20 testimonios sobre la Navidad

Una sufrida e irresistible búsqueda de Dios
-«Tengo anticuerpos del SIDA muy avanzados, y a mí quien me está levantando es Dios, porque soy muy cristiana.
Si no fuera por eso, no me quedaría nada», nos dice una mujer en la calle.
-«No le veo significado. Es un cuento de fiestas, inventado» comenta un policía que estará de guardia en Nochebuena.
Si interesa saber lo que unos desconocidos, nada emblemáticos, dicen de la Navidad, no es para sacar conclusiones sociológicas.
Ni para llevarnos las manos a la cabeza. Ni para ponernos manos a la obra. Jesucristo nace hoy como hace dos mil años. Llega por pasión por el hombre, por todo hombre. Esta es una sencilla aproximación a los corazones de seres humanos que esperan al niño Dios, algunos sin saberlo.

Nos echamos a la calle para preguntar por la Navidad a los que están fuera del «canon», a los que pasan la Nochebuena trabajando o la celebran con lo que han recibido de la pública limosna.
Al primero que encontramos es a Alfonso. Lleva más de quince años fuera de su patria, Holanda, y desde entonces vive de la mendicidad. Le preguntamos: ¿Qué es para ti la Navidad? ¿cómo la vives?
Alfonso, mendigo
-Son fiestas muy tristes para nosotros. Yo hablo por mí y creo que para toda la gente de la calle son tristes. son fiestas tristes por que pensamos en la familia y pensamos en lo que no tenemos. Yo soy holandés. Me acuerdo de mi país y de mi familia. La Nochebuena es buena para todo el mundo; para nosotros también, porque es la noche del Señor y para nosotros también vale el Señor.
Alfonso, como muchos de los encuestados, tiene un sentimiento difuso de esperanza, una melancolía…; habla de una promesa de felicidad no definitivamente abandonada.
Paco, gitano
Paco, que en estos días vende pinos y musgo para belenes en la Plaza Mayor, no da abasto al trabajo y cuando le preguntamos, la respuesta es mecánica: «Lo más bonito que puede existir en el mundo», y sigue trabajando sin hacernos el menor caso. Otro compañero suyo, de mala gana nos responde: «Es una tradición y la celebramos. Celebramos una cosa del Señor que ha sido de toda la vida». No sacamos más y seguimos buscando a gente «no empadronada».
Franz el mimo
Nos topamos con Franz -balbucea cuatro palabras en español-. Ha venido desde Polonia e inmóvil y con la cara pintada de blanco saca algunos duros haciendo de estatua humana en la calle Mayor. No las tiene todas consigo, pero accede a bajar de su pedestal -una lata vieja- para respondernos. «Para mí -nos dice en un inglés no mejor que su castellano- la Navidad es rara… No me gusta la Nochebuena… No veo que haya nada que celebrar en Navidad», enarca las cejas, como disculpándose y vuelve a encaramarse a su peana con gesto triste.
Seguimos. Nos obstaculiza el paso una manifestación antinuclear. También preguntamos a algunos de estos adolescentes, más goliárdicos que revolucionarios, ¿y la Navidad? «No sé, antes era más familiar pero ahora me parece todo comercio». Un compañero de protesta añade: «La Navidad es una fecha de esperanza». Esperanza, ¿por qué? «Porque es lo que se dice, el ambiente». Ah, entonces sí, ya está claro. ¿Y respecto al nacimiento de Jesús?: «No tiene para mí ningún matiz religioso, yo los respeto y ya está». Parece que nos vamos aclarando: se necesita esperar.
Rosi la dependienta
Hemos dado con un comercio no muy navideño, a priori. Preguntamos a Rosi, dependienta de sex shop. Para ella, que nos dice que no es religiosa, las navidades no tienen ningún significado. Eso sí, «me ponen muy triste», comenta. Su compañero nos confiesa que tienen bastante más trabajo en navidades y para él «tienen significado religioso, porque nos juntamos toda la familia. No falla ningún año». No acabamos de verle nada de religioso al asunto, pero si él lo dice… Es complicado salir de este local, con su puerta de entrada y su puerta de salida. Al fin damos con la puerta correcta y salimos a la luz decembrina.
