Carta 41

41– Este verano ha sido uno de los cuales me han servido para darme cuenta de la amistad, yo iba con un grupo de amigas desde hacía cuatro años o así. Tenía mucha confianza en ellas y pensaba que eran mis amigas. A una de ellas, la gustaba un chico, el cual también me gustaba a mí. Ella todo el tiempo estaba con él y yo tragaba y me aguantaba, hasta que llegó un día en el que el chico este necesitaba apoyo, (porque había perdido a uno de sus mejores amigos), cuando él comenzó a llorar, esta chica se dió la media vuelta y fuí yo la que le ayudé. Algo similar ocurrió con otra de mis amigas y otro chico; él me eligió a mí para contarme sus problemas, sobre su familia, amigos, y el tema principal “la mili”. El me dió la dirección del cuartel en Cáceres y me dijo que se la diera al resto, así que al día siguiente lo hice. Cuál fue mi sorpresa cuando le dí la dirección a una de ellas y me la rompió en las narices. Ahora mismo tengo dos amigos (dos chicos) y una amiga. Con esto no me refiero a que esté aislada del mundo ni nada así, sino que en esos es en quienes puedo confiar plenamente. Mi vida ha cambiado mucho a raíz de otro tema diferente al anterior. Fue cuando me cambié de colegio. En el que estaba antes era un martirio. Los alumnos estúpidos, chulos y poco amigables. Los profesores eran “solo” profesores, muy severos y jamás te apoyaban, incluso llegaron a decirme algo así como que no tenía capacidad para estudiar, es decir ¿era retrasada? Me hacían la vida imposible, no me dejaban entrar en clase por llegar 5 minutos tarde, aún justificando, si llegaba con otras dos personas, ellas entraban y yo no. Con las notas: por mas que estudiaba no conseguía sacar buenas notas: estuve enferma durante el curso y nadie me quiso dejar los apuntes. Siguiendo con lo de antes. Ahora esas chicas no sé por qué, me ponen a caldo cuando no tienen ni idea de nada, desde llamadas a cobro revertido hasta todo tipo de cosas. El daño que me han hecho esas personas nunca lo olvidaré y aunque un amigo mío me dijo que volvería a ir con ellas seguro que no lo haré. Lo que no podré hacer es volver a irme con ellas sin que me den explicaciones y lo mas probable es que esperaran que yo las pidiera perdón, cuando en realidad yo tengo la conciencia muy tranquila por todo lo que he hecho. Cambiando de tema, otra experiencia inolvidable fue cuando vi a mi primo. Aunque suene raro es así, me explico: Mi padre discutió con su familia y desde que yo tenía 4 años no le había vuelto a ver, ni a tener contacto alguno con él. Un día iba por la calle, por Callao, con dos amigas, cuando vi a un chico muy alto, moreno,… me dió un no sé qué y supe que era él. En ese momento grité su nombre “¡Alberto!”, él se dió la vuelta mirándome con cara de asombro. Le pregunté si sabía quién era yo y me dijo que no. Yo le dije su nombre y su apellido (como el mío); él se quedó totalmente “a cuadros”. Le dije como se llamaba su padre y ya por fin le dije que era su prima. Nos quedamos los dos como verdaderos payasos, atontados, no sabiamos que decirnos. Cuando ya nos despedimos rompí a llorar como una tonta. Desde entonces tenemos contacto telefónico y quedamos alguna que otra vez, aunque nuestras familias no se hablen. He descubierto que él es muy parecido a mí en muchos aspectos. Esto me pasó hará 3 ó 4 meses, no me acuerdo. Desde entonces, aunque parezca una tontería creo en el destino, porque también coincidimos en un concierto de un cantante poco conocido. Ahora otra cosa. Yo conocía a un chico con el que me iba de pequeña. El otro día, creo que el miércoles, me puse a hablar precisamente de él, dije que era muy raro, feo… (me puse a criticarle, aunque no de mala fe). Por la tarde –ese mismo día– oí una ambulancia, pero no le dí importancia. Ya más tarde me enteré de que un coche había atropellado al chico al que yo estuve criticando. La madre de este chaval es íntima amiga de la mía. Él se fue a la UVI muy grave. Estuvo en coma 3 ó 4 días. Lo pasé muy mal, sobre todo por el sentido de culpabilidad. Ya ha mejorado y hace dos días salió ya de la UVI. El domingo cuando fui a Misa no contuve las lágrimas. No sé por qué se reza cuando todo va mal y yo lo hice. Todo lo que te he contado lo he dicho sinceramente y de verdad porque para contarte historias no lo haría. Todo esto me ha sucedido en el plazo de agosto–enero y más cosas de las que ahora no me acuerdo. De lo que menos me fio ahora es de la gente, y tengo miedo de pensar que amigos/as que creo que lo son, no lo sean y me decepcionen.

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