20 FACTORES DE ÉXITO DE SU MATRIMONIO

Gerardo Castillo
El autor nos introduce en el contenido de su obra:

¿Por qué escribí este libro?

Un primer motivo: porque últimamente veo escepticismo en bastantes jóvenes de hoy (no en todos) en el tema del amor conyugal.

Se observa en ellos, por ejemplo, una clara tendencia a casarse más tarde que en épocas históricas anteriores; suele darse un retraso indefinido de la boda, y no siempre por imposibilidad de tipo económico (desempleo, empleo precario, carestía de la vivienda, etc.). Suele haber, al menos, tres causas más:

1- la sustitución del amor romántico por el “amor” utilitarista basado en el cálculo;

2- el miedo al amor comprometido;

3- el pesimismo con respecto a la posibilidad de una vida conyugal feliz (hay miedo a que el amor no dure, a llegar a cansarse de la vida en común, a fracasar en el matrimonio).

¿Por qué muchos jóvenes han cambiado la confianza por la desconfianza en el amor y en el matrimonio?

En gran parte, porque la información que les suele llegar es sesgada: no es de historias de amor, sino de historias de desamor; no es de éxito conyugal, sino de fracaso conyugal.

Un ejemplo: muchos argumentos de series de televisión giran una y otra vez en torno a la infidelidad conyugal y al divorcio. Los jóvenes, de ese modo, acaban por creer que ya no existen amores fieles y matrimonios felices.

Un filósofo, J. A. Marina, ha realizado un certero diagnóstico del actual pesimismo en el amor:

“El modelo de un amor feliz y duradero nos sigue pareciendo deseable, pero cunde la idea de que no es posible, por lo que es mejor no hacerse ilusiones y no aspirar a grandes cosas. Se vive, pues, en una decepción suave, a la defensiva, desengañados sin haber sido engañados previamente, escarmentados en cabeza ajena. Muchos de mis alumnos han vivido en sus casas los fracasos de sus padres, y temen repetirlos.

Hay un monopolio de historias de decepción, y convendría recuperar la narrativa del éxito amoroso, porque también la hay”.

Existen miles y miles de matrimonios felices que permanecen en el anonimato, como consecuencia de que casi nadie habla de ellos. Creo que ya es hora de convertirlos en buena noticia.

Este fue el segundo motivo que me llevó a realizar una investigación orientada a detectar cuáles son, en la vida real, las claves de una vida conyugal lograda, exitosa, feliz. Pretendía conocer qué es lo que de hecho (no en teoría) suele dar resultado. Intentaba averiguar por qué algunos (o muchos) matrimonios “funcionan”; cuál es el factor común de los “matrimonios estrella”.

Como en el viejo cuento atribuido a León Tolstoy, quería encontrar “la camisa del hombre feliz” (en mi caso, la camisa del CASADO feliz). Y como ocurre en el cuento, también pude comprobar que el casado feliz no tiene camisa (camisa material): la felicidad no se encarna en un producto determinado que se puede comprar; la felicidad no se logra con pastillas o fórmulas maravillosas. Es feliz quien, como el protagonista del cuento, se conforma con su propia suerte, está satisfecho con lo que tiene y, además, se olvida de sí mismo para darse a los demás.

Ya lo había dicho Aristóteles: la felicidad es una realidad espiritual: no está en lo efímero (las cosas, el placer sensible), sino en la “vida buena”, la vida conforme a la virtud (no confundir con la “buena vida”). Por eso, añadía el filósofo, el verdadero amor sólo se da entre personas virtuosas: para quien obra conforme a la virtud, amar bien es lo natural, mientras que para quien no es recto amar bien resulta muy difícil.

Esa ha sido mi modesta contribución a la hermosa tarea y estimulante reto que nos propone a todos J. A. Marina: “recuperar la narrativa del éxito amoroso”.

Con ese propósito apliqué una encuesta de ocho preguntas abiertas a una selección de 200 personas casadas (100 matrimonios) de diferentes países que conozco y que considero razonablemente felices en su matrimonio (una felicidad que no es incompatible con conflictos y crisis ocasionales que pueden considerarse “normales” a lo largo de toda vida conyugal).

Las personas encuestadas tienen un mínimo de diez años de experiencia conyugal.

No se les pedía que dieran opiniones y recetas sobre la vida conyugal, sino que contaran lo que habían vivido, que nos dijeran cuál es el secreto de una vida conyugal lograda.

Adelanto parte del secreto: hay que amar de verdad. No basta con el amor-necesidad y con el amor-deseo. Hay que vivir el amor como donación y entrega. Es un amor benevolente, que busca el bien de la persona amada por ella misma.

Tras explicar “por qué” escribí este libro diré ahora “para qué”:

Para ayudar, con la información obtenida, tanto a quienes tienen el proyecto de casarse como a quienes desean más calidad de vida conyugal en cualquiera de sus etapas.

A unos y a otros se les puede ayudar mucho si se les dice a tiempo cuáles son los factores que suelen estar presentes en los matrimonios que van bien (los factores que contribuyen a la felicidad conyugal).

