BULLYING HORIZONTAL

No se trata de un fenómeno nuevo en nuestros centros, pero los graves hechos que estamos conociendo día a día han sensibilizado de tal forma a la sociedad que se ha pasado de decir que “son cosas de crios” a pensar en las graves consecuencias que pueden acarrear a un joven el hecho de verse sometido a una situación de acoso.
En estos casos es muy importante como percibe el joven la situación y como la vive. No podemos valorarla con nuestros ojos de adultos y con nuestros patrones.
Por este motivo hemos de tener la capacidad de ponernos en la piel del niño o del adolescente que sufre. A esta capacidad la denominamos empatía y nos ha de permitir valorar como vive el joven el acoso que sufre.
En nuestras aulas, calles y lugares donde los niños y adolescentes se relacionan en grupo está sucediendo algo grave y hemos de actuar para poner fin a este tipo de situaciones.

¿Qué es el bullying?

La palabra bullying la tomamos prestada del inglés y deriva del vocablo bull, toro y nos referimos con ella al que protagoniza un acoso entre iguales en niños y adolescentes. Se trata de un acoso sistemático, que se produce reiteradamente en el tiempo por parte de uno o varios acosadores a una o varias víctimas, tiene lugar ante un grupo que o bien permanece como espectador silencioso o bien participa a su vez activamente acosando en mayor o menor grado y, en general, no existe una disputa previa entre acosadores y acosados.
Los centros escolares son pues lugares propicios para ello y suele pasar desapercibido por parte del profesorado por tener lugar preferentemente en lugares alejados de la supervisión directa del adulto, es decir, en patios, servicios, vestuarios, comedores, a la salida del centro o en el transporte escolar, si bien pueden continuar el acoso en presencia del profesor en el aula de forma subterfugia sin que este se de cuenta de ello. Basta una mirada o un escrito para que el acosador intimide al acosado.
En este sentido mi propuesta sería la de dotar a los centros de auxiliares de docencia. Éstas son unas personas que aun no siendo docentes tendrían una formación similar a la de los monitores de comedor o actividades extraescolares, con formación específica en actitudes disruptivas.

¿Por qué se produce el bullying?

Los motivos del bullying hay que buscarlos más en el acosador que en el acosado, aunque las victimas más propicias suelen ser aquellas que presenten algún rasgo característico que las haga aparecer como diferentes ante los ojos de los acosadores.
Estos para justificar el acoso ante el grupo en el cual se da se ceban en estas personas en muchas ocasiones basándose en prejuicios existentes.
Desafortunadamente, todos podemos ver que algunas personas en nuestra sociedad tienen prejuicios hacia grupos concretos, como extranjeros, personas con otras opciones sexuales, etc.
Los acosadores aprovechan en ocasiones estos prejuicios que usan como justificación de sus actos, más, si cabe, ante personas en formación que aun no tienen plenamente claro lo que está bien y lo que esta mal ni del daño que pueden causar ciertas actitudes.
Los bulls suelen ser personas con ciertos complejos e inseguridades, con baja autoestima, con carencias afectivas y faltos de habilidades sociales para interactuar en las relaciones grupales, en muchos casos han sufrido malos tratos en el propio hogar o han convivido con personas con odio social o intolerantes hacia ciertas personas o grupos y presentan en cierto número de casos rasgos psicopáticos más o menos acentuados.

Los acosadores
malostratos en el hogar
convivencia con personas con odio social
convivencia con personas intolerantes
con rasgos psicopáticos

En cambio estos acosadores han desarrollado estrategias de relación social basadas en el empleo de la fuerza y son muy hábiles usando la violencia física o psicológica y creando unas relaciones de dominación-sumisión.
Hemos de tener presente que la componente psicológica de la violencia que los acosadores ejercen sobre los acosados es muy superior a la de la componente física.
Son manipuladores y en algunos casos pueden hacer creer a los adultos que se relacionan con el grupo, como por ejemplo los educadores, que ellos son las víctimas o almenos que sus actitudes surgen como respuesta a provocaciones previas de los acosados, lo cual no es cierto en la inmensa mayoría de casos.

