“En tiempos de crisis, queda lo esencial: la familia” The Family Watch, 3 de julio 2011.

El abogado y presidente fundador del despacho Cremades y Calvo-Sotelo, Javier Cremades, se ha reunido con distintos miembros del Área de Derecho y Ciencias Sociales en un nuevo Encuentro TFW el pasado 29 de junio. El desayuno ha servido para conocer sus impresiones sobre la familia como una apuesta firme y necesaria en la Europa de hoy.

Doctor en Derecho por la Universidad de Regensburg, Cremades ha sido profesor Leer el resto de esta entrada »

Las mejores películas sobre educación Por Pablo de Santiago

El mundo de la educación es uno de los grandes temas del cine, sencillamente porque es uno de los grandes temas del ser humano. Ofrecemos a continuación un amplio elenco de películas que tratan este aspecto formativo de las personas.
La educación es un concepto amplio. Por supuesto, no se circunscribe al mundo de la escuela, el colegio o la universidad, aunque sin duda esa atmósfera es propicia para que el ser humano crezca en sabiduría, aprenda a vivir en sociedad y pueda hacer rendir los talentos que ha recibido (y si no que se lo digan a los seguidores de la saga de Harry Potter…). Sin embargo, el mundo de la educación es más vasto. A veces un consejo es capaz de educar Leer el resto de esta entrada »

CULTIVANDO VÍNCULOS CON ADOLESCENTES Ingrid Kossmann

Uno encuentra muchas sugerencias para establecer y cultivar buenos vínculos con los hijos bebés y con niños pequeños, pero a medida que la edad del hijo/a aumenta, las sugerencias van cambiando de eje, se centran en ¿cómo sobrellevar la adolescencia de los hijos sin morir en el intento? o diez claves para entender al “ser impenetrable” en que se ha transformado mi hijo/a.

Claro que, ese pálido flogger o esa mística vegetariana es el mismo niño que se sentía feliz cuando lo llevábamos de paseo y quien corría a nuestros brazos cuando estaba asustado. Y nosotros seguimos siendo sus padres, su principal respaldo y quienes debemos marcar lo que nos parece bien de lo que nos parece mal. Aunque Leer el resto de esta entrada »

¿NORMAS, CASTIGOS, LÍMITES, AUTORIDAD? Revista Escuela de padres y madres de Getxo

Qué limites fijar y, sobretodo, cómo hacerlo es, hoy en día, una de las más -grandes preocupaciones a las que, padres y madres, nos enfrentamos. ¿Me habré pasado?, ¿es correcto gritar así?, ¿estará mi hijo traumatizándose?, ¿hasta dónde puedo llegar?, ¿es negativo el castigo? éstas, entre otras dudas, son preguntas a las que generalmente no sabemos contestar.

Esta situación genera, demasiadas veces, un sentimiento de ineficacia, de culpabilidad y otras respuestas demasiado permisivas, agresivas o fuera de lugar.

Fijar límites

Fijar límites, poner normas y ejercer la autoridad era hace una generación una tarea mucho Leer el resto de esta entrada »

EL PUZZLE: PREPARARSE PARA UN PROYECTO DE FAMILIA Blanca Martínez de Bedoya

“Os ha costado tanto/ encajar vuestros abrazos/ los gestos, los momentos/ el orgullo y los enfados/ y al fin/ llegó vuestro pedazo de verdad/ la pieza que faltaba para armar/ el puzzle que ahora os hace caminar”. Con estas palabras Dani Martín – El Canto del Loco- en un disco en el que repasa su alma a los “16 añitos”, canta al amor de sus padres.

Dieciséis años es una buena edad para establecer la prioridad de nuestros valores y de nuestros amores; entre ellos, como un verdadero tesoro, se encuentra la familia. A lo largo de su infancia hemos procurado que los hijos valoren y agradezcan el amor que han recibido de sus padres, la educación que reciben de ellos, los bienes materiales que les dan. Pero a los dieciséis años se puede descubrir qué es el amor en la familia y cómo ese amor se construye cada día.

Así sigue Dani Martín en su tema el Puzzle “ya sé que fue muy lento/ pero al fin lo habéis logrado/ ha tardado un universo/ y ahora hay que cuidarlo…/ tendrá que ser muy lento/ lo que pase a vuestro lado/ porque lento deja todo/ todo pero se ha quedado/ Nada de historia perfecta/ es un guión con muchos fallos…” ¡Qué constructivo descubrir a esa edad que el amor hay que cultivarlo día a día!: idas y vueltas, enfados y perdón, aciertos y desaciertos…

El final de la adolescencia es el momento de tomar decisiones en muchos aspectos de la vida: estudios, amistades, tiempo libre, etc. Por eso, igual que proyectan su futuro profesional eligiendo la modalidad de Bachillerato, deben comenzar a tomar decisiones para ir preparando el futuro hogar que quieran crear.

