Carta 72

72– Diez hermanos. Sí, la verdad es que es una pasada. Cuando conozco a alguien y me pregunta que cuántos hermanos tengo y yo le digo que diez, siempre hacen la misma exclamación: “Jooder”. Yo, particularmente, prefiero mil veces tener diez hermanos que uno o dos, o incluso cuatro o cinco. Sí, es una pasada, pero ello significa que mis padres han hecho algo… vamos, que se lo han currado bastante para sacar a diez hijos adelante. Pero no quiero que se dé a entender que somos la típica familia pija que vive en La Moraleja, que cada hijo tiene su propio Toyota Carina E, que todos han estudiado en el Montfort y que los padres sueltan a cada uno de nosotros 5000 pelas para “salir” los fines de semana. No amigos, no es así. Bueno, nuestra situación económica no es muy buena, pero tampoco muy mala. Simplemente tenemos lo justo para pagar los gastos de siempre y, a veces, hemos tenido que pasar algunos baches; vamos, los típicos. En mi opinión, todos nosotros hemos recibido una educación muy buena, y muy cristiana; y sigo resaltando el tremendo esfuerzo que han hecho y que siguen haciendo mis padres por terminar de sacarnos adelante. Pero, no se crea la peña que somos todos unos santitos. No, amigos míos. Simplemente habría que fijarse en mí, ni más ni menos. Yo soy un chico de 16 años, que como ya se sabe, pertenezco a una gran familia. Cuando era pequeño, quería ser cura, como casi todos los niños pequeños que han recibido una educación similar a la mía. Sí, como se lee. Imagínaos la educación que he recibido. Una educación muy cristiana, como lo son mis padres. Como cuando eres pequeño haces todo lo que se te dice, yo quería ser cura. Pero en fín, como a mi edad se te cruzan un poco los cables y cambias un huevo… Soy un chico un poco cabroncete, por muchas causas. Una de ellas es que saco o sacaba muy malas notas. Por lo menos el año pasado, que me llegaban a quedar seis o siete por evaluación. Pero a final de curso, pensé un poco en mi futuro y, en vista de las perspectivas, me puse a estudiar como un cerdo. Así, sólo me quedó una para septiembre, y la aprobé muy justo. Al sacar estas notas, lo único que hacía era tocarme las pelotas y cabrear a mis padres, cosa que ahora recuerdo y me da mucho que pensar. Pero no sólo soy un cabroncete en los estudios, sino a veces también con mis hermanos; vamos, las broncas de siempre. Aunque muchas de las veces yo no tenga la culpa. Pero ya se sabe el dicho: “Dos no discuten si uno no quiere”. Unos están casados, otros solteros, unos en el paro, otros con buenos trabajos, otros estamos estudiando… En fin tengo de todo, para dar y tomar. Las cosas poco a poco van saliendo, y sé que todo es gracias a mis padres. Yo, como en toda familia normal, he tenido mis roces o mis piques con mis padres, pero sé que todo lo han hecho por mi bien y por el de mis hermanos. Pero sigo diciendo que es muy divertido tener diez hermanos, sobre todo cuando empiezan a soltar tabaco. Nos lo pasamos muy bien. Bueno, por ejemplo, esas típicas tertulias de hermanos que duran hasta las cinco de la madrugada; o esas especies de “debates” sobre unos temas u otros… Yo conozco a mucha gente que tiene diez hermanos o incluso más y, al comparar, de doy cuenta de que lo más importante es tener un orden en cada familia. Sí, a veces los padres no llegan a los hijos, pero sí los hijos pueden llegar hasta los padres. Yo he experimentado que mis hermanos mayores están ligeramente “mejor educados” que los pequeños, pero lo más importante es el cómo sea cada uno. Digo esto porque cuando un matrimonio recién casado tiene sus primeros hijos, los educa exigiéndoles mucho en todos los aspectos: en los estudios, en la forma de pensar, etc. Pero cuando llegan al sexto o séptimo hijo, las cosas empiezan a cambiar un poquito. Es entonces cuando, en vez de que te eduquen tus padres exigiéndote en todos los aspectos, eres tú el que te exiges a tí mismo, tomando como “modelos” a tus padres. Por eso, en mi opinión, los padres han de enseñar a los hijos con el ejemplo que les dan. Por ejemplo, si un matrimonio está todo el puto día discutiendo, los hijos acabarán discutiendo todo el puto día. E incluso lo hacen a veces sin darse cuenta de que están aprendiendo aspectos malos de sus padres. Así, aprendiendo de tus hermanos mayores y de tus padres, acabas incluso madurando antes, aprendiendo a valerte por tí mismo a corta edad y siendo más responsable. Yo, particularmente, me he dado cuenta de esto, por varias razones. Y una de ellas es que, por ejemplo, cuando tenía doce años tenía que recorrer con mi hermano pequeño de siete, cerca de treinta kilómetros