LAS VÍCTIMAS
Si bien los acosadores presentan un perfil característico no ocurre así con los acosados.
En el bullying las víctimas son elegidas en función de la percepción de la seguridad que tenga el acosador, cobarde en el fondo, de poder llevar a cabo su acción.
En un primer momento se establece una tentativa de acoso, que si no es resuelta por el futuro acosado de forma satisfactoria, bien respondiendo mediante la agresión física, bien mediante una respuesta verbal contundente, bien poniendo al grupo donde sucede en contra del agresor, o de otros modos suficientemente efectivos, dará alas al acosador y pondrá al acosado en un plano de indefensión que, siendo percibida por aquel le permitirá incrementar su feroz ataque.
Las víctimas con el paso del tiempo se ven sometidas, su personalidad va quedando anulada y manifiestan cada vez menos capacidad de reacción ante las vejaciones que van sufriendo. De este modo va cambiando su carácter, pierden la ilusión, se van volviendo más y más introvertidas, hasta poder quedar anuladas por completo.
Cuando se encuentran en esta fase, son tan vulnerables que una palabra, una risa o un gesto los puede poner contra las cuerdas.
Algunas veces las víctimas aceptan su condición para ser admitidas en el grupo, es decir aceptan ser las personas vejadas del grupo con tal que el grupo les permita formar parte de él.
Vemos en relación a este caso como se establece esta tela de araña donde la dominación de unos y la sumisión de otros se ejerce de forma implacable, creando una dependencia del acosado ante el acosador.
Las reacciones ante los casos de acoso pueden ser muy diversas y conducir a diferentes situaciones.
Unos pueden reaccionar de forma violenta contra sus agresores, otros se pueden convertir ellos mismos en bulls, también pueden somatizar el daño recibido y desarrollar enfermedades y también pueden adoptar conductas auto lesivas que llevadas al extremo pueden derivar en el suicidio.
El terrible sufrimiento con el que viven estas personas puede pasar desapercibido por parte de los adultos, tanto padres como docentes y otras personas que están en contacto con los jóvenes.
En muchos casos se califican los hechos como chiquilladas sin importancia.
Pero lejos de ser cosas de niños esta terrible situación está dejando secuelas irreparables en muchas personas
En los casos más graves se trata de personas que se encuentran bajo tratamiento psiquiátrico, medicados y con una incapacidad patente de relacionarse socialmente e incluso de desarrollar una actividad laboral.
Los acosadores se cebaron en ellos de forma brutal, cruel, despiadada hasta que los convirtieron en lo que son, solo una sombra de lo que pudieron ser, condenándolos a la infelicidad de por vida, mientras que ellos quedaron completamente impunes.
Afortunadamente no todos los acosados acaban mal. Algunas personas que sufrieron acoso lo han podido superar en todo o en parte. Pero por bien que les haya ido quedan marcas que les acompañarán todas sus vidas.
En algunos casos han triunfado en la vida laboral porque se encerraron en los estudios como refugio a una presión social que se ejercía sobre ellos por parte de sus acosadores dentro de un grupo, privándoles así de una niñez, adolescencia o juventud completas.
Otros han destacado en el deporte, donde pudieron reforzar la autoestima y la capacidad de reaccionar ante situaciones adversas mediante su afán de superación. A la vez que les hacía sentirse suficientemente fuertes.
A veces se han vuelto especialmente locuaces y asertivos habiendo desarrollado una cierta capacidad de “marcar el territorio”, de manera que consciente o inconscientemente actúan de forma rápida en este sentido cuando perciben una situación social que pudiera parecerse a las que en su día los hicieron sucumbir al acoso.
También los hay que desarrollaron ciertas aptitudes que les desvincularon de grupos donde se pudiera dar este tipo de acoso de una forma más acusada, de modo que se hiciera más llevadera su existencia. Representando este hecho una especie de huida hacia delante.
Para que nuestros hijos no sufran estos hechos, hemos de estar alerta ante lo que les pasa a los niños, observar los cambios de conducta que tienen, si se cierran en si mismos, si no quieren salir o se pasan demasiado tiempo solos, conectados a Internet o jugando con los videojuegos, si llegan magullados a casa, si sus ropas aparecen rotas o descosidas más frecuentemente de lo propio que cabría esperar debido a accidentes fortuitos producidos en el juego o práctica deportiva.
Otro rasgo significativo es que cuando se aproxima el momento de volver a la escuela los niños pueden manifestar irritabilidad, permanecer silenciosos en exceso, encerrados en si mismos, manifestar abiertamente su rechazo a la vuelta al colegio que el día siguiente o unas horas más tarde les espera, acompañado incluso con llantos y manifestándolo explícitamente e incluso manifestar algún tipo de malestar de origen psicosomático, que les reportaría el beneficio inconsciente de permitírseles no acudir a clase el día siguiente.
Una de las cuestiones importantes y que los padres han de conocer es con quien se relacionan sus hijos y como lo hacen.
Por ello es imprescindible que tratemos de saber como se llevan con sus amigos y compañeros y sobre todo cuando nos cuentan algo sabernos poner en su lugar y dar la importancia que ellos le dan a lo que les sucede.
Hemos de tener presente que las personas que sufren esta grave situación llegan a tener tan baja su autoestima que se avergüenzan de si mismos de tal modo que son incapaces incluso de admitir lo que les sucede.