Las piezas del puzzle de una vida familiar armónica son la comunicación, la responsabilidad en las tareas y la diversión.

■ Comunicarse en la familia: contar los acontecimientos del día, compartir preocupaciones e ilusiones, preguntar sobre temas de actualidad, debatir, contar chistes… huir del silencio.

■ Asumir responsabilidades: recoger la propia habitación, colaborar en las tareas comunes del hogar, ayudar a los hermanos pequeños en sus tareas o dejarse aconsejar por los hermanos mayores… huir del individualismo.

■ Pasarlo bien en familia, desarrollar nuestra capacidad creativas al servicio de la familia: celebraciones, excursiones, viajes… en las que haya concursos, juegos, sorpresas… huir del aburrimiento.

Los hijos adolescentes deben desarrollar estas competencias familiares -comunicación, compromiso, creatividad-, esto es, dejar de ser sujetos pasivos en la familia para ser sujetos activos, capaces de compromiso, de entrega, de servicio; y todo, con sentido positivo y buen humor.

Si los padres, y colaborando con vosotros los educadores, trabajamos en esta línea habremos dado a nuestros adolescentes las piezas del puzzle para que construyan su futura familia y, fruto de su agradecimiento, escucharéis estas palabras “sois todo lo que tengo/ mi tesoro más preciado/ sois lo único que es cierto/ sois mi suelo y mi tejado/ sois cariño, sois talento/ sois la crítica que guardo/ sois lo que os ha dado el tiempo/ sois lección de amor/ y os amo” (Dani Martín, El Puzzle).

LA MISIÓN EDUCATIVA DE LA FAMILIA (I)

www.opusdei.es
El amor entre los padres genera en la familia un ambiente que facilita la educación y el servicio a los demás. Este es el tema de un editorial sobre la misión educativa de la familia, del que publicamos la primera parte.

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, «única criatura que Dios ha querido por sí misma» [1], cuando nace –y durante un largo período de tiempo–, depende mucho del cuidado de sus padres. Aunque desde el momento de la concepción goza de toda la dignidad de la persona humana, que debe ser reconocida y custodiada, también es un hecho que necesita tiempo y ayuda para alcanzar toda su perfección. Este desarrollo –que no es automático ni autónomo, sino libre y en relación con los demás– es el objeto de la educación.

La misma etimología del término subraya la necesidad que el ser humano tiene de la educación como parte esencial de su perfeccionamiento. Educar viene del latín “ducere”, que significa “guiar”. El hombre necesita ser guiado por otros para perfeccionar sus facultades. También proviene de “educere”, que significa “extraer”. Precisamente, lo propio de la educación es “extraer el mejor yo” de cada uno, desarrollar todas las capacidades de la persona. Las dos facetas –guiar y desarrollar– constituyen como el fundamento de la tarea educativa.

LOS PADRES, PRIMEROS Y PRINCIPALES EDUCADORES

No resulta muy difícil entender que –como tantas veces ha afirmado el Magisterio de la Iglesia–, «los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos» [2]. Es un derecho–deber que tiene su raíz en la ley natural y, por eso, todos comprenden, aunque en algún caso sea sólo de una manera intuitiva, que existe una continuidad necesaria entre la transmisión de la vida humana y la responsabilidad educadora.

Produce un rechazo espontáneo pensar que los padres se pudieran desentender de sus hijos una vez que los han traído al mundo, o que su función se podría limitar a atender las necesidades físicas de los hijos, despreocupándose de las intelectuales, morales, etc. Y la raíz de este rechazo natural es que la razón humana entiende que el ámbito primario para la acogida y el desarrollo de la vida del hombre es la comunidad conyugal y familiar.

La Revelación y el Magisterio asumen y profundizan los motivos racionales por los que los padres son los primeros educadores. «Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre» [3].

En el designio divino, la familia, «es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios» [4]. La transmisión de la vida es un misterio que supone la cooperación de los padres con el Creador para traer a la existencia un nuevo ser humano, imagen de Dios y llamado a vivir como hijo suyo. Y la educación participa plenamente de este misterio. Este es el motivo de fondo por el que la Iglesia ha afirmado siempre que «por su naturaleza misma, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación» [5].

Pertenece a la esencia del matrimonio la apertura a la vida, que no se reduce a la sola procreación de los hijos, sino que incluye la obligación de ayudarles a vivir una vida plenamente humana y en relación con Dios.

