C.S.I: SE HA ESCRITO UN CRIMEN

Carmen de Andrés
Comparto totalmente la apreciación de la periodista Pilar Cernuda sobre la exhibición de la gala de los Goya: “un humor de caca, culo, pedo y pis jamás podrá tener la sutileza, inteligencia y elegancia del humor que Billy Cristal infunde en la presentación de los Oscar”.

Esta calificación me sirve como correa de transmisión para enjuiciar y analizar las posibles causas del batacazo de la serie española ‘R.I.S, científica’ emitida por Telecinco. Como preámbulo enumerar dos causas notorias y evidentes: la producción de esta serie ha sido de baja calidad y ha reproducido en su totalidad la idea de la estadounidense C.S.I.

Como sabéis, C.S.I (Crime Scene Investigation, “Investigación de la Escena del Crimen”), es una serie de ficción estadounidense que se centra en torno a un grupo de científicos forenses que, en su formato original, trabaja en la ciudad norteamericana de Las Vegas investigando los crímenes que en ella suceden y que, debido al éxito de esta serie, se suscitaron dos secuelas más: CSI-Miami y CSI-Nueva York.

Como apuntaba antes, una de las causas de la pérdida de teleespectadores de la serie española- se ha retirado de la parrilla de programación- se deba a su falta de originalidad. Respecto a esta carencia, decir que nada revela de manera más evidente la pobreza del ingenio que el empleo de un estilo prestado. El público siempre acaba reconociendo el esfuerzo creativo.

Pero la originalidad por si misma no consigue la excelencia. Ésta se consigue mediante un trabajo bien hecho, mediante la calidad que es uno los rasgos fundamentales del éxito internacional de esta serie. Me explico: la serie norteamericana mezcla magistralmente argumentos de novela y cine negro con la investigación científica necesaria para encontrar pruebas que iluminen crímenes oscuros. Además, agrega historias de interés ético entre investigadores y víctimas, enmarca cada capítulo en una estética cuidadísima y aprovecha unas excelentes interpretaciones de los actores, unos guiones de gran profundidad y de una dirección poco rutinaria.

La historia de los personajes va desarrollándose lentamente a lo largo de los episodios, contradiciendo la narración fulminante y centrada en la acción con la presentación de la víctima y la vida privada del grupo de policías-científicos, todo ello salpicado con toques costumbristas y no carentes de humor.

La ética emana en todos los capítulos. Las víctimas son el leit motiv y toda la estructura del capítulo se cimienta en torno a ésta. El crimen no es lo que motiva la historia, sino descubrir al asesino, resarcir a la víctima, reestablecer el orden roto. No hay crimen sin castigo.

El cine actual, cuando lleva a escena películas sobre asesinatos, se recrea en la escena violenta, se da más importancia a la acción que al análisis del crimen, se describe a la perfección el perfil del asesino- sus problemas psicológicos, sociales y familiares-, dejando al lado a la víctima. C.S.I rescata del cine negro y de la novela policíaca clásica la resolución del misterio, esgrime con claridad la diferencia entre el bien y el mal; unas veces en boca de los investigadores, otra por el perfil que hacen de la víctima y una última y quizá más importante, porque la justicia siempre está del lado del agredido y el buen análisis de los investigadores acaba resolviendo el agravio.

Las series españolas tienen mucho que aprender de las norteamericanas. Y no me refiero a los medios y recursos utilizados. Éstos por si solos no hacen que una película alcance la categoría de buena.

El guión es el armazón de una película. Sobre éste se enraíza la interpretación, la ambientación y la dirección. No podemos generar buen cine sobre historias mal contadas, sobre historias sin riqueza argumental, sin un lenguaje sutil y enriquecedor,-que huya de lo vulgar y grosero-. No podemos edificar relatos que no capten la realidad vital porque se conforman con lo aparente y superficial: describen una historia pero no la ven.

Para ver con nitidez nos tenemos que desproveer de convencionalismos políticos y sociales, tenemos que revestirnos de una objetividad precisa y acercarnos a los problemas reales de las personas, porque la vida cotidiana es el verdadero lugar de nuestra existencia y la grandeza del buen cine es hacer de las historias cotidianas una obra de arte.

Algunas películas de producción española siguen atrapadas en la mortaja de una conciencia social exagerada donde se describe una realidad vital teñida de vidas desdichadas y tediosas; y claro, el público empieza a huir de estereotipos soeces, mujeres vulgares y vidas extremas. La causa de esta huida hacia delante es que a la gente le gusta “palparse” como protagonista y héroe de su propia existencia.

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