Recomendación a los Padres

En definitiva recomiendo a los padres lo siguiente:
1. Escuchar a los hijos/as con atención para conocer claramente la situación que viven estos.
2. Situarse empáticamente en el lugar de las personas acosadas para tratar de comprender como están viviendo la situación de acoso.
3. Mostrarse colaboradores en la búsqueda de soluciones a la situación de acoso sufrida por sus hijos/as y pactar con ellos las intervenciones que se deban hacer.
4. Tratar de reforzar la autoestima, que queda deteriorada, de los jóvenes afectados, así como su capacidad de relación social, que también se ve afectada. Ello no quiere decir que deban consentir actitudes que en otras circunstancias no permitirían.
5. Requerir la intervención de profesionales, como psicólogos, para ayudar a la persona afectada, dado el caso. 6. Comunicar al centro docente lo sucedido, previo pacto con la persona afectada, para que se tomen las medidas necesarias para detener y reconducir la situación.

Importante: La detección

Tengamos presente que muchos acosadores son o han sido amigos con bastante grado de intimidad con los acosados y en ocasiones alternan periodos de amistad.
El bullying puede darse entre niños y jóvenes de cualquier edad.
El bullying es un fenómeno que afecta a todas las clases sociales y se da por igual en niños como en niñas.
Es extraordinariamente importante poder detectar los casos de bullying entre nuestros alumnos e hijos. Pero, ¿Cómo? La respuesta no es fácil puesto que, como hemos dicho anteriormente, los agresores procuran no ser vistos en acción y tratan de actuar en lugares donde pueden hacerlo con mayor impunidad. El silencio de las victimas por vergüenza y por miedo a las represalias son sus aliados. El silencio del grupo también. Este silencio grupal se produce por diversos motivos no excluyentes. De una parte es evidente que uno de los motivos es el miedo que los integrantes del mismo pueden tener de convertirse en víctima. Por otro lado el acosador puede haber tejido tan bien su red y justificado sus acciones que el grupo le apoye o como mínimo le deje actuar sin cuestionarse la legitimidad.
En los centros docentes se hace necesaria una estricta vigilancia de los lugares donde se puede producir el acoso por parte de personal cualificado para hacer imposible estas situaciones.
Por otro lado hemos de mantener una estricta observación de las relaciones que se dan entre los alumnos, tanto en el aula como fuera de ella.