diarios para ir al colegio. Ésto, me dio una gran responsabilidad, porque tenía que encargarme de mi hermano pequeño a casi todas horas. Pensando, he descubierto que en cuanto mi hermano pequeño se cambió de colegio, comencé a hacer el cabrón. Y fue cuando también comencé a sacar las malas notas que me caracterizaban. Y actualmente, me ha vuelto a pasar lo que hace cuatro años: este año mi hermano a vuelto a ir a mi mismo colegio y veo me se me ha acabado el chollo. Por ejemplo, el año pasado, podía irme a hacer un botellón los viernes después de clase, y ahora no puedo, porque mi hermano se lo larga a mis padres. Otra cosa es que antes de ir a clase, de vez en cuando faltábamos yo y mis amigos a las dos primeras horas, y ahora no puedo porque mi hermano se lo larga a mis padres. Pero ya no lo hago por el mero hecho de que si lo hago, mi hermano se lo dice a mis padres, sino por dar ejemplo. Yo no quiero que mi hermano haga en el futuro lo mismo que hacía yo (aunque a veces lo haga, sin seguir mi ejemplo, incluso cosas peores). Pero no quiero dar a entender que mi hermano pequeño es un estorbo. Por nada del mundo diría eso. En el fondo, pero muy en el fondo, creo que es un buen chaval, aunque muy de vez en cuando sea un coñazo que te cagas. Y todavía más en el fondo, creo que el que venga mi hermano al colegio conmigo me está ayudando a cambiar bastante. Bueno D. Garry, con respecto a la familia se me ha acabado el rollo, y con respecto al verano no tengo nada de rollo. Esperaré al final, por si se me ocurre algo. Me han pedido que escriba “argo” sobre mi estudio. Bueno, pos “achá” voy. En mis primeros años del colegio, sacaba en general buenas notas. Y esto era porque, como ya he dicho antes, haces todo lo que te dicen sin preguntar porqué. Pero todo cambió a partir de 7º de EGB. Fue cuando me cambiaron de colegio. Era (es) un colegio en el que dan una educación muy buena (bajo mi punto de vista) y muy cristiana. Pero pronto llegas a la edad en que empiezas a preguntarte el porqué de las cosas, incluídas con las del estudio. Así que, como era un pelín vaguete me puse a hacer lo que hacen los vagos: vaguear tranquilamente. Pero esa tranquilidad me duró poco, pues con las malas notas, comenzaron los cabreos por parte de mis padres. Yo quería y quiero muchísimo a mis padres, y, encima, con la cantidad de problemas que tenían… Pos vacha uhté a sabé. Vamo, lo que cho le diga. Bueno, después de esta broma estúpida continuaré con… (¿cómo coño se llama lo que estoy haciendo?) con lo que sea. Comencé a sacar malas notas a partir de sexto de e ge be. Si hiciéramos un gráfico sobre mis notas de 6º, 7º, 8º, 1º y 2º de BUP, daría como resultado una especie de uve doble (bueno, ya se sabe Ø W). Digo esto porque… porque… Bueno, pondré un ejemplo: en 8º de e ge be comenzaba la primera evaluación con notas normales, es decir de cinco a seis de media. En la segunda evaluación me quedaban más o menos de 3 a 4 asignaturas. En la tercera, aprobaba todo “rahpaicho”. En la cuarta, me volvían a quedar las mismas. En la quinta, volvía a aprobar todo. Y, por último en la evaluación final, me quedaban 3, 4, o más. ¿Por qué sacaba estas notas? Porque como ya he dicho, mi gráfico era una W (V+V), y en la evaluación final tocaba suspender. Así o asá, me mandaron un par de asignaturas para casa diciéndome: “La próxima vez estudia más” Y yo, con todo el cariño del mundo, les respondía (por supuesto sin faltar al respeto): “Mis queridos profesores: tengo el gusto de comunicarles que he decidido meterles por el… todos mis suspensos”. Pero por desgracia, mi decisión no se llevó a cabo por culpa del libro de historia que era demasiado grande. A lo que iba. Ése, y no otro, era mi gráfico de estudios. Y por fín, la parte alta de la W está durando un poco más de lo normal (vamos, eso parece). En este año hay algunas asignaturas que me van muy bien, y yo creo que es porque me gustan. Por ejemplo, hace un tiempo, comencé a comprender las matemáticas y… me gustan. Cosa rara, bicho raro. Pero me gustan, y a tanto que no las estudio. Mi problema –que poco a poco lo voy superando– está en que no me pongo a estudiar a la hora prevista, y cuanto ocurre esto, no estudio. Yo creo que mi clave es éso, ponerme a estudiar a la hora. Lo sé porque lo llevo experimentando unas semanas. También he descubierto que, en las asignaturas de ciencias, el truco está en que tengo que hacer todos los ejercicios que se mandan. Y con eso, y casi sin estudiar, yo creo que se aprueba. Y con nota. (La verdad es que no sé porqué escribo esto, pero bueno). Yo creo que tengo que empezar a estudiar a lo bestia