Carta 51

51– Uno de los traumas que pasa un chico de mi edad es el no aguantar a los padres en casa. Uno intenta evadirlos de la manera mejor posible, aunque suele terminar esto en un castigo, y de aquí se llega a no aguantarlos e incluso a odiarlos, y esto llevará a una relación padre/hijo cada vez más pobre. En mi caso, mi relación con mis padres no pasa de los buenos días o de ya estoy aquí, mientras entras por la puerta, lo siguiente es ponerte a cenar y olvidarte de todo. Aún asi la relación será la misma. Olvidándonos de lo anterior, lo que más nos preocupa son los temas relacionados con las chicas. Un adolescente tiene o no una aceptación en su grupo de amigos dependiendo del número de chicas con que haya salido o se ha “enrollado”, cuanto más mejor. Y esto lleva también a la mentira, es decir uno suele mentir con sus colegas, sobre el número o calidad de las chicas que se ha comido, como se suele decir. La primera vez (mía) fue algo así como emocionante, no solo por el hecho de ser la primera, sino por estar dentro del concepto de una fiesta, como ya he dicho, en mi caso. En una fiesta de adolescentes los elementos que intervienen son muy sencillos: chicos, chicas, música alternativa o bacalao, ganas de pasarlo bien y por supuesto el calimotxo, en ocasiones acompañado de botellas de licor de melocotón y litronas. Todo esto crea un ambiente de buen rollo que lleva al descontrol masivo y desmesurado de la conducta, y si esto lo acompañamos de un chico que acaba de salir con una chica la fiesta está asegurada, y la diversión aún más. Todo suele continuar de la siguiente manera y contaré un caso mio: unos colegas y yo decidimos hacer una fiesta en conmemoración del cumpleaños de un amigo y lo que hicimos fué invitar a la gente de la pandilla. Quedamos un sábado por la tarde en el portal de un amigo (el del cumpleaños). Cuando estábamos todos, cada uno puso pelas para el bote los que aparentaban más edad se fueron al supermercado de turno a comprar la priva, entre ellos estaba yo, y el ambiente que se vive es muy peculiar debido a la importancia que tiene el poder sacar la bebida, por si no lo he dicho, ninguno de los que fuimos a comprar tenía la edad suficiente para poder sacar el cargamento, por lo que solíamos utilizar una táctica; se trataba de que uno entraba primero y sacaba solo el vinazo, el segundo las botellas de licor y el tercero las litronas, por supuesto el que tenía mayor riesgo era el que sacaba las botellas de licor. Este se arriesgaba el perfecto funcionamiento de la fiesta. Si se conseguía sacar toda la bebida posible con ese dinero recaudado, la compra se consideraba un éxito (el dinero que se suele acumular en una fiesta de este estilo no es mas que 1.500 o 2.000 ptas.). Después elegimos el sitio, esta vez en el descampado de “Capitanía” un solar en el que hay cerca un circuito de motocros, en este caso el lugar de siempre, vamos. Una vez allí los invitados o los colegas empezaban a tardar y nos empezamos a asustar. Por otra parte el lugar exacto de la fiesta estaba lleno de barro con lo cual el miedo era superior debido a que no sabíamos donde hacerla. Pero eso no nos asustó, seguimos esperando y al final aparecieron, sonrientes y relajados sabiendo el buen rato que iban a asar. Empieza la fiesta, lo primero que hicimos fue mezclar vino con la coke con una técnica muy depurada después de tantas veces de práctica. Esta técnica consiste en coger una bolsa de plástico y echar dos litros de vino y dos litros de coke, entonces se llenaban los dos brik de vino vacíos con la mezcla y luego se ponía la botella con el cuello hacia bajo para luego sujetar los bordes de la bolsa con los bordes de la botella ayudados con la mano o manos de los posibles “colaboradores” en esta técnica. Por fin se daba la vuelta al conjunto y se dejaba vaciar en la botella.. Por último es la fase de la negación de lo evidente, “no si voy bien no hace falta que me cojas en brazos Cuando nos tuvimos que volver para casa la gente llevaba una tajada de impresión con lo cual las frases de “te va a llevar a casa tu … madre” o la más conocida aún “bueno aquí te quedas”. Fuimos al que llamamos nosotros el “último portal” donde nos contábamos mentiras sobre lo ocurrido en la deseada fiesta del cumpleaños del colega. Por cuestiones evidentes yo me tenía que subir a casa, con lo cual elegí la jugada del “estoy aquí abajo me voy a quedar un rato mas en la calle, ¿vale papá?”. Por suerte para mí la jugada funcionó, y volví con mis colegas al citado portal. En el momento en que llegué la gente estaba medio tirada por el suelo y mirando a un punto perdido en el cielo o el techo. Yo me puse a hablar con mi novia y la de un colega que iba también muy fina. En ese preciso momento empezó a marcharse la gente y al final quedamos cuatro en la calle, con lo cual no nos quedó más remedio de hablar de lo primero que se nos pasaba por la cabeza, sin pensarlo antes, con lo que se puede imaginar el tipo de conversación tratada en ese rato. Yo tenía agujetas de llevar a mi novia en brazos desde el punto de la fiesta hasta el portal. Desde ese día las fiestas no volvieron a ser como antes, y por un lado me apena, porque me lo pase muy bien, pero por otro, quiero olvidar la noche en que la relación de mi novia y yo fue cada vez peor. Le he contado todo esto porque quería ser lo más realista posible en cuanto a datos, pero no me he dado cuenta de que lo que he contado es personal, pero si le sirve quiero que lo ponga.

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