“El niño tiene inteligencia para sacar las notas más altas”

Otro aspecto esencial en el desarrollo del adolescente es su madurez intelectual. A los jóvenes les preocupa mucho los estudios, los éxitos, los fracasos profesionales, ser listos, ser torpes, concentrarse o no a la hora de estudiar, servir para trabajar.

(…) Empiezas a ver las cosas de otra manera, no sólo por el presente sino también por el futuro, que vas a ser, si lo conseguirás (…). [Carta nº 14].

(…) Yo sería capaz de suicidarme sólo porque estoy condicionado por lo que la gente quiere de mi (o espera que haga). El niño tiene inteligencia para sacar las notas más altas… Mi familia me controla (yo quiero hacer una carrera, pues mis tíos me dicen lo mío es ser ingeniero de no sé qué) (…). [Carta nº 21]

El desarrollo de la personalidad pasa por adquirir poco a poco una madurez intelectual suficiente. La posesión plena de la capacidad de abstraer permite la adquisición de un orden de valores amplio.

Hoy en día, las causas del déficit de desarrollo intelectual en el adolescente suelen ser la carencia de instrucción y determinados conflictos afectivos, como la falta de interés o la desconfianza en sí mismo, que retraen al chico o a la chica del progreso intelectual. ¿Han disminuido las capacidades mentales de nuestros adolescentes? La respuesta es simple: no. Sin embargo, los niños aprenden a no ser inteligentes, y esto es así porque los adultos les enseñamos mal: les estamos enseñando a infravalorar su intelecto y subestimar sus capacidades.

Sería bueno que los padres y educadores no perdiéramos de vista nunca que uno de los juegos más interesantes en la vida es aprender, que no hay ningún mérito en aprender lo que es fácil de aprender y que lo que se aprende con esfuerzo jamás se olvida.

(…) El estudio es algo que no me gusta. Hay veces que no quiero estudiar porque es muy molesto. Pero hay veces que me lo propongo, aún así no saco unas notas demasiado buenas (…). [Carta nº 20].

En la adolescencia, aparecen muchos cambios cualitativos en relación con el pensamiento. Según Piaget, esto se manifiesta en la capacidad de pensar en lo posible, de alejarse de la realidad concreta e inmediata. Antes de actuar, el muchacho planifica sus acciones e imagina todos los posibles matices de una situación. Y de ahí le viene al adolescente su capacidad crítica, esa famosa rebeldía juvenil, y la raíz de esa oposición a los valores familiares y sociales vigentes. Ante su egocentrismo y su capacidad de representarse un mundo de posibilidades, llega a creer en la omnipotencia de su pensamiento y a confiar en que las revoluciones se hagan realidad sólo con reflexionar sobre su posibilidad. Lógicamente, todo aboca en una preocupación excesiva por la imagen que los demás tienen de él y en la suposición de que el resto del mundo le observa constantemente. Para el adolescente, todo lo que le sucede es en cierta manera irrepetible y sólo le pasa a él.

(…) Suelo sacar buenas notas pero cuando bajo un poco mi padre se enfada mucho y me hace sentir mal. Saco media de notable, la cual me complicará el acceso a la carrera (medicina), pero lo conseguiré. [Carta nº 21].

Cada día es más frecuente encontrarse con jóvenes que en su infancia llevaban bien sus estudios y que al llegar a esta etapa bajan en su rendimiento escolar, sin que ellos sepan exactamente por qué. En general, salvo excepciones, los adolescentes obtienen peores notas que las que obtenían cuando eran niños. Esto se debe a ese cambio profundo en su modo de ser inteligente, pero influye también el tipo de escuela en la que se haya formado. Cuando en su formación académica ha primado algún aspecto de la inteligencia, los demás siempre quedan relegados a un segundo plano, y esto puede llegar a ser catastrófico para la inteligencia. Por ejemplo, si se ha trabajado sólo o principalmente con la memoria, a largo plazo, el olvido normal de cualquier cuestión, impide un desarrollo normal en los estudios. Por eso, cuando, en esta etapa de su vida, él o ella tiene que hacer frente a estudios superiores que le obligan a poner en juego el razonamiento abstracto o mecánico, por ejemplo, es decir, a meter más la cabeza y a concentrarse más, como el chico o la chica tiene ahora muchos intereses que le rondan constantemente, le resulta difícil concentrarse en uno sólo de los aspectos de su vida, y por falta de atención, disminuye su comprensión. A esto se añade esa ensoñación característica que le hace pensar en todo con el corazón; no podemos olvidar que las cosas no se aprenden sólo con la inteligencia, sino también porque se sienten. Sin embargo, el subjetivismo mal enfocado puede hacerle ver la realidad, no como es, sino como él o ella desearía que fuera.

(…) Yo creo que si bebemos, fumamos a veces, algunos se drogan, nos gustan las chorvas como si fueran un juguete, es porque no vemos (y no nos hacen ver) más motivaciones en la vida. El estudio da frutos a largo plazo (=mierda). Hay que buscar una motivación, algo por lo que hacer las cosas, porque si no, o no las haces o las haces mal (…). [Carta nº 19].

Pero lo mejor es que dediquemos otro apartado a considerar cómo podemos, concretamente, facilitar al adolescente la formación y el desarrollo de sus hábitos intelectuales.

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