Ciudadano Kolbe

Primera escena: «Nace una revistilla sin pena ni gloria»

Fotogramas de la película De un país lejano,
de Zanussi1922. Cracovia. Un franciscano de 28 años, recién salido de un sanatorio para tuberculosos, recorre la ciudad, foco de cultura centroeuropea, con una idea clavada en la mente:
– Voy a editar la revista con la tirada más grande de Polonia. En la sociedad moderna no bastan las predicaciones de los curas, las misiones populares, y los demás sistemas tradicionales que sólo llegan a la gente que menos lo necesita. Hay que servirse de los medios modernos, de la radio y de la prensa. Voy a sacar una revista que hasta los periódicos cotidianos más vendidos tendrán que respetar. ¿Objetivo? Promover lo que más quiero en mi vida, la devoción por María. Se llamará «El Caballero de la Inmaculada».
Maximiliano Kolbe busca gente que financie su proyecto. Sin embargo, el entusiasmo del fraile choca con el hielo del ambiente que le circunda.
– ¿Una revista sobre la Virgen? ¡Qué gran idea! ¡Para promoverla seguro que regalará estampitas! ¿Cómo quiere que haga publicidad en una revista así? ¿No se da cuenta de que perdería clientes?
Los comerciantes y bienhechores a los que ha pedido ayudas se niegan rotundamente. Ni siquiera su superior está convencido de la idea, un franciscano conventual de barba espesa, provincial de la Orden:
– Iniciad la publicación, pero a condición de que ningún gasto deba ser soportado por la administración de la Orden.
Al final un párroco se compadece del pobre franciscano. No sabe bien por qué le da algo de dinero. Quizá por compasión, quizá por la admiración que le infunde su testarudez. Le financia la mitad de los gastos de la primera edición, 5.000 ejemplares. Poco, pero suficiente para empezar. ¿Y el resto? Mendigando por aquí y por allá, al final del milagro, Kolbe saca el resto.
– Hay que servirse del progreso para la gloria de Dios y convertirlo en un arma para que la gente conozca a su Madre.
– Padre Maximiliano… -responde un fraile con un aire un tanto socarrón-, todavía no sabe usted que a nuestra gente le vienen todos los males por culpa de esas invenciones: el cine, la prensa…
– Pues con más razón tenemos que despertarnos y ponernos manos a la obra.
No ha terminado de pagar las facturas del primer número y Kolbe ya tiene que pensar en el segundo. Pero esta vez doblará el número de los ejemplares.
Segunda escena: El complejo editorial más grande de Polonia.
1927, el franciscano pedigüeño logra que le cedan un gran terreno, pues la redacción de la revista ha crecido en los últimos años de manera inusitada y no hay convento franciscano en Polonia que pueda albergar su maquinaria editorial. La solución es muy sencilla. Kolbe fundará una ciudad, obviamente se llamará la Ciudad de la Inmaculada (Niepokalanów). En la tarjeta de invitación a la ceremonia de bendición se habla de la «humilde y pobre sede del complejo editorial del “Caballero”». En efecto, nos encontramos ante un verdadero complejo editorial, cuyas varias edificaciones -¡unos modestos barracones! se estructuran en forma de «H».
El cuerpo central de este complejo comprende: la redacción, biblioteca, tipoteca, linotipias, gabinetes fotográficos, oficinas o talleres de motores, etc. Años más tarde Niepokalanów llegaría a ser la comunidad religiosa mayor del mundo. En 1939, en vísperas de la segunda guerra mundial, contaba con 762 religiosos.
Fray Maximiliano, no sólo es superior del convento, sino también director del complejo editorial. Aquel cura tuberculoso, en quien no creían ni sus correligionarios, se ha convertido en el director de un auténtico holding de comunicación.
En 1938 «El Caballero de la Inmaculada», tiraba mensualmente 750.000 ejemplares, con tiradas extraordinarias de más de un millón. Con el tiempo había nacido «El Joven Caballero», mensual para jóvenes: 165.000 ejemplares, «El Informador de la Milicia de la Inmaculada», para los miembros de la Milicia de la Inmaculada, el movimiento internacional que él fundó: 42.000 ejemplares, «El Pequeño Caballero», para niños, mensual ilustrado: 35.000 ejemplares, «Miles Inmaculatae», trimestral, en latín, dirigido a sacerdotes de todo el mundo: 10.000 ejemplares, «Boletín misionero», mensual, 4.000 ejemplares, «El Eco de Niepokalanów», boletín de información interna para los «ciudadanos» de Niepokalanów.
Kolbe lanza lo que debería ser la publicación punta del grupo «El Pequeño Diario». El diario más barato de la nación. Costaba 5 groszy frente a los 25 o 30 de los demás periódicos.
