Cine: Invictus, de Clint Eastwood

Después del clamoroso éxito de Gran Torino, donde el actor y cineasta Clint Eastwood se despedía de su carrera como intérprete, vuelve a la pantalla sólo como director, afrontando un simpático episodio de la vida del Presidente sudafricano Nelson Mandela. El guión, de Anthony Peckham, se basa en el libro de John Carlin El factor humano. Para llevar a cabo el film, Eastwood ha contado con la interpretación de Morgan Freeman, que consigue uno de los mejores trabajos de su brillante carrera, y con la de Matt Damon, también excelente

La trama de Invictus gira en torno al mundial de rugby de 1995, que se celebró en Sudáfrica. El equipo nacional no tenía ninguna posibilidad, pero el recién elegido Presidente Mandela se da cuenta de que sería muy bueno para la situación interna del país que el equipo obtuviera buenos resultados. Sin embargo, hay un inconveniente: ese equipo ha sido tradicionalmente símbolo blanco del apartheid. Precisamente por este motivo, la Comisión Sudafricana de Deportes quería disolver la selección nacional de rugby, los llamados springboks. Mandela lo impedirá y tendrá que creer firmemente en el poder del perdón y de la reconciliación para apoyar públicamente al equipo, contra la opinión de sus seguidores.
Invictus, siendo buena, queda muy por debajo de Gran Torino, a causa del guión. Es como si se hubiera rodado la primera versión del mismo, dando un resultado demasiado obvio, excesivamente didáctico y, en ocasiones, elemental. Aun así, agrada el sabor capriano de la película, su antropología positiva y la cada vez más elocuente defensa de Eastwood de la religiosidad cristiana. En este sentido, son muy significativas las letras de las canciones que se escuchan en el film.
Un modelo de político

Fotograma de la películaHarina de otro costal es la polémica surgida del artículo que el propio Clint Eastwood ha publicado sobre la película, en la que define a Mandela como una especie de Jesucristo, hablando de su carisma personal. En la película, el director no trata de presentar a un Mandela idealizado, y muestra algunas de sus contradicciones personales, como cuando el escolta le pregunta por su familia y queda claro que tiene una herida abierta por su separación. Ciertamente, muestra un hombre de gran nobleza, y el film deja ver la fascinación de Eastwood por él, pero no se puede hablar de un intento de crear un santo laico, en el sentido de otras realizaciones cinematográficas, como Ágora, sin ir más lejos. Además, lo más interesante de film es que propone una manera de entender la política muy acorde con la doctrina social de la Iglesia, concibiéndola como servicio al hombre concreto y como búsqueda del bien común. Mandela aparece como un gran hombre de Estado, que entiende su misión con perspectiva histórica, renunciando a los ajustes de cuentas que parecerían justos a muchos, para contribuir a la construcción de una nación para todos, negros y blancos. Otro aspecto interesante del dibujo que hacen Eastwood-Mandela de la política es la creatividad: la necesidad de ser creativos a la hora de afrontar problemas políticos aparentemente irresolubles.
En definitiva, sin pretender llevar a Mandela a un estado de santidad ejemplar, Invictus es una película familiar grata, positiva, constructiva y muy educativa para los jóvenes. En un mundo que valora el éxito a cualquier precio, Invictus propone un tipo de vida en el que en el centro siempre está la persona. ¿Será Eastwood el Capra del siglo XXI?
Juan Orellana

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