ALGUNAS IDEAS CLARAS SOBRE LA ACCIÓN TUTORIAL

Para situarnos. No pretendo hacer un bello discurso sobre el papel orientador de un profesor con sus alumnos, de un profesor educador, y valga la redundancia porque la enseñanza es en sí educación y todo profesor educa aunque no se lo proponga explícitamente.

Sólo pretendo subrayar algunos aspectos muy básicos de una tarea que se viene ejerciendo desde hace muchos años en la carrera docente: la que es propia del llamado tutor, es decir, de quien se ocupa individualizadamente de unos alumnos determinados, o lo que viene a ser lo mismo: de individualizar el proceso educativo general, personalizándolo.

Mi intención es la de subrayar alguna ideas que hemos de tener muy claras si queremos que nuestras entrevistas con los alumnos —y con sus padres también— tengan garantías de ser eso y no otra cosa distinta.

1. Primera idea clara. Al afirmarla, me baso en mi estudio de la cuestión, en mi experiencia de muchísimos años, y en el sentido común que es tan necesario en educación y que hoy parece que se pierde en ocasiones.
Hace algún tiempo, el Director de un Colegio me invitó a dar una charla sobre “la entrevista”. La entrevista que un tutor o preceptor mantiene con un alumno. Y mi primera reacción fue decirle que la entrevista no es una pieza suelta entre otras, algo así como una “técnica” —como puede ser la navegación en Internet, o la conducción de un coche— que basta con aprender cómo funciona, y practicarla después, para que dé un resultado positivo. La entrevista no es una simple técnica porque es un encuentro interpersonal —entre dos personas que son cada una como son—; un encuentro en el que no cabe predecir exactamente lo que va a ocurrir en él, que no obedece a pautas fijas, previsibles, y concretas, como ocurre cuando nos proponemos enseñar cálculo, o reglas gramaticales, o las variedades de flores y plantas o de animales, o cuando enseñamos química inorgánica o matemáticas superiores. En este caso cabe, y se debe, precisar los contenidos que hay que aprender y la metodología más adecuada para que el alumno los aprenda. Y punto.

2. Segunda idea clara. Una entrevista determinada o, mejor, una serie de entrevistas, es un componente esencial de la educación, y no un añadido que queda bien y hace “marketing” ante lo padres, la sociedad y las autoridades administrativas. Y es que la educación se resume en enseñanza y orientación, las dos caras de una misma moneda, que es la educación. Es un componente esencial en la relación de ayuda que une a un profesor que se propone formar y no sólo informar a sus alumnos, y a un alumno que admite y acepta de grado —aunque a veces la rechace por ciertos motivos circunstanciales— la ayuda que su profesor le ofrece. Una ayuda que va encaminada, nada menos, que a orientar al alumno en el comienzo de su proyecto de vida. Para lo cual es necesario ayudarle a aprender conocimientos y a vivir virtudes que hagan realidad vivida eso valores de los que hoy se habla tanto. Eso es enseñar y orientar. Eso es educar.

3. Tercera idea clara. El papel de todo educador —profesor, profesor con encargo de preceptor, tutor, o como quiera que se le llame, y también el de los padres de familia— es el modesto papel de “ayudante”, de cooperante: el de AYUDAR al crecimiento del otro, del alumno, del hijo, que es quien en definitiva se educa, crece y se desarrolla, al mismo tiempo que nosotros también nos enriquecemos en nuestra persona al dedicarnos a ayudar a otro. Y aquí viene como anillo al dedo la acepción agrícola de la palabra tutor, que es toda una metáfora de lo que estoy diciendo: «Tutor. Caña o estaca que se clava junto a un arbusto o árbol joven para mantenerlo derecho en su crecimiento».

4. Cuarta idea clara. Lo que ocurre es que un tutor, un preceptor, no es un palo seco, una estaca fría, un instrumento material, o una “herramienta”, como hoy se suele decir de los procedimientos en cuanto tales. No. El tutor es una persona, un hombre —varón o mujer—, y no un palo seco. Tampoco es fundamentalmente un técnico, sino más bien un experto en humanidad. Y lo mismo cabe decir de la planta. La planta es un ser vivo pero sin conciencia de serlo. El alumno crece como la planta, apoyado en su tutor, pero es una planta inteligente y libre —para mayor complicación—, porque es también persona humana. Lo importante de la metáfora es que el tutor, —el palo recto que ayuda al recto crecimiento del arbolillo en su primer desarrollo— es tan sólo una AYUDA: la que crece es la planta, es el alumno. Pero en nuestro caso, al ser ayuda entre personas, se establece —debe establecerse— una relación humana cien por cien: inteligente, racional, y afectiva en su justa medida. No debe faltar el calor humano: la actuación del tutor no cabe deshumanizarla, aunque se debe ser muy prudente a este respecto. Volveremos a ello después.

