“HOY TODO INVITA A NO PARARSE A REFLEXIONAR”

Pablo Callejo
Pablo Callejo es, desde el curso pasado, el subdirector de Formación del colegio. Su perfil profesional, Ingeniero de Telecomunicaciones, en nada nos hace pensar su relación con el mundo educativo. Sin embargo, no es así. Entró en el mundo de la docencia en la Universidad y en gestión de diferentes asociaciones. Además, apostilla «le encanta el contacto con jóvenes y adolescentes porque puede transmitirles un saber y una experiencia que, por edad, ellos no han podido adquirir».

Pablo, ¿Qué es para usted la educación?

Entiendo la educación como un proceso de acompañamiento en la maduración de las personas. Utilizo a propósito la palabra acompañamiento, porque se trata de ayudar a cada uno a sacar lo mejor de sí mismo, a que brille con luz propia.

¿Qué es lo más importante que tienen que aprender los alumnos de Munabe?

El objetivo último está directamente encaminado al plano del SER. Desear exclusivamente que los alumnos sean académicamente brillantes y tengan la cabeza repleta de conocimientos es mucho, pero es poco. Es obvio que el colegio debe garantizar una formación profesional lo más excelente posible, pero procuramos ir más allá: aspiramos a que nuestros alumnos, al dejar el colegio, SEAN personas íntegras: trabajadoras, honradas, respetuosas, leales… y no sólo bibliotecas ambulantes.

La formación cristiana, ¿por qué es importante enseñarla a los alumnos? ¿Y cómo se enseña?

De alguna manera, Munabe procura mostrar a los alumnos, a los padres y a los propios profesores, que es posible ser al mismo tiempo un buen cristiano y un buen profesional. La vida cotidiana del colegio está impregnada de un estilo que favorezca el que la fe «se viva», y no permanezca muerta «en el libro de reli». Para lograr esto, el profesorado intenta enseñar con su propio ejemplo; se dan pistas a los alumnos para que adquieran su propia vida de piedad; se les transmite una fe viva en la Eucaristía, se les enseñan pequeñas costumbres cristianas como la romería o el rezo de la Salve; etc.

Colegios con nuestro mismo Ideario fueron los pioneros hace más de 50 años en crear la figura del tutor personal. ¿Esta labor sigue siendo imprescindible?

¡Desde luego! Es una figura que, en una relación de confianza, tiene una posición privilegiada para ayudar en lo concreto y en lo grande, en lo académico, en la forja del carácter, en lo familiar, en las amistades…

En una sociedad tan descreída en valores cristianos, donde impera el relativismo, ¿cómo se pueden transmitir enseñanzas inmutables para toda la vida?

Hoy todo invita a no pararse a reflexionar: «Ve deprisa», «disfruta ya, ahora», «desecha todo aquello que lleve esfuerzo». Los educadores tenemos la misión de contrarrestar semejantes impulsos con planteamientos hondos: «¿No te das cuenta de que tu tiempo es limitado?», «¿no te das cuenta de la dignidad de las personas que tienes a tu lado?», «¿no te das cuenta de que todo aquello que merece la pena se consigue por la vía del esfuerzo?», «¿no ves que procurar tu felicidad a toda costa es empobrecer tu alma, que es capaz de grandes horizontes, que es más feliz dándose?»…Pero sobre todo necesitan el testimonio atractivo de gente madura (padres y profesores tenemos un papel insustituible) que vive coherentemente su fe. Necesitan un clima familiar que lo propicie. Necesitan, por parte de los educadores, un discurso adaptado a su mentalidad sentimental, social, tecnológica, tan propia de este siglo.

¿Cómo debe ser la colaboración padres-colegio? ¿Cómo puede ayudar el colegio a los padres?

Esa colaboración ha de ser estrecha y confiada. El tutor o profesores, y los padres, han de formar un equipo que, si está unido y se entiende, multiplica la eficacia educativa. El colegio puede ayudar los padres ofreciéndoles un buen punto de vista complementario sobre su hijo; y pensando en ellos mismos, también se les ofrecen posibilidades para su propia formación.

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