La presencia de los llamados líderes negativos debe ser detectada y tratar de desarrollar las acciones pertinentes para limitar al máximo su capacidad de acción. La realización de sociogramas, las entrevistas con los alumnos, las tutorías tanto individuales como colectivas, el contacto cotidiano con los padres y sobre todo una observación directa y activa de los alumnos, de su entorno relacional y de sus hábitos nos puede aportar información suficiente para sospechar lo que ocurre en muchos de los casos de acoso que se dan en nuestros centros.
También es importante que no solo nos fijemos en aquellos alumnos más ruidosos. A veces detrás de un alumno silencioso y con una conducta ejemplar se encuentra una víctima que sufre. Conocemos el caso de alumnos que viven con tal angustia su situación que tratan de aislarse totalmente del grupo, ocupando los lugares del aula que se encuentran más alejados de la vista de sus acosadores, que jamás hacen una intervención en clase y que ni siquiera levantan la cabeza de su cuaderno para tratar de pasar lo más inadvertidos posible y no despertar la cólera de sus acosadores.
Ni que decir tiene que esos alumnos tratan de eludir en lo posible la asistencia al centro. Muchas veces se inventan enfermedades para que sus padres les permitan no acudir a la escuela o instituto y en ocasiones llegan a desarrollar verdaderas enfermedades psicosomáticas que les comporten tal dispensa, lo cual ocurre de forma inconsciente.

La Prevención

Pero es mejor prevenir que curar y en estos casos una prevención a edades tempranas es vital para evitar que se acaben dando estas situaciones de acoso entre jóvenes. La escuela no solo debe ocuparse de los contenidos académicos, sino que debe trabajar las actitudes, normas y valores. Así educando en la cooperación, la tolerancia, la solidaridad, la resolución pacífica de conflictos, el respeto de las normas para la convivencia, etc. y siendo capaces de que los niños sepan situarse en la posición de los demás, es decir sepan percibir como sienten los otros que les rodean, conseguiremos formar a los futuros adultos del mañana para que sepan vivir en paz con sus semejantes.

Profesores

Por parte de los profesores es esencial intervenir del siguiente modo:
1. Escuchar a los padres que nos cuentan que han detectado un posible caso de acoso escolar.
2. Contrastar lo que han relatado los padres con otros posibles indicios que se hayan percibido en el centro por leves que parezcan. RECORDEMOS QUE EL BULLYING SE DA EN LA INMENSA MAYORIA DE LOS CASOS EN LUGARES Y MOMENTOS EN QUE NO EXISTE UNA PRESENCIA DIRECTA DEL DOCENTE, O LOS AGRESORES SE LIMITAN A RECORDARLE A LA VICTIMA DE FORMA MUY SUTIL LA SITUACIÓN DE SUMISIÓN EN LA CUAL LE TIENEN ATRAPADO (PAPELITOS CON NOTAS QUE CIRCULAN POR LA CLASE, MIRADAS, SONRISAS, ETC.)
3. Incrementar la supervisión de los lugares donde se da el acoso.
4. Evitar que queden solos la víctima y el/los presuntos agresores, para intervenir de inmediato ante cualquier indicio de acoso.
5. Reforzar (o introducir) el trabajo a nivel de clase sobre valores como la convivencia pacífica, el respeto, la tolerancia, etc. Trabajando con la empatía, es decir con la capacidad de ponerse en el lugar del otro.
6. Dado el caso tomar las medidas disciplinarias pertinentes, siempre que sea posible encaminadas a la reeducación de las actitudes desadaptadas que han propiciado la situación y compensando las carencias de tipo afectivo, relacional, etc. que las causaron.
7. Implicar a los padres de los alumnos acosadores, haciéndoles ver que es bueno para estos alumnos que se reeduquen estas actitudes para que su futura vida social sea plena y basada en los valores antes mencionados.
8. Exigir de la administración los medios necesarios: profesionales, formativos, económicos, etc. para poder intervenir en los casos que no sea posible con los medios del centro.
El profesorado hoy día está desbordado ante tantas y tantas situaciones de las que debe ocuparse y para poder intervenir en estos y otros casos debe contar con el apoyo de la administración y tener capacidad de intervenir para cortar de raíz las conductas disruptivas que tan frecuentemente se producen en nuestros centros. Por ello se hace necesario que la normativa sobre derechos y deberes de los alumnos dote a los docentes de los recursos necesarios al respecto, para que puedan sancionar adecuadamente a los alumnos que distorsionen la convivencia en el centro. Evidentemente las sanciones deben conducir a la reparación y compensación del daño social causado.
Solo asumiendo cada uno nuestra responsabilidad y actuando con seriedad y rigor, sin bajar la guardia podremos atajar este y otros problemas de convivencia en nuestras escuelas e institutos.
http://www.anpebcn.com/sosbullying.html

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