CÓMO AFRONTAR LOS CAMBIOS FÍSICOS Y EMOCIONALES DE LOS CHICOS

Asesor: Jesús Poveda.
Tu hijo está en plena adolescencia. Ya no es un niño, pero tampoco es un hombre. Le gusta aprovechar su fuerza muscular, pero hay que advertirle que esa fuerza no está hecha para la violencia. Comienzan a hablar del sexo y hoy en día, parece que es un paso obligado que hay que dar: hacerlo. Y ¡cuántas decepciones después! En el plano emocional, no son moderados. Todo es excitante. De cómo maduren en la adolescencia, depende su vida adulta.

Tu hijo adolescente se encuentra en una especie de depresión afectiva que produce la despedida del mundo infantil. Esta sensación es más frecuente en los chicos que en las chicas. No sabe si tiene que seguir dando besitos a “mamá”, o si se tiene que desprender de los cariñitos “de papá”. Además, comienza a sentir nuevos impulsos sexuales. Por otra parte, experimenta una gran necesidad de comprensión y de apoyo. Hoy en día, quizás más que en otras épocas, debemos acompañar a nuestros hijos en este tránsito, entre otras cosas, para que no se queden en el síndrome de Peter Pan, que conlleve a una futura crisis de masculinidad y de personalidad.

Todo es brutal

El ser humano madura conjunta y progresivamente en tres ámbitos. Primero, el corporal; luego, el emocional y por último, el intelectual. Por esto, es muy interesante conocer que, aunque corporalmente se esté preparado para algunas actividades, emocional y racionalmente todavía no hay maduración. Por eso, hay que pensarse si se obsequia con ciertos regalos asociados a la adolescencia, como por ejemplo, la moto.

Las emociones no están templadas y se suelen expresar sin medida. Para el adolescente no existe la modulación. Todo es brutal, sensacional, genial. Si le gusta una chica es “la mas maravillosa que existe”, aunque dos días después diga “es lo peor que me ha podido pasar”.

Los adolescentes suelen adolecer y, por esto, es tan importante saber que esa es su característica principal y que es en la adolescencia donde cincelan la gran copa que llegarán a ser de mayores. Es el momento de los ideales. La falta de medida, la rebeldía, el decir “no”, o decir “ya” es propio de esa edad. Se vive el presente, pues hay poco pasado y el futuro es especialmente incierto.

Si un adolescente es propenso a la rabia, podemos ayudarle a moderarla, porque esa actitud no le lleva a ninguna parte y, sin embargo, la paciencia es una virtud mucho más admirada por los demás y uno se siente más satisfecho al practicarla. Si tiene miedo a enfrentarse con los problemas, habrá que animarle a ser valiente, a retarse a sí mismo, a superarse. La blandenguería o la falta de esfuerzo debe convertirse en fortaleza, otra virtud que llena de satisfacción y es muy valorada en el hombre.

Quieren ser ellos mismos

Lo más importante es que la adolescencia no existe. Lo que existen son los adolescentes y cada uno es absolutamente singular y único. Sí es conveniente saber que, en ese momento de la vida, hay una divertida situación de independencia-dependencia. Quieren ser “ellos mismos”, pero como no se han definido, se “definen” haciéndose contrarios al entorno y dicen que “no” a casi todo. Como a la vez son muy dependientes, dependen del grupo que tienen de referencia y por esto surgen las llamadas tribus urbanas, grupos cerrados de amigos, pandillas exclusivas y por supuesto las marcas en la ropa…; ya que yo no sé lo que soy todavía, me pongo lo que quiero ser…

Aprovechar las crisis

La maduración es en el hombre, un proceso que se da en crisis y éstas, bien afrontadas, ayudan al desarrollo y al crecimiento. En una sociedad infantilizada no hay crecimiento emocional aunque sí corporal, y se dan los jóvenes con cuerpo de adulto y emociones de niños. Clásicamente se ha denominado a esto Síndrome de Peter Pan. Ser niño tiene sus ventajas. También para los padres que no quieren-pueden afrontar al adolescente que está madurando.