Prostituta anónima
Pese a los anuncios, aún no es navidad. Apenas recuperados, encotramos a una señora -parece, por la cabellera y la falda- ofreciéndose, apostada contra el muro. La tez negra, ¿africana? ¿hispanoamericana? No va a pasar estas navidades ni en su país, ni con los suyos, si los tiene. Apenas nos vuelve su mirada perdida, inexpresiva, para escuchar nuestra pregunta y cierra lentamente sus ojos repintados haciendo un gesto de temor con la cabeza con el que nos rechaza y pide excusas. Ni una palabra. Nada. Alrededor pulula, ocioso, el rufián: no le permite hablar, ni aún de la Navidad. De todos modos nos basta como respuesta, elocuentísima. También dice un anhelo.
El Metro y las tragaperras
Nos vamos, huimos, hacia el Metro. Descendemos las escaleras de la estación de Sol ¿qué será la Navidad para este vigilante? «Hace tres años -nos responde- que no la celebro por trabajo, así que para mí no tiene ningún sentido. Es seguir trabajando. Bueno, es algo especial. Yo me siento alegre. Yo en Semana Santa sí, pero en Navidad no veo sentido religioso».
De vuelta a la superficie nos zambullimos en una sala de juegos. Esperamos a que una adicta jugadora, señora de unos sesenta años, asida a su bolso de la compra, recoja los frutos de sus apuestas de una campanilleante tragaperras. Le preguntamos sobre el Misterio de la Navidad: «Es muy triste – nos dice-, porque todos los familiares se me han muerto en diciembre. Sí que me dice algo el significado religioso, porque yo tengo mucha fe, si no, no podría aguantarlo». Otro cliente de las «máquinas»: «Yo ese día lo dedico siempre a ir a la Iglesia por la familia que tengo muerta». Y se acaba la conversación. Un fornido encargado ha decidido que no podemos seguir preguntando a su clientela ludópata. El negocio es el negocio.
Seropositiva
Hace un frío que pela. Nos cruzamos con una mujer rubia de edad indescifrable. Envuelta en un raído abrigo de piel, tiende temblorosa la mano con un par de monedas. Una figura conmovedora de la debilidad humana, ¿sabrá decirnos qué es la Navidad? Nos responde: «Para mí la Navidad significa, desde que tengo uso de razón, una tristeza. Mi familia ha pasado muchas angustias, muchas calamidades, y a mí la vida también me ha tratado muy duro. La Navidad siempre ha sido triste. Pero Cristo tiene un significado muy importante en mi vida. Yo tengo una enfermedad bastante grave, tengo anticuerpos del SIDA ya muy avanzados, y a mí quien me está levantando es Dios, porque soy muy cristiana. Si no fuera por eso, no me quedaría nada». Sí, sí sabe.
Policía
Hay que seguir, también queremos saber lo que nos tiene que decir un policía que pase la Nochebuena de servicio, con qué devoción la vive: «Me gusta estar en casa… No le veo significado. Es un cuento de fiestas inventado». Vaya con el policía.
Nos encontramos con un grupo de jóvenes, aceitunos, de pelo negrísimo, corto y ensortijado. Son marroquíes. Y musulmanes.
La Navidad de Jamal
-¿Vosotros no celebráis la Navidad, verdad?, le preguntamos a Jamal.
– Sí la celebramos. Para nosotros Jesucristo es un profeta. Lo dice El Corán. Nosotros en Navidad echamos de menos a la familia. Pero como tenemos muchos amigos aquí la celebramos y lo pasamos bien. Creemos en Jesús como profeta de Dios. La historia es diferente. Pero también viene en el Corán que María es la mejor mujer que ha existido en el mundo.
Un hombre que está escuchando la respuesta de Jamal nos dice: «Es un negocio para todas las tiendas. Soy antireligión».
Jamal nos brinda una disputa teológica inesperada: «¿No crees en nada?», le espeta.
– No, creo en mí mismo. Yo sé cuando hago bien, cuando hago mal. No necesito a nadie.
