Almudena Ortiz, “New Age, una respuesta equivocada a crisis cultural”, PUP, 5.II.03

Varios Consejos Pontificios publicaron ayer el documento “Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la “New Age””, donde advierten que este movimiento pseudoreligioso es una “respuesta equivocada” a la crisis cultural y piden a los cristianos discernir sus prácticas más populares.

El texto, elaborado por el Pontificio Consejo para la Cultura y por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, plantea en nueve capítulos una reflexión desde la fe, señala un diagnóstico sobre la “espiritualidad de la New Age” y luego da una respuesta desde la fe a este fenómeno.

RETO URGENTE

En la presentación El Cardenal Poupard advirtió que “el fenómeno de la New Age, junto a tantos otros nuevos movimientos religiosos, es uno de los retos más urgentes para la fe cristiana. Se trata de un reto religioso y al mismo tiempo de un reto cultural: la New Age propone teorías y doctrinas sobre Dios, sobre el ser humano y el mundo, incompatibles con la fe cristiana”.

“La New Age es a la vez el síntoma de una cultura en crisis profunda y una respuesta equivocada a esta situación de crisis cultural: a sus inquietudes y preguntas, a sus aspiraciones y esperanzas”, advirtió.

Asimismo, señaló que “hoy la cultura occidental seguida por otras muchas culturas, ha pasado de un sentido de la presencia de Dios casi instintivo a lo que se llama a menudo una visión más “científica” de la realidad”. Para ello hay numerosas razones, entre ellas el paso de las formas tradicionales de religión a expresiones más personales e individuales de lo que se llama “espiritualidad””.

“La convicción creciente de que existe una determinada verdad de fondo, un núcleo de identidad en el corazón de toda experiencia religiosa ha llevado a la idea de que uno pueda y deba apropiarse de los elementos característicos de las diversas religiones para llegar a una forma universal de religión”, observó el Purpurado.

En este sentido, reiteró lo que afirma el primer capítulo del texto: “El documento guía a aquellos que se dedican a la pastoral en la comprensión y en la respuesta a la espiritualidad de la New Age, tanto explicando los puntos en que esta espiritualidad entra en contraste con la fe católica como rechazando las posiciones expuestas por los pensadores de la New Age en oposición a la fe cristiana”.

SABER DISCERNIR

Mons. Fitzgerald afirmó que el documento reconoce un “verdadero sentido religioso en las personas influidas por la New Age”, pero subrayó al mismo tiempo que “es necesario llevar a cabo una distinción cuando se habla de diálogo”.

“Una forma de diálogo es el que se efectúa con los que adhieren a religiones constituidas y comprende el encuentro y la comprensión recíproca, la colaboración en favor de la paz y el desarrollo, el intercambio sobre valores espirituales comunes. Otra forma consiste en acompañar al individuo en su búsqueda”, aclaró.

El interés por la corriente New Age, según el Vaticano, responde a una búsqueda de espiritualidad y tiene elementos correctos; pero, como acercamiento a lo divino, «es la respuesta errónea a una situación de crisis cultural». Se trata de «una falsa utopía, una respuesta engañosa a la esperanza más antigua del hombre, la esperanza de una Nueva Era de paz y armonía», advierte en un documento. Al mismo tiempo, señala que las cautelas frente al esoterismo, el neopaganismo o la brujería no deben caer en la exageración, como algunas condenas a Harry Potter.

Uno de los autores del documento, el sacerdote Peter Fleetwood, precisó que «una cosa es la brujería y otra la fantasía. Todos hemos crecido en un mundo de magos y de hadas que no es anticristiano, sino que ayuda a los niños a entender el conflicto entre el bien y el mal». Según la doctora Teresa Osorio Gonçalves, coautora del texto, «las condenas a los libros de Rawlings o de Tolkien vienen de fundamentalistas protestantes americanos. Pero cuando un niño vive en un ambiente sano, estas obras no plantean problema alguno».

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