si quiero conseguir hacer esa carrera que siempre he querido hacer. Digo esto porque, en 1º y en 2º de BUP me he tocado bastante las narices. Y como ya se sabe, en 1º ya empieza a contar la nota. (Tampoco sé porqué escribo esto pero bueno). Como a mí, particularmente, no me gusta estudiar. Vamos, creo que a casi nadie le gusta estudiar. También me han pedido que escriba algo sobre un tema muy reservado para mí, y supongo que también para muchos. Es el sexo. Bueno, la verdad es que estoy en una edad en la que se le da mucha importancia a este tema y a veces demasiada. Quiero que se sepa que, aunque lo esté haciendo, me da mucho palo escribir acerca de lo que pienso de este tema. Allá voy, aunque no sé ni cómo empezar. Voy a escribir un poco en “metáfora”. Es decir, lo que voy a decir no es tal y como es. Bueno. Cuando eres pequeño, es decir, con uno o dos años, empiezas a conocer. A conocer todo lo que te rodea, incluído tu cuerpo. Dices: ¡aivá! ¡una mano! ¡un pié! ¡un pito! Pero, simplemente lo conoces y no le das mucha importancia. Pero creces y quieres conocer más todavía. Y entonces, es cuando te empiezas a conocer realmente como eres por dentro y por fuera. A mi edad, sientes una gran curiosidad por conocer todas las cosas relacionadas con el sexo, es decir: miras, lees, hablas de cosas que nunca en tu vida hubieras pensado que algún día (o muchos) hablarías de eso, etc. ¿Y qué sientes? (Al grano voy) Ganas de hacerlo contínuamente. Pero lo bueno es que tienes que contenerte porque si no te conviertes en un puñetero animal que en cuanto se le presenta una macha, a por ella que va. Sí, muchas veces darías cualquier cosa por estar con una tía a tu lado, aunque no la conozcas. En resúmen: a mi edad, estamos más salidos que el canto de una mesa. Pero según me han dicho es completamente normal, y sigo sorprendiéndome de esto. Y bien. Cuando no consigues dominar a ese animalito que todo el mundo lleva dentro te acabas convirtiendo en lo que eres: por ejemplo, un perrito salidín. Y, como vemos en la tele, en los anuncios de la calle, etc, la mayoría de la gente no ha conseguido a cierta edad dominar al animal. Pero lo malo de esto, es que si tú, a base de muchos, muchos, esfuerzos por controlarte, consigues dominar el animal, te lo contagian si bajas la guardia. Personalmente, del sexo pienso que es una cosa muy buena, si se practica dentro de unas “reglas”. Quiero decir que para mí, las putas son gente que está enferma y obsesionada con el sexo. Yo nunca me tiraría a una puta, aunque fuera mi mejor amiga. Es lo peor que hay. Por eso, yo tengo muy claro que la primera vez que me lo haga, será con la tía que más quiera en el mundo. Es decir, la primera vez intentaré por todos los medios que sea dentro del Matrimonio o justo antes. Vamos, que soy un tío decente que no va por ahí fardando de chulo, ni mucho menos. Alguno de los que están leyendo esto, pensarán que soy un santín. No creo que sea así, pero si lo soy ¿qué pasa? ¿es malo? Yo creo que no y también creo en Dios. Y por eso no estoy tan salido como lo está mucha gente. Dios prohíbe muchas cosas acerca del sexo, que ahora se ven completamente normales. Una de ellas es el putismo; otra es el mariconismo; el lesbianismo; casarse más de una vez mientras esté viva la pareja; etc. Pero no quiero que la Ley de Dios se vea como: PROHIBIDO. No, no es así ni de coña. Si tú en el fondo no “quieres” a Dios, lo normal es que veas que todo esto es un coñazo. Pero he descubierto que cuando te pones a este lado la vida es mucho más feliz de lo que se pueda imaginar uno. Y cuesta, claro que cuesta. Al igual que cuesta sacar una familia adelante, comprarse una moto, un coche, etc. Pero tampoco se crea la peña que estoy amargado con el sexo. No es así. Es todo lo contrario. Soy muy feliz como soy. Tampoco se crea la peña que como te (no sé como decirlo) tires a una tía te vas al infierno. No. Aunque a veces sí. Yo veo a Dios como un jardinero que cuída las plantas (nosotros, los hombres), las riega, le quita las malas hierbas, y cuando están más bonitas las corta. Pero hay casos en los que la planta no se pone bonita nunca, y es entonces cuando se corta y se hecha al cubo de basura. Lo mismo pasa con la gente. Si tú, yo. nosotros, ellos, ellas, ella, etc., hacemos obras buenas en la tierra (aunque a veces no las hagamos) Dios esperará nuestro mejor momento y nos llebará al cielo. Si, por el otro lado, haces mucho el cabrón, te jodes y te vas al infierno. ¿A qué viene este sermón? Pues que la religión, la mía, ha influído mucho, muchísimo en mi vida.

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