Una segunda finalidad: infundir optimismo a muchas personas: hacerles ver que no hay que tener miedo a casarse si las cosas se hacen bien, porque el matrimonio no es lo que muchas veces se ha dicho con frivolidad: una lotería.

El éxito o el fracaso conyugal no se puede atribuir simplemente a la buena o mala suerte; de algún modo cada matrimonio y cada cónyuge se va encontrando con el fruto de lo que sembró día a día; con un resultado acorde con la mayor o menor calidad de su amor y con su grado de entrega.

¿Cuáles son los factores de éxito conyugal más mencionados y a los que los cónyuges consultados atribuyen el éxito de su matrimonio?

Son los que enumero de forma muy resumida a continuación:

Amor comprometido y de entrega que requiere esfuerzo diario:

1-Casarse para toda la vida: haber tenido claro desde el principio que el matrimonio es para siempre.

(Quien se compromete se autoobliga libremente a querer al otro “sin fecha de caducidad”. Es “quemar las naves”, apostar firmemente por esa persona y por esa unión.

Con esa apuesta decidida las dificultades se relativizan y superan, las malas tentaciones se vencen, los defectos del otro cónyuge se minimizan y toleran.

En cambio, el amor no comprometido está en todo momento supeditado a lo que ocurre; no tiene ninguna garantía de estabilidad. Es el amor del cálculo, de la conveniencia; es el ”amor ligh” (ligero, rebajado) que no acepta deberes, que no aguanta casi nada, que no resiste las dificultades normales de la vida conyugal y que está siempre dudando si sigue o si se baja en la próxima parada).

2-La entrega total al otro cónyuge en la vida diaria: contar desde el principio con que habrá dificultades y que se pueden superar poniendo los medios.

Amor creciente, siempre vivo y renovado:

3- Ser consciente de que el amor no es un hecho cumplido en el momento de la boda: es algo que se construye cada día, es una conquista permanente.

Hay que recomenzar siempre, reestrenar el amor cada mañana, evitar “acostumbrarse” a vivir con el otro cayendo en la rutina. El verdadero amor sabe inventar, sabe renovarse con creatividad.

4- Utilizar recursos para mantener la relación en buen estado y prevenir posibles conflictos: hablar a tiempo, reconocer errores, saber disculparse, saber ceder (“dar el brazo a torcer”), llegar a acuerdos, ofrecer actos de desagravio, etc.

Amor humilde, no autosuficiente, que se deja formar y ayudar, que sabe aprender:

5-Contar con las ayudas sobrenaturales propias del matrimonio cristiano, que facilitan cumplir los deberes conyugales y superar los momentos difíciles.

6- El buen recuerdo de unos padres que se amaban de verdad como esposos.

7-Un buen noviazgo: trato personal, diálogo, sinceridad, conocimiento y respeto mutuo; orientado a un posible matrimonio.

Amor que supera el “yo” y el “tú” para llegar al “nosotros”:

8- Ver siempre al otro cónyuge como lo primero o prioritario en la propia vida; darle atención preferente sobre otras personas e intereses.

9- Ser feliz como efecto de hacer feliz al otro cónyuge; vivir para hacerle feliz.

10- Compartir experiencias, problemas, estados de ánimo. Interesarse por las cosas del otro. Saber entrar en su mundo. Contar con el otro al tomar decisiones.

11- Expresar abiertamente los sentimientos venciendo posibles falsos pudores y el miedo a confiarse totalmente en el otro cónyuge.

12- Ser amigos además de cónyuges.

13- Admirar al otro y mostrarle que se le admira.

14- Aceptar y querer al otro como es, sin pretender cambiarle o adaptarle a la propia forma de ser.

15- Convivir como personas que se quieren: sinceridad (no tener secretos con el otro), confianza, comprensión, respeto, buenos modales, delicadeza en el trato, saber callar, saber escuchar, no decir siempre la última palabra.

16- Buscar un rato cada día para estar los dos solos y conversar. Disfrutar de la íntima compañía. Hablar de todo y pasarlo bien juntos. Crear situaciones agradables que sean materia para los buenos recuerdos.

17- Cuidar cada día los pequeños detalles que hacen más grata la vida al otro.

Amor positivo y flexible:

18- Resolver los conflictos en el día; no acostarse reñidos; dar el primer paso para hablar; saber reconocer errores, pedir perdón y perdonar.

19- En los enfrentamientos apelar a los buenos recuerdos y recurrir al buen humor, que desdramatiza los problemas y ayuda a ver la realidad por su lado más favorable.

20- Saber ajustar y afinar la relación amorosa ante los sucesivos cambios que, con el paso del tiempo, se van produciendo en la vida conyugal y familiar.

Confío en que este libro sea lo que me propuse: una fuerte inyección de ilusión y optimismo frente al actual monopolio de historias de fracaso amoroso. Leyendo los conmovedores testimonios de los cónyuges encuestados podrán comprobar que existen muchos matrimonios felices (yo me los encontré) y aprenderán mucho de ellos (por ejemplo, cómo mantener vivo el amor con el paso de los años).

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