“EL CONTEXTO EMPRESARIAL ACTUAL NO AYUDA A LAS PERSONAS A SER ESPOSOS Y PADRES”

Nuria Chinchilla
– Se ha dicho en muchas ocasiones que la crisis de la familia se produce por la incorporación de la mujer al trabajo. ¿Qué opina al respecto?
Lo que yo creo es que el contexto empresarial que tenemos no ayuda ni a ser padre ni madre ni esposos. Hay que repensar la empresa, visto que la mujer sale de modo masivo al mercado de trabajo. La situación que vivimos actualmente es insostenible. Evidentemente, el invierno demográfico tiene que ver con que la mujer sale al mundo laboral y se encuentra con una empresa rígida pensada por hombres y para hombres. Ésa es la primera clave.

Lo que estamos viendo es que la «revolución femenina», entendida en el buen sentido, beneficia también al hombre, porque le ayuda a «volver a entrar» en el hogar. Es bueno que la mujer aporte a la sociedad sus conocimientos y valores, y al mismo tiempo no tenga que renunciar a ser esposa y madre, lo cual requiere en cada momento una dedicación de tiempo vital diferente.

Evidentemente no es un problema solo de las empresas; hay un enorme problema social porque las administraciones públicas siguen pensando en el individuo en lugar de pensar en la familia, que es la verdadera célula básica de la sociedad.

En la familia es donde se genera la confianza, que es la base de funcionamiento de los mercados y de las instituciones. Hay un problema de generación de contravalores, de vaciamiento cultural, especialmente en los medios de comunicación. Y si los miembros de la familia no tienen tiempo de convivir y de desarrollar sus competencias en la familia, no se forman personas «completas» para la empresa, no sólo preparadas técnicamente sino humanamente, capaces de comprometerse en proyectos a medio y largo plazo.

Lo que ha pasado es que la mujer ha salido al mercado laboral y que el hombre no ha entrado en la casa. Ahora estamos en un momento de «inpass» en que la mujer está fuera y el hombre no está dentro, ni como esposos ni como padres ni como corresponsables de un hogar. Hablo naturalmente en términos de generalizaciones sociológicas, no de personas concretas.

Ambos, hombre y mujer, tienen que tener la cabeza puesta en el hogar como la primera empresa, y tener claro que el trabajo es para la familia, no la familia para el trabajo. Ésta es una cuestión que no está clara en muchas cabezas, ni de hombres ni de mujeres.

Porque lo que está sucediendo es que, como el trabajo es más rígido y la familia más flexible y comprensiva, al final ésta, de tanto estirarla, se rompe. El trabajo es como un gas que se mete en las grietas que dejamos en nuestra vida, y que acaba llenándolo todo si no ponemos muros de contención. Hay que dejar tiempo y energías para estar con la familia y para poder dirigir la propia vida.

– Se habla a menudo del problema de la conciliación como un problema de igualdad entre hombre y mujer. Pero lo que está discriminado ¿es la mujer trabajadora o la madre trabajadora?

Históricamente ha habido discriminación hacia la mujer por ser mujer, porque la empresa estaba pensada por hombres y para hombres. Por ejemplo, había casos en que si eran mujeres eran «limpiadoras», y si eran hombres, eran «peones de mantenimiento». Una y otra categoría hacían lo mismo, pero una cobraba más que la otra. Eran injusticias con las que había que acabar.

Pero la verdadera discriminación en las empresas, como estamos comprobando una y otra vez en las investigaciones del IESE, es por causa de la maternidad, no por el hecho de ser mujer: por tener hijos o por poder llegar a tenerlos. En realidad, las leyes de conciliación tienen que ver no tanto con la mujer como con la familia que esa mujer tiene.

En este sentido, la Ley de Igualdad que tenemos ahora es una ley sesgada. El hombre y la mujer son diferentes, y precisamente la maternidad es el factor que pone de relieve esa diferencia. Lo que tiene que hacer la legislación es apoyar a la mujer que quiere ser madre, por el bien de ésta, del padre, del hijo, de la propia empresa y de la sociedad. Se trata de superar las dificultades con que la mujer madre se enfrenta, para que pueda aportar lo que tiene de bueno a la sociedad.

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