– Vamos a meternos en lo profundo. ¿Cómo naciste?
– Nací de una pareja y nada más.
– ¿Y cómo nació esa pareja? Vas a llegar a lo profundo al final. Existe una fuerza.
– Es tu creencia y la mía.
– Te equivocas.
– Cuando se ven tantas injusticias, creo que no hay nada. Si Dios fuera justo, no habría cosas malas.
– Estás equivocado. Cada cosa tiene un principio. Nosotros también tenemos que tener un principio. No se puede decir que existimos desde siempre. El cigarro que tienes en la mano ¿quién lo ha hecho? un hombre, y el hombre que ha hecho el cigarro, lo ha metido en la caja ¿de dónde ha salido?…
Un musulmán emigrante en España explica a Dios a un ex cristiano español. Esta excursión nos plantea muchas preguntas. Pero hay que volver a lo que estábamos, aunque con nuevos problemas, ¿cómo se vive la Navidad en la periferia de la sociedad?
El síndrome de Down
Al pasar por la plaza Mayor de Madrid un grupo de deficientes mentales con síndrome de Down, miran el belén y los puestos navideños. También nos acercamos para que nos cuenten qué significan para ellos estas fiestas. Enrique, del Centro de Don Orione, nos dice: «Tiene que haber entre todos mucha paz y felicidad. Hay que acompañar a los niños que se están muriendo y sufren, porque eso dice el niño Jesús». Para su amigo David, «se celebra el día que nace Jesús».
En «Alcalá Meco»
Tenemos una cita en Alcalá Meco. ¿Qué es la Navidad, Juan? Juan, que es chileno, nos dice: «Me acuerdo de mis padres y me levanto y como un poco de turrón. Religiosamente lo importante es mantenerme unido de corazón con mi familia y no traspasarles mis problemas».
Acabamos con la respuesta de Santiago, hijo de uno de los asesinados en el último atentado de E.T.A. en Madrid: «Nuestra familia estaba muy unida, mi padre era muy activo y alegre, y celebrábamos mucho la Navidad. Después de lo que nos ha pasado estos días van a ser muy duros para toda la familia».
Para la mayor parte de nuestros «marginales» -como para los que no lo son, las respuestas no varían- la Navidad hace referencia a un vago sentimiento de esperanza, de bondad, de reencuentro familiar. ¿Por qué? Nadie da razones. Pero distraídamente todos están ante una promesa de vida. Es una sufrida e irresisitible búsqueda de Dios. Formalmente el componente religioso se ciñe a la asistencia, escasa, a los oficios litúrgicos, pero el hecho de que Dios mismo haya decidido hacerse hombre y poner su tienda entre nosotros… Jesús hace dos mil años nacía en silencio; unos pocos, asombrados, se sintieron nacer al ver aquel nacimiento. Hoy nace también. Después de todo, quizás no sea lo más importante cómo celebramos nosotros la Navidad. Quizá lo más importante sea cómo ha decidido celebrarla aquel que se preocupa de cada uno de nosotros.
Coro Marín
José Antonio Ullate

La Navidad de Madre Teresa
«Nosotros no es que demos demasiado a la gente: un bocadillo y una taza de te. Pero se sienten acogidos, sienten que hay un lugar al que pueden venir, donde pueden experimentar que son amados, que son respetados.
Esto es lo que quiero que experimentéis, que probéis. Tenéis que experimentar que sois capaces de entender lo que estoy diciendo. Yo he tenido que experimentarlo para poder entenderlo. Lo tenéis que vivir sobre todo en vuestra casa. Tenéis que hacer de vuestra casa, de vuestra familia, otra Nazaret, donde reinen el amor, la alegría, la unidad. Sólo entonces podreis revelar todo esto y darlo a todos los que están a vuestro alrededor, a vuestro prójimo de la puerta de al lado.
Por eso os suplico: tratad de encontrar allí, en vuestra casa, a vuestros pobres. No permitáis que ninguno se sienta solo, indeseado, no amado; no permitáis que esto pueda suceder sobre todo a los de vuestra casa, a vuestro prójimo».
Teresa de Calcuta

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