CHIKILICUTRE

Carmen de Andrés
La canción Baila el chikichiki, compuesta por Pedro Guerra y Santiago Segura e interpretada por Rodolfo Chikilicuatre, representará a España en la próxima edición del festival Eurovisión, que se celebrará el 24 de mayo en Belgrado.

El representante de España es un personaje de ficción interpretado por el actor David Fernández. Chikilicuatre, su álter ego en la ficción. El ser un personaje de ficción y no un cantante profesional parece que no ha influido en su designación para representar un festival de la canción. Este detalle me llama poderosamente la atención.

El personaje elegido se presenta con una estética a lo Elvis Presley, exagerado tupé y patillas, en perfecta combinación con gafas tamaño XL y miniguitarra de juguete. Dicen que representa una estética o corriente friki.

Muchos nos preguntamos qué es exactamente una cultura friki. Según el buscador Wikipedia, originalmente, la palabra freaks era usada para referirse a las personas que se distinguían por tener alguna anomalía física y que eran exhibidas en los circos. El ejemplo más famoso de ello, origen del término y su significado en el idioma inglés, es la película Freaks dirigida por Tod Browning en 1932. El guitarrista y cantante escocés Mark Knopfler (ex-líder de Dire Staits) compuso un tema sobre esta clase de «freaks» y su exhibición en la canción Devil Baby.

Luego el término se usó para referirse, aunque en otro contexto, a personajes ridículos en algún sentido que llegan a ser conocidos por su extravagancia a través de los programas de televisión.

Creo que la descripción de este fenómeno encaja a la perfección con nuestro personaje. Sin embargo, lo que me preocupa es que sea elegido para representarnos en un festival de la canción y no en cualquiera de los espectáculos a los que la televisión nos ha acostumbrado.

Pero quizá, la descontextualización de su elección haya que analizarla con cierta mesura y condescendencia. Para mí hay tres factores que han influido.

Como se viene denunciando desde varias tribunas, Eurovisión ya no es lo que era. El festival de Eurovisión nació en 1956 bajo el título El Gran Premio de Eurovisión de la canción Europea. Su finalidad era mostrar la música que se hacía en Europa. Por lo tanto, cada país traía lo mejorcito que tenía y, con el paso de los años, han participado artistas de reconocido prestigio.

Eurovisión fue, en un momento determinado, un espacio que apoyaba la calidad musical, acercaba culturas, entretenía a toda la familia y encajaba en el perfil de una cadena pública.

En la actualidad, la calidad musical ha cedido bajo la presión comercial, las actuaciones se piensan para impactar, el vestuario se disfraza de estrafalario y las votaciones, de intereses políticos. Es el festival de la cultura musical europea y casi ningún país canta en su propia lengua. Entre todo, el espectador, inocente, se suma a la moda de la votación popular, una farsa que lleva a la cadena a ganar dinero y al votante a decepcionarse porque nunca gana su favorito.

Durante los últimos años, la audiencia ha perdido interés por este certamen. Para reactivarlo se han realizado programas especiales o fórmulas televisivas con la creación de espacios como Operación Triunfo. Este concurso, cosechó el 80% de audiencia y congregó a 12.755.000 personas frente a la pequeña pantalla. Nos devolvió la ilusión de pasar un rato entretenidos frente al televisor apoyando a nuestros compatriotas. Sin embargo, la mala posición en que quedaron nuestros candidatos, envió el festival al abismo de los peores tiempos.

Para volver a ganar cuota de audiencia este año, TVE creó una plataforma de Internet llamada MySpace donde cualquiera ha podido concursar presentando una actuación. El público ha tenido la ocasión de votar su candidatura favorita.

Es la primera vez en la historia del festival en que el representante español es designado íntegramente por el público y los telespectadores, que han votado en directo su canción preferida.

La actuación de Chikilicuatre se erigió como ganadora en el transcurso de la gala televisiva ‘Salvemos Eurovisión’. Esta actuación venía respaldada por una cadena televisiva (La Sexta) y un rostro conocido (Buenafuente) en clara desigualdad con el resto de candidatos.

Con las premisas apuntadas- desinterés de la audiencia por Eurovisión, pérdida de credibilidad del festival, apoyo mediático de una cadena televisiva en donde lo que se busca es la notoriedad- el resultado es que la canción que nos va representar en Belgrado es una sátira esperpéntica del propio Festival, donde la actuación de Chikilicutre se parecerá más a una actuación circense que a una interpretación musical seria. Todo eso, sí, en consonancia con la cultura friki. Pan y circo, según la locución latina- panem et circenses- del poeta romano Juvenal.

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