ADORABLE PANTALLA

Susana Moreu
Me comentaba una amiga, que su hijo de 16 años, por fin se había independizado… ¡pero a su cuarto! Me decía: “Su habitación es todo un búnker provisto de ordenador, tele, play, teléfono, no necesita nada del exterior… salvo comer y ropa limpia, que a regañadientes le tengo siempre al día” “La verdad es que a mi marido y a mí nos preocupa, porque que no se dirija a nadie de casa salvo para pedir algo pase, pero que no pegue ni chapa, ¡eso clama al cielo!”

Al igual que resulta muy cómodo “enchufar” a los peques a la tele durante horas y horas, esos eternos veranos o aburridas tardes en casa… más socorrido es conectar a nuestros adolescentes a cualquier tipo de aparato. Ya que si los niños aburridos dan guerra, no te cuento un adolescente en sus dos versiones, ella o él. Y es que el número de horas pasado por los miembros de la familia frente a la pantalla en sus distintas variantes, es directamente proporcional al grado de “armonía familiar”. Los más pequeños viendo peli tras peli, entre medias, los dibujos de la tele, mientras desayunan, comen, meriendan o cenan. Los más mayores con el Chat, Internet, descargando películas, la play… y los padres estrechando lazos con personas que se encuentran a miles de kilómetros, mientras se vuelven entre ellos auténticos desconocidos a pesar de vivir bajo el mismo techo…

Es prioritario que hagamos del tiempo que compartimos en casa un tiempo de familia. Esto no significa que la televisión o el ordenador sean incompatibles, pero si dedicamos gran parte de nuestro escaso tiempo a esto, es que no tenemos claro lo importante. Puede que esté al loro de los últimos movimientos de la bolsa en Japón y no me haya enterado de que mi hijo coquetea con las drogas.

La convivencia familiar es un bien insustituible, cuya ausencia no tiene compensación en el tiempo. Siempre necesitamos de los demás, pero más que nunca en la adolescencia. Al igual que es importante el periodo de forja, lo es más el periodo en el que se solidifica, cristaliza la educación que hemos recibido. El joven necesita a sus padres más que nunca y necesita de las relaciones con sus iguales, persona a persona, cara a cara para forjar su propio carácter. Esconderse tras el anonimato de la pantalla refuerza sus miedos, chicos introvertidos terminan por preferir amigos virtuales a los reales. Ya que los amigos de carne y hueso comprometen, exigen, y una amistad virtual no implica nada, es más, en la red puedes ser lo que quieras.

No podemos pactar con esa aparente armonía, ya que la paz es consecuencia de la guerra. Es decir que hay que currárselo. Es un grave error parchear los conflictos buscando una falsa tranquilidad frente al televisor. Lo normal es que en un hogar existan tensiones, y las tensiones se resuelven con diálogo, dedicación, hay que implicarse y esto requiere esfuerzo, principalmente de los padres, en una palabra lucha.

Buscar opciones al ocio tecnológico es un trabajo que compensa, sobre todo cuando este ocio, quita tiempo de juego, estudio o convivencia familiar.

Ir al parque en vez de poner una peli, fomentar que nuestros hijos traigan los amigos a casa en vez de que chateen con ellos, apagar la tele para entablar una conversación… nos implica más, pero nos catapulta a una mayor calidad de vida, y en definitiva a una FAMILIA DE CALIDAD.

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