“EL PACTO” Adolescente sin rumbo Carmen de Andrés

El pasado domingo, 10 de enero, Telecinco estrenó una miniserie de dos capítulos llamada “El Pacto”. Esta serie ha levantado mucha polémica en su primara emisión, asociaciones como la Confederación de Federaciones de Asociaciones de Padres de Alumnos (COFAPA) ha pedido su inmediata retirada.

Esta serie que está dirigida por Fernando Colomo, director especializado en comedias, y con guión de Santos Mercero, se inspira en un caso real ocurrido en Gloucester (Massachussets, EE.UU) donde 17 adolescentes de un mismo colegio pactaron quedarse embarazadas al mismo tiempo.

Colomo se inspira en este hecho para adaptarlo a una versión española, donde la trama se desarrolla en un colegio de Marbella a siete amigas y estudiantes de 4º de la ESO. Tras lograr su objetivo, como es lógico, se desencadena una serie de conflictos en la relación paterno-filial de las adolescentes implicadas, así como en el colegio donde estudian éstas.

La serie ha sido bien recibida por los televidentes a juzgar por las cifras de audiencia (share) con una cuota de pantalla del 18,3%- 3.483.000 personas-, casi cinco puntos por encima de la media que tiene esta temporada esta cadena de televisión que este año está perdiendo audiencia.

La presidenta de la asociación COFAPA, Mercedes Colama Miró critica esta serie entre otras cosas “por mostrar una imagen trivial de la maternidad y tratar de manera frívola las relaciones sexuales, creando confusión entre los adolescentes que están empezando a formarse”.

Estoy de acuerdo con la presidenta de esta asociación. No quiero repetir sus palabras y argumentos. Desde otra óptica, el análisis de esta serie podría llevarnos también a preguntarnos, ya no en clave ficticia sino contextualizando el hecho acontecido. ¿Qué pudo llevar a 17 chicas de instituto a querer quedarse embarazadas sin llegar a los 16 años? ¿Cómo estamos educando las sociedades ricas a nuestros jóvenes?

En los países desarrollados, con abundantes campañas sanitarias y educativas encaminadas a dar información a los adolescentes sobre profilaxis sexual, sin embargo, no se consigue evitar enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, abortos hechos que llevan a los jóvenes a mucha infelicidad y frustración.

¿Qué está fallando? Según Jokin de Irala, subdirector de Salud Pública de la Universidad de Navarra y del Instituto de Ciencias para la Familia, “Hoy en día hay un exceso de información indiscriminada sobre el sexo que empuja a los jóvenes a normalizar unas relaciones sexuales cuando no se tiene madurez para afrontarlas y a la vez una escasez de formación para adquirir estilos de vida saludables”.

Los programas de educación sexual que se imparten en muchos centros educativos subvencionadas por la Administración, la televisión cuando emite contenidos sexuales que cosifican a las personas y la falta de implicación de los padres en estos temas aportan a los adolescentes una visión parcial de la sexualidad humana dificultando la correcta maduración de éstos.

En declaraciones del director del centro de Gloucester, Joseph Sullivan, “La ruptura de muchas familias, tras la crisis económica sufrida en 2008 en el pueblo, provocó que muchos jóvenes crecieran sin rumbo, ya que sus familias se estaban desestructurando”. Según la madre del pueblo, Amanda Irlanda, “el anhelo de muchas de estas jóvenes fue sentirse queridas, tener a alguien al que querer incondicionalmente y en sus padres no encontraron este lugar”.

Los adolescentes son tremendamente frágiles. Necesitan de unos padres, de una familia donde encontrar la formación en valores adecuado, el cariño y la entrega que les haga sentirse queridos y seguros, el ejemplo vivo y la madurez de unos padres que se empeñan en sacar adelante las dificultades propias de la vida por muy difíciles que sean y necesitan comprobar que la lealtad y la fidelidad de sus padres entre sí es un barco con rumbo que no llevará a la deriva a la familia.

Desde el punto de vista de la formación en la sexualidad, los padres, principales educadores de los adolescentes, no pueden permanecer ajenos a la misión fundamental de educar adecuadamente la afectividad y la sexualidad de éstos.

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