5. Quinta idea clara. Lo más importante son las personas. Al tratarse de una relación entre personas, lo primero de todo es conocer bien a las personas y que las personas se conozcan a sí mismas: que el tutor en primer lugar se conozca a sí mismo en la medida en que esto es posible y se muestre ante el alumno como es, con autenticidad; y en segundo lugar, que conozca a su alumno del modo más acabado, y que el alumno conozca al preceptor suficientemente bien porque éste no oculta su modo de ser. Lo cual es también muy recomendable a padres y madres respecto de sus hijas e hijos.

Y como es tan difícil tanto una cosa como la otra, surge de inmediato la pregunta práctica: Sí, pero ¿cómo? ¿Haciendo toda una licenciatura en psicopedagogía?… ¿O Magisterio?… ¿Estudiando por libre algo de psicología?… ¿O bien discurriendo, reflexionando e induciendo conclusiones de la propia y personal experiencia hasta el momento?… Todos esos medios son válidos. Otra cosa es que sean viables, que sean posibles.

Yo siempre fomento el recuerdo de experiencias personales y ajenas en situaciones difíciles, para inducir qué rasgos del carácter y la personalidad propios, o de la persona que nos prestó ayuda en algún momento de la vida, influyeron decisivamente en la solución de esa difícil situación; y qué recursos o procedimientos hicieron que una ayuda, del tipo que fuese, resultara eficaz, es decir, formativa o transformadora. Ello, antes de ponerse a estudiar o a consultar bibliografía. Me parece de sentido común.

6. Sexta idea clara. Para tenerla en cuenta especialmente en segundo ciclo de E.S.O. y en Bachillerato (alumnos entre 15 y 18 años, en plena adolescencia). Orientar a una persona, apoyarla en su crecimiento, no se opone a la libertad de esa persona, de ese alumno. No sólo no se opone a su libertad, sino que la potencia, al ampliar el campo de sus elecciones y opciones libres. El ayudarle a que se conozca mejor, con sus cualidades positivas y negativas, aumenta la capacidad para elegir su proyecto personal, académico y profesional; el informarle sobre su naturaleza humana y personal, abierta a la trascendencia —trascendencia humana, de servicio a la sociedad; trascendencia divina, como hijo de Dios—, es un poderoso medio para que tome conciencia de ello y pueda elegir libremente comportarse como tal, como persona en plenitud. Son cuestiones que tienen todo que ver con el sentido de la vida: ignorarlas un alumno porque no se le han enseñado, porque se piensa erróneamente que coacciona su libertad, reduce lastimosamente su proyecto de vida, o puede dejarlo inacabado, cuando no roto.

No me resisto a transcribir una cita impactante de un asesor de empresarios:
«El hombre nace. Y por este solo hecho tiene toda la dignidad y los derechos que le da la herencia humana y que los otros hombres deben respetar. Pero sólo “haciéndose” goza en realidad y personalmente de su herencia. Desgraciadamente, la humanidad arroja en sus cementerios de todas las épocas montones de cadáveres de hombres y mujeres que pasaron por esta vida y se fueron, dejando inacabada su grandeza: «Aquí yacen los restos mortales de un proyecto de hombre». Ésta podía ser la leyenda sobre muchas lápidas de nuestros camposantos. Algo que no llegó a ser lo que podría haber sido. Por culpa suya y por culpa de los otros hombres. Como en los cementerios de coches que hoy llenan las entradas de muchas de las grandes ciudades. Coches viejos unos, destrozados otros y todos listos para chatarra. También podría escribirse un letrero en su entrada que dijera: «Aquí se amontonan los restos de automóviles grandes y pequeños, buenos y regulares, muy viejos y casi nuevos, caros y baratos, pero que merecieron tener mejores conductores».
Esos conductores, esos guías, son especialmente los tutores, aunque lo son en primer lugar los padres, con quienes tienen que trabajar conjuntamente, en cooperación.

7. Séptima idea clara. Como la principal responsabilidad, en la relación de ayuda que une al tutor con el alumno, recae en el tutor, éste debe poseer un conjunto de cualidades personales —unas, innatas por su personal temperamento, y otras adquiridas quizá con esfuerzo— que implican actitudes o disposiciones favorables a su misión; y también algunas capacidades o aptitudes. Pero de esto hablaremos en otra ocasión.

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