muchos padres de adolescentes están confusos. No saben con certeza cuándo y a qué deben decir no y cuándo deben ceder. Por otra parte, no basta con tener claras las ideas en general, es preciso acertar con el tono y momento adecuado. Un NO destemplado y a gritos, sin una alternativa, si expiación, crispados, no es la mejor manera de evitar que un adolescente haga un plan que consideramos poco oportuno. La autora, con un lenguaje vivo y coloquial, plantea situaciones muy reales de los padres que actualmente tienen hijos entre los 12 y los 18 años. No pretende dar recetas prefabricadas, pero sí unas pautas de cómo conviene actuar. Es obvio que muchas veces los hijos/as piden cosas a las que un padre y una madre deben decir no. Pero hay modos y modos de decir no. Ni todos tenemos la misma capacidad dialogante, ni todos los momentos son igualmente idóneos. Y el adolescente tiene una capacidad de pedir capaz de agotar al padre más aguerrido. Nuestra actuación no se puede basar ni en el miedo, ni en la desconfianza, pero tampoco en el permisivismo. Conseguir la paz familiar a costa de ceder en todo es un lamentable modo de convivir. Pero no todo está en el mismo plano; no es lo mismo el volumen al que escuchan música, que irse un grupo de amigos y amigas a un apartamento un fin de semana a celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Hay facetas donde un error ya es demasiado. Otras en cambio, son negociables, se pueden matizar, poner condiciones que garanticen un mínimo de seguridad…. De todas formas, a veces habrá que decir no y espera a que lo entienda cuando pasen los años. No te puedes dejar manipular por su capacidad de enredo ni puedes claudicar en aspectos esenciales, aunque te fallen aquellos padres amigos de tus hijos que pensabas que actuarían como tú. Pero debes buscar los modos más adecuados para tratar de hacerle ver las cosas o de plantearle las cuestiones. El matrimonio debe apoyarse el uno al otro, reforzando mutuamente la labor del cónyuge, sustituyéndole cuando está a punto de perder los nervios… Siempre y cuando uno no pretenda ser el bueno de la película cediendo al chantaje afectivo de los hijos. El libro no resuelve todos los problemas, ni lo pretende, pero ayuda a pensar y a evitar errores, que con un poco de cuidado podemos corregir.

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