Carta 58

58– Bueno la verdad es que no puedo quejarme. Todo a casi todo me va bien y no tengo mayores problemas que los que yo mismo me creo. Digo esto porque tengo unos padres magníficos, no me falta de nada y en el terreno de los estudios, aunque soy bastante vago no me puedo quejar. Lo de los problemas que yo mismo me creo, analizándolo friamente llego a la conclusión de que se debe a mi propio carácter: me defino como una persona nerviosa, insegura y débil emocionalmente aunque con el paso del tiempo mejoro en estos valores notablemente. Mi principal defecto aparece cuando me muevo en el terreno social con determinado tipo de personas o personajes, que aunque sé seguro que no me encuentro a gusto con ellos, algo muy dentro de mi me obliga a ir con ellos. Y ahí es donde comienzan los problemas: intentar salir “disfrazado” de algo que no eres, con lo que tarde o temprano te caes con todo el equipo, ir a sitios que en absoluto aparecen en mis esquemas de diversión, etc… Referente a esto último, yo tengo la filosofía de que no es en absoluto bueno para la persona estar sufriendo literalmente en un sitio al que no es nada necesario ir para en teoría divertirse. En mi caso parece que hay especial predisposición a meterme en líos ridículos por intentar caer bien a los demás prometiendo cosas que sé perfectamente que no puedo cumplir. Me meto, salgo. Me meto, salgo. Pero eso no es vida. Concluyendo, soy consciente de que mis mejores armas actualmente son la tranquilidad, el capote para ser torero, y personas a las que pueda fiar mis problemas con la seguridad de obtener ayuda, entre las que destaco a mis padres.

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