Buenos hábitos de consumo

La educación de los consumidores en unos buenos hábitos de consumo incide directamente en la consecución de una buena calidad de vida. Esto implica que los consumidores son una parte activa muy importante en el proceso de producción económica de la sociedad y que sus decisiones de compra pueden determinar desde la reducción de la contaminación del medio ambiente, hasta la prevención de riesgos en su salud, pasando por la educación de los menores en la cultura del consumismo. Un consumo consciente, solidario y responsable está al alcance de todos con algo de voluntad y reflexión a la hora de ir de compras.

Consumo y calidad de vida

El consumo responsable de productos y servicios no sólo ayuda a recortar gastos y a evitar deudas, sino que también incide directamente a la hora de conseguir una buena calidad de vida. Nuestra salud y la de nuestra familia dependen de un entorno adecuado y un ejercicio físico regular, entre otros factores, pero sobre todo viene determinada por la ingesta habitual de una dieta saludable. El primer paso de toda alimentación familiar equilibrada empieza en el supermercado.

Un consumo marcado por la necesidad apremiante de satisfacer deseos individuales y los nuevos estilos de vida, condicionados por la falta de tiempo, hacen que comer sano y equilibrado no sea nada fácil. Pese a que el consumidor tiene más información que nunca sobre las propiedades nutricionales de los alimentos que compra, los trastornos alimentarios como obesidad, bulimia y anorexia, no paran de aumentar entre la población.

Las últimas encuestas sobre hábitos de compra de comestibles reflejan datos sobre un consumo elevado de platos precocinados, que están presentes en un 20% de las comidas y las cenas, y que el 15% de los encuestados reconoce que llena el carro de la compra con lo que le apetece. Las patatas, el pan, los huevos y las frutas son los alimentos más apreciados y aunque el pescado azul, las hortalizas, las legumbres y las verduras son más saludables, se consumen en menor medida que los anteriores porque gustan menos.

El carrito de la compra debe llenarse según un plan de dieta sana y equilibrada, siguiendo una ordenada lista preparada en casa y sin sucumbir a las tentaciones de las compras compulsivas, los caprichos o la abundancia sin sentido.

Consumo responsable con el medio ambiente

Unos buenos hábitos de consumo también pasan por procurar un consumo responsable con el medio ambiente. Cualquier pequeño gesto de los consumidores, por muy sencillo que sea, a la hora de pensar sus compras desde el punto de vista de sostenibilidad de los recursos del planeta incide directamente en la mejora de su entorno.

Ir a la compra con carrito o cesto para reducir el consumo de bolsas de plástico, elegir un vehículo por su bajo consumo de combustible o comprar una lavadora que economice en agua y electricidad, son algunas de las opciones que contribuyen a la conservación del planeta. El consumidor responsable sabe seguir los principios de “las tres erres”:

Reducir: comprar sólo lo indispensable
Reutilizar: libros, ropas, material escolar, etc. pueden pasarse entre hermanos, familiares o donarse a organizaciones de beneficencia, tiendas de segunda mano, etc.
Reciclar: por ejemplo, siguiendo la política de los contenedores que separan los materiales que se desechan.
Los padres pueden educar a sus hijos en estas pautas de consumo responsable explicándoles la importancia de no despilfarrar el agua, apagar las luces cuando se sale de una habitación, reutilizar libros y ropa de sus hermanos mayores, etc. Incluso es posible ampliar la teoría de “las tres erres” animando a los menores a regalar todos aquellos objetos que ya no necesiten y que puedan servir a otras personas.

El consumo sostenible no sólo es aquel que reduce el desgaste de los recursos naturales y disminuye las emisiones de desechos y contaminantes, sino que también se refiere a interiorizar unos hábitos de consumo más ecológicos. Por ejemplo, optando a una dieta rica en productos procedentes de la agricultura ecológica o consumiendo productos locales y de temporada.

Un consumo consciente, responsable y solidario puede ser la clave para mejorar la calidad de vida de las familias y de su entorno.

Responsables también “online”

Una vez superados los prejuicios y el desconocimiento que se suele tener hacia las adquisiciones a través de la red, cada vez son más los consumidores que pierden el miedo a llenar la cesta de la compra por Internet, porque comprar sin salir de casa tiene sus ventajas. El comercio online, o e-commerce, ofrece buenas oportunidades de ahorro de tiempo y dinero, de una forma segura y con confianza. Sin embargo, es importante aplicar también aquí unos principios básicos de consumo responsable para realizar una compra online inteligente y sin riesgos.

Informarse bien sobre el producto o el servicio para poder elegir la mejor opción. Los buscadores de comercio electrónico online permiten comparar de manera rápida los distintos precios y modelos del producto que buscamos, y localizar ofertas interesantes. Es importante fijarse en si el importe indicado incluye impuestos y gastos de envío.
Asegurarse de la fiabilidad de la página web en la que se compra, ya que van a confiarse datos personales y financieros. Pueden comprobarse los datos que aparecen en ella (domicilio social, NIF, correo electrónico, etc.), confirmar si está asociada a Confianza Online (el Sistema de Autorregulación integral español para el Comercio Electrónico con Consumidores y la Publicidad Interactiva) o incluso leer las opiniones y referencias de otros usuarios que hayan realizado allí sus compras.
Informarse sobre los derechos del consumidor por si es necesaria una devolución o reclamación posterior de algún tipo. Al igual que en las compras presenciales, es aconsejable guardar siempre los tickets y confirmaciones de pedido, comprobar si es posible una devolución y quién corre con los gastos de envío en ese caso.
Proteger la información personal y los datos bancarios. La forma más sencilla es comprobar que la página en la que se compra tiene el símbolo del candado, que la dirección URL empieza por https:// y que el ordenador desde el que se inicia la transacción tiene actualizado el software de seguridad (antivirus, antispyware, etc.).

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