Acoso entre alumnos

El “bullying” es un fenómeno de actualidad y hoy analizamos, con ayuda de un experto, en qué consiste, cuáles son las causas y cómo combatirlo. DDN 16/11/04

Últimamente se habla mucho del «bullying», el maltrato entre iguales que se produce en el medio escolar, especialmente desde que un joven de 14 años de Fuenterrabía se suicidase tras ser presuntamente hostigado por compañeros. Sin embargo, para Teodoro Hernández de Frutos, sociólogo de la UPNA, que lleva años investigando este tema, «”bullying” ha habido siempre, sólo que es ahora cuando se le está empezando a prestar atención».

Hernández es autor, junto a otros investigadores de la UPNA, del estudio Aportaciones teorico-prácticas para el conocimiento de las actitudes violentas en el ámbito escolar, que fue promovido por el Instituto Navarro de la Mujer y que incluye una encuesta a más de 600 alumnos de secundaria de Navarra. Un dato es que la violencia «bullying» afecta a entre un 7 y un 10% de la población escolar. O que al menos un 25% de los alumnos se han sentido amenazados alguna vez.

Los alumnos de 3º de ESO (13 y 14 años) son los que más sufren y ejercen el acoso escolar. Los chicos de esta edad suelen desarrollar una violencia física con sus compañeros y las chicas, en cambio, llevan a cabo una violencia verbal y de exclusión (hacen el vacío o dejan de lado a algunos compañeros). Estos datos los recoge el informe sobre acoso escolar que elaboraron dos profesores de Sociología de la UPNA en 2002. Teodoro Hernández de Frutos y Esther Casares entrevistaron a 603 alumnos de ESO para ver el sistema de convivencia.

De su investigación se desprende que de todos los casos de bullyng, el 1,8% son graves, el 10% moderados y el 50% leves. El informe también destaca que la mayoría de las agresiones se producen en centros de Pamplona y Comarca. Y que los jóvenes que viven sólo con un familiar (padre o madre) se meten más con sus compañeros que aquellos que conviven con más familiares. Además, prosiguen, cuando el alumno tiene una buena relación con su familia y está contento en el colegio, no suele acosar a sus compañeros.

Según el estudio, la violencia se puede desarrollar en cualquier espacio del colegio (patios, baños, pasillos…) Sin embargo, en las aulas es donde siempre «suele surgir la chispa», el detonante del problema.

El tipo de bullying más frecuente se traduce en insultar, reírse de los compañeros o ponerles motes. En el extremo opuesto está el hacer chantaje a los compañeros para pedirles dinero. El 26% de los alumnos confesaba que alguna vez habían visto a un compañero abusando de otro.
Pero, ¿qué es el «bullying»? Lo analizamos en detalle con la ayuda del profesor Teodoro Hernández:

Qué es.
El «bullying» hace referencia a un grupo de personas que se dedican al asedio, persecución y agresión de alguien, o bien a una persona que atormenta, hostiga o molesta a otra. Aparecen cuatro aspectos claves:
a) ataques o intimidaciones físicas, verbales o psicológicas, destinadas a causar miedo, dolor o daño a la víctima;
b) abuso de poder, del más fuerte al más débil;
c) ausencia de provocación por parte de la víctima;
d) repetidos incidentes entre los mismos niños o jóvenes durante un tiempo largo y sostenido.

Tipos de abusos.
Los chicos suelen desarrollar una violencia física, y las chicas, verbal y de exclusión
Pueden ser físicos (golpes, empujones, patadas…), psicológicos (burlas, poner motes, amenazas, gestos obscenos…), relacionales (dar de lado, aislar, extender rumores maliciosos…) o económicos (exigir dinero o cosas, robar…).

Perfil del agresor.
Suelen ser grupos de chicos (45%) o de chicos y chicas (23%), o un chico solo (14%). Más raros son los grupos de chicas o chicas solas. Suelen ser chicos conflictivos, que no se identifican con el colegio, a veces con problemas familiares, sobre todo de falta de supervisión y control. A veces hay consumo de drogas y alcohol. Buscan chivos expiatorios para purgar sus problemas y frustraciones. Obtienen satisfacción a través de la violencia para reafirmar su personalidad y su posición de liderazgo. No controlan sus impulsos y emociones. Los chicos tienden a los abusos físicos, seguidos por los psicológicos, y las chicas, a los psicológicos y relacionales.

