Cada hijo es un don

El compromiso al servicio de la vida humana obliga a todos y cada uno. Es una cuestión urgente recordarlo ante la agudización de las amenazas contra la vida de las personas.
Las opiniones contra la vida naciente proceden a veces de situaciones difíciles, de profundo sufrimiento, soledad, miedo al futuro, falta de perspectivas económicas y de trabajo. Pero más allá de estas situaciones personales o familiares, existe un problema en el plano cultural, social y político: la tendencia a interpretar los delitos contra la vida como si fueran una expresión de libertad individual que debiera ser reconocida como un derecho.
En una época en que se proclaman los derechos de la persona y se afirma públicamente el valor de la vida, el derecho mismo a la vida queda en la práctica negado, en particular en los momentos en que más necesita de los demás: cuando viene al mundo y cuando siente que su muerte se acerca. ¿Cómo pueden ser compatibles las declaraciones sobre derechos humanos y este desprecio del más débil?
Convendría redescubrir la auténtica cultura de la vida, cuya sede es la familia en su capacidad de amar y de sacrificarse, y que cada hijo, aun representando una carga, es un don en sí mismo.
Numerosas parejas tienen hoy día dificultades para decir sí a los hijos, porque contemplan el porvenir con visión pesimista. Según algunos, dar la vida a un niño sería una irresponsabilidad. Pero renunciar al hijo ¿no significa desesperar del futuro y entregarse a una resignación pasiva y apática? Con esta forma de desamor, ¿no se corre el riesgo de que el futuro sea más sombrío todavía?
No tenemos derecho a limitar nuestra mirada solamente a los diez o veinte próximos años; debemos situarnos ante un horizonte más amplio. Cada niño es para la familia y el país la primavera de la vida y el anticipo del futuro.
Es necesario apoyar y animar a los padres a quienes sobreviene una paternidad no prevista, para que acepten y acojan a su hijo, sin subestimar sus dificultades. Los ciudadanos, todos y cada uno, tenemos el deber de estar atentos a las situaciones de angustia familiar presentes o previsibles, trabajando para que las instituciones públicas y de iniciativa social provean ayudas eficaces e inmediatas a la maternidad, prestaciones familiares suficientes, desgravaciones fiscales proporcionadas, asistencia adecuada a la familia, a la madre y al niño. Es tarea de todos trasmitir a los jóvenes la ilusión por la maternidad y la paternidad. Ni las necesidades demográficas, ni las directrices políticas, ni las ayudas económicas bastan para lograrlo. Lo que realmente anima a tener hijos es tener una razón de vida, propia de personas humanas dotadas de corazón y de inteligencia. Ésta es la clave para superar actitudes y comportamientos de miedo o rechazo a la vida, y fomentar una cultura que la acepte y la respete.
Dolores Voltas
Secretaria General Federación Española de Asociaciones pro Vida

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