El misterio de la Redención ofrece luces sobre la misión educativa de los padres en el designio de Dios. Jesucristo, que con sus palabras y con sus hechos «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre, y le descubre la sublimidad de su vocación» [6], quiso encarnarse y ser educado en una familia. Además, quiso elevar el matrimonio a la condición de sacramento, llevándolo a su plenitud en el plan salvífico de la Providencia.

A ejemplo de la Sagrada Familia, los padres son cooperadores de la providencia amorosa de Dios para dirigir a su madurez a la persona que se les ha confiado, acompañando y favoreciendo, desde la infancia hasta la edad adulta, su crecimiento en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres [7].

Juan Pablo II sintetizaba toda esta doctrina, explicando que eran tres las características del derecho-deber educativo de los padres [8]:

– es esencial, por estar vinculado con la transmisión de la vida humana;
– es original y primario, respecto al papel de otros agentes educativos –derivado y secundario–, porque la relación de amor que se da entre padres e hijos es única y constituye el alma del proceso educativo;
– y es insustituible e inalienable: no puede ser usurpado ni delegado completamente. Consciente de esta realidad, la Iglesia ha enseñado siempre que el papel de los padres en la educación «tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse» [9]. De hecho, el oscurecimiento de estas verdades ha llevado a muchos padres al descuido, e incluso al abandono, de su papel insustituible, hasta el punto que Benedicto XVI ha hablado de una situación de «emergencia educativa» [10], que es tarea de todos afrontar.

EL FIN Y EL ALMA DE LA TAREA EDUCATIVA

«Dios que ha creado al hombre por amor lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano» [11]. Puesto que el amor es la vocación fundamental e innata del hombre, el fin de la misión educativa de los padres no puede ser otro que enseñar a amar. Este fin queda reforzado por el hecho de que la familia es el único lugar donde las personas son amadas no por lo que tienen, lo que saben o lo que producen, sino por su condición de miembros de la familia: esposos, padres, hijos, hermanos.

Son muy significativas las palabras de Juan Pablo II: «En una perspectiva que además llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor (…) Todo cometido particular de la familia es la expresión y la actuación concreta de tal misión fundamental» [12].

Pero, ¿cómo llevar a cabo esta misión? La respuesta es siempre la misma: con amor. El amor no es sólo el fin, sino también el alma de la educación. Juan Pablo II, después de describir las tres características esenciales del derecho-deber educativo de los padres, concluía que, «por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida.

El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma, que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor» [13].

En consecuencia, ante la “emergencia educativa” de la que habla Benedicto XVI, el primer paso es volver a recordar que la meta y el motor interno de la educación es el amor. Y que, frente a las imágenes deformadas del auténtico rostro del amor, los padres, partícipes y colaboradores del amor Dios, tienen la capacidad y la gozosa misión de transmitir, de manera viva, su verdadero significado.

La educación de los hijos es proyección y continuación del mismo amor conyugal y, por eso, el hogar familiar que nace como desarrollo natural del amor de los esposos es el ambiente adecuado para la educación humana y cristiana de los hijos. Para éstos, la primera escuela es el amor que se tienen sus padres. A través de su ejemplo reciben, desde pequeños, una auténtica capacitación para el amor verdadero.

Por este motivo, el primer consejo que San Josemaría daba a los esposos era que custodiaran y reconquistaran cada día su amor, porque es la fuente de energía, lo que realmente da cohesión a toda la familia.

Si hay amor entre los padres, el ambiente que respirarán los hijos será de entrega, de generosidad. El clima del hogar lo ponen los esposos con el cariño con que se tratan: palabras, gestos y mil detalles de amor sacrificado.

La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás: a escuchar al otros cónyuge, o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria [14].

Cosas pequeñas, casi siempre, que un corazón enamorado sabe ver como grandes y que, desde luego, tienen una enorme repercusión en la formación de los hijos, aun en los de más corta edad.

Puesto que la educación es continuación necesaria de la paternidad y maternidad, la participación común de los dos esposos se extiende también a la educación. La misión educativa reside en los padres precisamente en cuanto matrimonio; cada esposo participa solidariamente de la paternidad o maternidad del otro. No hay que olvidar que el resto de agentes educativos –colegio, parroquia, club juvenil, etc.– son colabores de los padres: su ayuda es prolongación –nunca sustitución– del hogar. En definitiva, para la misión de construir el hogar son necesarios los dos cónyuges. Dios da su gracia para suplir la forzosa ausencia de uno, pero lo que no cabe es la inhibición o renuncia voluntaria.