Perfil de las víctimas.
Puede ser cualquiera. Pero puede haber rasgos que hagan especialmente vulnerables a algunos, como ser tímido, introvertido, hiperactivo, encerrado en sí mismo o tener alguna característica física que le diferencia (estar gordo, llevar gafas, ser bajito) o bien una característica académica, como ser «empollón» o llevarse bien con los profesores («pelota», para el agresor). Los efectos del «bullying» en la víctima pueden ser devastadores: se siente violentada, desprotegida, humillada, insegura, aislada, indefensa.

Dónde se da.
En cualquier centro y, según el estudio en Navarra, en cualquier parte de él: en el aula, en el patio, en los pasillos, en los aseos… aprovechando que no está el profesor o incluso en su presencia. También, en los alrededores del centro, en los lugares de ocio, etc.

Qué hacen los demás.
La mayoría de quienes no son ni víctimas ni agresores permanecen como meros «espectadores» y no hacen nada.

Violencia machista.
El estudio de Hernández reveló también la persistencia de ideas y actitudes machistas entre los más jóvenes. Por ejemplo, no eran pocos quienes decían que «las chicas son más débiles que los chicos», «las mujeres están más adaptadas para cocinar y planchar que los hombres» o, peor, que «es comprensible que un chico pegue a una chica si ésta antes le ha insultado».

La «ley del silencio».
Uno de los problemas es que no es fácil detectar el «bullying» y sobre todo conseguir pruebas, ya que impera una especie de «ley del silencio». Tanto las víctimas como los «espectadores» tienen miedo de hablar, por las posibles represalias. Y, sin embargo, como dice Teodoro Hernández, es necesario atajar esta violencia; se trata de una cuestión de «derechos humanos».

MITOS

Mitos. Ideas preconcebidas, Creencias que Alimentan la CONFUSIÓN

1. «Han sucedido desde siempre y no pueden cambiarse»
Estas creencias inciden en «que no se intervenga» en la búsqueda de una solución.

2. Esas agresiones «son cosa de los chavales», como sinónimo de poco importante.
Las edades clave son de diez a quince años. Hay un primer tramo, de diez a doce, en el que se comienzan a fraguar las relaciones interpersonales de manera importante. Aquí hay bastante frecuencia de casos. De doce a quince años, los casos se dan menos, pero son los más graves.

3. El síndrome de Estocolmo del Menor
La sintonía interna (o externa) con el ‘bully’ se da cuando los iguales (o el adulto testigo) asumen en su interior esa inmoralidad, miran para otro lado y la víctima queda sola. Aquí entraríamos en el fenómeno del gregarismo y de amoralismo ético. Evitar y evadir todo conlicto de conciencia (“a mí que me registren…”) (con lo cual el síndrome de Estocolmo se convierte en síndrome de Pilatos).

4. La violencia en centros educativos es una «respuesta a una provocación»
Como argumentan los agresores o los testigos (“algo habrá hecho”, “que espabile”, “así se hace fuerte”). Esa idea es especialmente peligrosa porque hace al agredido «doblemente víctima» ya que se le considera culpable del suceso.

5. El agresor no mide las consecuencias de sus actos, no tiene capacidad responsable.
«El niño acosador tiene una mentalidad maquiavélica y necesita ayuda psicológica». El agresor «no tiene un pelo de tonto, sabe mentir estupendamente, enreda a los adultos, y acusa y atribuye la provocación a la víctima». El agresor sabe que lo que está haciendo está mal. Esto está muy estudiado. No se trata de un burro inconsciente. Es alguien de mentalidad un poco maquiavélica, que busca siempre una justificación a sus actos: «Es que se lo buscaba», «es que es tonto…».