– ¡Cuidado! ¡Kolbe va a sacar un diario! Como casi todos sus obreros son frailes sale con un precio tirado.
Los grandes editores de Polonia lanzan una campaña contra el tuberculoso franciscano. Los expertos del medio sabían perfectamente que una publicación popular, barata y además católica podía hacer «pupa».
– Hay que boicotearlo. Tenemos que lograr que los distribuidores no lo coloquen en kioscos.
– No os preocupéis. Si no paga al contado no tendrá papel, aseguraron las centrales papeleras.
– Esta vez estos franciscanos se han pasado.
La reacción de Kolbe no se hace esperar. Llama a dos de sus frailes y les dice:
– Fray Krizsztof y Fray Gregorz, dado que no podemos depender de los distribuidores, que siempre andan boicoteándonos, os inscribiréis en un curso para pilotos de avión. Después compraremos dos avionetas para distribuir el periódico.
Para 1938 «El Pequeño Diario» tenía una tirada de más de 150.000 ejemplares en los días ordinarios y de hasta 250.000 en los festivos.
Sólo faltaba una emisora de radio (entonces no había televisión), para completar el holding. También en ello pensó el padre Kolbe. Comenzó a emitir en diciembre de 1938, de manera provisional. Nunca obtuvo el permiso oficial.
El 2 de septiembre de 1939 una noticia abarrota las páginas de «El Pequeño Diario».
– «La Wehrmacht cruza la frontera».
Tercera escena: Auschwitz, prisionero número 16.670
28 de mayo de 1941. Auschwitz, donde los hombres dejan de ser considerados como personas. Se convierten en simples números de un rebaño de carne humana. Desde entonces el padre Maximiliano pasará a ser el prisionero número 16.670. Los nazis no podían dejarse escapar al fundador de un grupo editorial tan influyente. Kolbe comienza a acostumbrarse al ritmo de los trabajos forzados, a pesar de que su tuberculosis empieza a jugarle malas pasadas.
– ¡Un prisionero se ha evadido! ¡Pertenece al barracón 14!
El prisionero 16.670 al igual que sus compañeros de barracón sabía muy bien la ley de Auschwitz. Por la fuga de un prisionero habían de morir diez compañeros -en un principio habían sido 15- si aquél no aparecía en 24 horas. Aquellas 24 horas fueron las más tensas de las vidas de los prisioneros del barracón 14. Cuando expira el plazo, el comandante Fritsch da la orden esperada:
– Ya que el prisionero escapado ayer no ha aparecido, diez de vosotros irán a la muerte.
Comienza la selección de los condenados. Fritsch va recorriendo las filas de los prisioneros. Se detiene y señala, al buen tuntún, al condenado, cuyo número se anota inmediatamente.
– Tú… y tú… y tú…
– Soy un padre de familia, no puedo dejar a mi mujer y a mis hijos huérfanos, grita con desesperación uno de los prisioneros escogidos.
16.670 da un paso adelante desafiando la disciplina impuesta por los nazis.
– ¿Qué quiere este puerco polaco?, pregunta Fritsch.
– Soy un sacerdote polaco, quiero ir en su lugar, ya que él tiene mujer e hijos.
– No sé por qué lo hago, pero ya que eres un cura, acepto. Fritsch había tomado la decisión.
Los prisioneros del campo escuchaban las oraciones que comenzaba el padre Kolbe a las que respondían en coro el resto de los moribundos. Cada día los SS realizaban visitas de control para sacar los cadáveres de los detenidos muertos durante la noche.
– ¡Un trozo de pan y un trago de agua!, gritaban a lágrima viva los pobres desgraciados.
Si alguno de los más fuertes se aproximaba a la puerta, era golpeado a puntapiés en el vientre por los SS, hasta que, cayendo sobre el pavimento de cemento, moría con la cabeza destrozada o se le fusilaba. Los SS veían que los orinales siempre estaban vacíos, los condenados a muerte bebían su propia orina.
Después de quince días sólo quedaban vivas cuatro personas.
– Evacuad la celda; es necesaria para los nuevos condenados, ordenó Fritsch.
El 14 de agosto un médico alemán puso en el brazo izquierdo de los que aún vivían una inyección intravenosa de ácido fénico. El padre Kolbe, con la plegaria en los labios, ofreció su brazo al verdugo.
El «ciudadano Kane», el personaje de una de las películas más célebres de la historia murió solo, encerrado entre los cuatro muros de su inmenso castillo. El «ciudadano Kolbe», hechizado como él por la influencia de los medios de comunicación, murió por salvar la vida de un hermano desconocido.
Jesús Colina. Roma

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