Es claro que el mundo ha sufrido enormes cambios sociales y laborales que tienen su repercusión también en la familia. Entre otros fenómenos, ha crecido el número de hogares en los que tanto el marido como la esposa tienen un trabajo profesional fuera del hogar, no pocas veces muy absorbente. Cada generación tiene sus problemas y sus recursos y no es forzosamente peor lo uno que lo otro, ni se puede caer en casuísticas.

En cualquier caso, el amor sabe anteponer la familia al trabajo, y es imaginativo para suplir horas de dedicación con una mayor intensidad de trato. Además, no se puede olvidar que los dos esposos han de estar implicados en la construcción del hogar, sin caer en la idea equivocada de que el trabajo fundamental del varón es ganar dinero, dejando en manos de la mujer las labores de la casa y la educación de los hijos. A María y José, que vieron crecer a Jesús en sabiduría, en edad y en gracia [15], confiamos la misión de los padres, cooperadores de Dios en una labor de gran trascendencia y de suma belleza.

——————

[1] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24.
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1653.
[3] Ibidem, n. 1604.
[4] Ibidem, n. 2205.
[5] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 48.
[6] Ibidem, n. 22.
[7] Lc 2, 52.
[8] Cfr. Juan Pablo II, Exhort. apost. Familiaris consortio, 22-XI-1981, n. 36.
[9] Conc. Vaticano II, Decl. Gravissimum educationis, 28-X-1965, n.3.
[10] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008.
[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1604.
[12] Juan Pablo II, Exhort. apost. Familiaris consortio, 22-XI-1981, n. 17.
[13] Ibidem, n. 36.
[14] Es Cristo que pasa, n. 23.
[15] Cfr. Lc 2, 52.

PADRES EJEMPLARES Tomás Melendo

A modo de introducción: Cavilaciones de una madre “de andar por casa” sobre los “padres ejemplares” (Por Marta Román)

Vaya título: “Padres ejemplares”.

Anda que no habré escuchado veces… Que si Fray Ejemplo… Que si los críos se enteran de todo…

¡Qué más quisiera yo que ser una madre ejemplar!

A mí ser madre me ha convertido en madre, pero de ahí a que me haya convertido en Leer el resto de esta entrada »

NO HAY AMOR SIN HUMOR

Lorena Zabala
Especialista en Relaciones Internacionales y Comunicación Audiovisual.
Es profesora de ESO y Bachiler en Ayalde Ikastetxea.
¿Se imaginan viajar en un coche sin amortiguadores?: un horror, sobre todo cuando toca un camino pedregroso y lleno de obstáculos. Esto es lo que sucede cuando no contamos con el sentido del humor para sortear los numerosos baches con los que nos encontramos en el viaje del vivir. Nos atacan los dolores con cada piedrecita Leer el resto de esta entrada »

“El secreto es quererse y nada más”

Leticia Correa Ruiz [Com 11]
Amor, respeto y paciencia. José Ángel y Josefa aseguran que lo más importante para que un matrimonio funcione es que los cónyuges se conozcan profundamente, que tengan paciencia y, sobre todo, que se respeten.

Amor, respeto y paciencia. José Ángel y Josefa aseguran que lo más importante para que un matrimonio funcione es que los cónyuges se conozcan profundamente, que tengan paciencia y, sobre todo, que se respeten.

El 3 de mayo de 2007, José Ángel Zubiaur y María Josefa Carreño celebraron Leer el resto de esta entrada »

EN LA SALUD, EN LA ENFERMEDAD Y EN LA NORMALIDAD

Historias de diamante

Dicen que el matrimonio es una conquista diaria. De las parejas que llegan a cumplir sesenta años de convivencia habría que añadir que han completado una dilatada epopeya. Quizá por eso se habla de Bodas de Diamante: es el mineral más duro y resistente que existe, y su valor se multiplica con los cortes finísimos que lo transforman en un brillante. Los nueve matrimonios que comparten su historia en estas páginas hacen justicia a la metáfora: llevan seis décadas unidos “en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas”, y han convertido su amor en un brillante de calidad incalculable.
Yugo Azcárate y Feliciano Bustamante.

Yugo Azcárate y Feliciano Bustamante.

EN LA SALUDO, EN LA ENFERMEDAD Y EN LA NORMALIDAD

Yugo Azcárate y Feliciano Bustamante se casaron en Pamplona el 24 de junio de 1949 en la parroquia de San Miguel, que entonces no era el destacado templo que es hoy, sino una bajera en la misma plaza donde después se construyó la iglesia. Les casó el párroco, don Paciente Sola, y su boda fue, como tantas Leer el resto de esta entrada »