6. No notamos nada. Parecen felices.
Normalmente los padres no se enteran y si lo hacen es de forma accidental pues alguien próximo al niño (un compañero de clase o un hermano) es el que da la voz de alarma. El principal motivo por el que un niño no explica en su casa lo que le están haciendo en el cole es porque NADIE le ha dicho que es bueno decirlo
Como los protagonistas saben que es una conducta prohibida e indecente, procuran ocultarlo y actúan en los sitios oscuros, físicos y psicológicos. Por ejemplo, pasillos, aseos de colegios, salidas de patio… También dentro del aula, pero de forma oculta. Es un fenómeno que se ubica en el microsistema de los iguales, en donde los niños se comunican sin compartirlo con los mayores.
Un niño no explica en su casa lo que le están haciendo en el cole porque NADIE le ha dicho que es bueno decirlo. Y eso se reviste de un montón de excusas: no querer ser chivato, no aparecer como débil, no preocupar a los padres, o bien creer que nadie puede hacer nada dado que el “Bully” (acosador-matón) es más fuerte que los propios padres.

7. Los profesores «no se enteran» de que están ocurriendo esos incidentes.
Los docentes lo saben o lo intuyen, pero «muchos» minimizan el problema o carecen de técnicas de resolución de conflictos.

8. Los afectados son chic@s problemátic@s
Suelen estar en el grupo de los buenos estudiantes, suelen ser psicológicamente menos fuertes y asertivos, en el sentido de enfrentarse a las agresiones y no afrontarlas…

9. El síndrome del chivato o del pelota-esquirol
Los compañeros miran para otro lado cuando se producen las agresiones, físicas o psicológicas. El 85% de los alumnos se enteran de las agresiones. Realmente es un fenómeno que se ubica en el microsistema de los iguales, en donde los niños se comunican sin compartirlo con los mayores. No se quiere ser chivato, ni aparecer como débil.

10. “No es para tanto…”
El suicidio y el asesinato son los efectos más graves del acoso. Se dan muy poco, pero se dan… El acoso puede llevar a la víctima al suicidio. En Suecia, en 1978, se suicidaron sucesivamente y en pocos meses tres niños tras sufrir acoso escolar. A partir de ese momento, el Gobierno sueco hizo el primer estudio de bullying que se conoce. Los suicidas de la escuela Columbine, en Littleton, Colorado, fueron a jugar a los bolos antes de liquidar a tiro limpio a sus compañeros y morir ellos mismos (de ahí el título Bowling for Columbine, de Michael Moore).

11. Escarmiento punitivo al provocador. Verás cómo se le quitan las ganas.
¿Hay que buscar culpables? Una cosa es impunidad y otra irrresponsabilidad. Se tienen que depurar responsabilidades. Si no se aclaran responsabilidades, el fenómeno se puede repetir más de la cuenta. El culpable es una figura que, como estamos hablando de juventud y de infancia, no es necesariamente útil. Es muy importante que el clima de la escuela comprenda lo qué ha ocurrido y que se aclare.
Frente al chico “bully” es recomendable una terapia intensiva por un psicólogo fuera de la escuela, así como un “control- positivo” de sus acciones, se le ha de valorar cada vez que actúe bien.

12. Ya se pasará. Todos hemos pasado por esto.
La violencia deja huella en todo el mundo. No sólo en la víctima. En los agresores, las huellas son muy importantes a corto, medio y largo plazo. También deja huella en los testigos. El pensar que quizás se podría haber hecho algo es muy duro para mucha gente. No deja indiferente a nadie. Deja secuelas.

13. El bullying escolar va en aumento
Lo que está en auge es la búsqueda de transparencia. Faltan datos recientes. Ahora hay maltrato y seguramente lo hubo antes. Y es menor el porcentaje de incidencia que en la UE.
El último informe del Defensor del Pueblo, realizado en 1999 con encuestas a 3.000 alumnos de la ESO, destacaba que más del 30% de los escolares declaraba sufrir agresiones verbales con cierta frecuencia y cerca de un 9% amenazas con la finalidad de meterles miedo.

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