La adolescencia es un momento clave en el desarrollo personal, tanto es así que, el grave problema que acarrean las deficiencias en la adolescencia, se arrastran a lo largo de la vida. ¿Cómo hacer que valore un adolescente algo que se le ha dado siempre sin esfuerzo?

La capacidad de educación de los padres, profesores y amigos desarrollada a través del deporte, los juegos, la utilización del tiempo libre es de vital importancia para el desarrollo armónico del adolescente. Dime con quién andas y te diré quién eres. Dime dónde andas y te diré cómo terminas. La música amansa a las fieras…; el humor estimula la imaginación. Por esto, es tan importante pasarlo bien haciendo el bien.

Tres consejos para acompañarles en el tránsito

Jesus Poveda, desde su experiencia en el tratamiento de adolescentes, nos da tres consejos:

El primero y principal conocer al personal, conocer a los hijos, a los amigos de los hijos, a los profesores de los hijos y las letras de las canciones que más les gustan.

El segundo y muy fecundo “perder el tiempo juntos”, ya lo dice Rosario en una de las canciones “¿Cómo quieres que te quiera si no estás aquí?” Hacer planes, viajes, deporte, cine, comuniones, fiestas…

Lo tercero es paz-ciencia. Dedicar paz y ciencia, formarse y no perder la calma. Pase lo que pase, digan lo que digan, hagan lo que hagan. (Repasa las fotos de cuando tú eras adolescente y asómbrate de que estés vivo). Y recuerda que está en un momento para convertir los hábitos en virtudes: fortaleza, generosidad, constancia, austeridad, comprensión, ponerse en lugar del otro, etc…

Para Pensar

Una anécdota: Un padre contaba que desayunando con su hijo adolescente, le espetó al padre con: “¿Qué es la esterilización?” El padre explicó como pudo aquel complejo tema de la vasectomía, la ligadura de trompas…, a lo que el chaval replicó que no entendía eso que le decía su padre, pues él lo que preguntaba era por qué la leche estaba esterilizada… Es un ejemplo de la naturalidad con la que debemos hablar de este tema, pero cayendo en la cuenta que estamos en una sociedad pansenxualizada.

Es muy difícil que moderen su carácter y más hoy en día, que se ha perdido el respeto hacia las personas mayores. No podemos consentirle ni un maltrato hacia sus padres, ni un abuso. Eso no es fortaleza, es debilidad. El padre es ahora el que tiene más fuerza y autoridad para contener las ansias de libertad del hijo adolescente. Todavía tiene que obedecer, con argumentos y razones. Los límites ayudan a nuestro hijo adolescente.

Si hasta ahora hemos mantenido una comunicación fluida con nuestro hijo varón, lo más probable es que se mantenga, aunque a esta edad se hacen más reacios. Aunque te responda con monosílabos, continúa conversando con él.

Sin que parezcamos unos sargentos de caballería, tenemos la obligación de saber dónde van nuestros hijos y con quién. Pero también, nosotros, padre y madre, debemos hablar entre nosotros, de nuestro hijo.

Siguen demandando nuestros cariños y eso está bien. Debemos seguir abrazándole, dándole besos. Déjale que se recueste en tu hombro, sin ser demasiado sensibles, pero necesitan nuestro cariño. Las manifestaciones de cariño no están reñidas con que sean chicos fuertes. La fortaleza es una de las virtudes preferidas en el hombre.

Para Actuar:

Es muy positivo potenciar en casa que nuestro hijo adolescente se integre en el mundo de los adultos, mediante la asunción de responsabilidades y la ayuda en la toma de decisiones. No está solo en la edad de pasárselo a tope, sino también de ser responsable: sobre un hermano suyo, encargos en casa, ayuda social a personas necesitadas, etc…

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