“¡POR FIN LLEGA EL FIN DE SEMANA!”

Eli Bengoetxea
Todos necesitamos de vez en cuando alguna DIVERSIÓN, teniendo en cuenta que divertirse significa apartarse, olvidarse durante cierto tiempo de las preocupaciones y fatigas que origina la vida diaria, ya que si no las energías que necesitamos para el trabajo quedarían pronto agotadas. La diversión es por tanto una necesidad natural.

Pero, ¿las diversiones benefician siempre a la persona? Cuando se desarrollan sin atenerse a ningún principio o norma, pueden verse afectadas por varios inconvenientes:

* El primero de tales inconvenientes es recrearse en cosas torpes o nocivas, para sí mismos o para los demás.
* El segundo consiste en perder del todo el autocontrol.
* El tercer inconveniente o riesgo es hacer algo que desdiga de la persona, lugar, tiempo y otras circunstancias semejantes.

La diversión entraña un riesgo: convertirse en un fin en sí misma, olvidando que es sólo un medio para conseguir otras cosas. Cuando pasa de medio a fin adquiere el carácter de simple EVASIÓN, es decir, de fuga o huida de la realidad exterior o interior del hombre.

Algunas de las canciones de las que ahora suenan en los lugares que frecuentan vuestros hijos hacen una exaltación absoluta del fin de semana y juzgan la semana laboral del siguiente modo:

“Ponte en órbita en las fiestas locas, locas como ésta…
¡Viva la fiesta! / ¡A Volar! / ¡Viva la fiesta! / ¡Adelante!
Maldición, ya es domingo y esto cierra,
todo el mundo a la nave nos volvemos a la tierra.
Cuatro días nos separan de otra fiesta.
Son del lunes hasta el jueves los días que más apestan.
Volveremos por la fiesta, te lo juro,
lo prometo por los surcos de los plásticos más duros…”

La diversión como cambio temporal de actividad para lograr algún propósito (reponer fuerzas, desarrollar la creatividad, convivir…) está al servicio del desarrollo personal, mientras que la diversión como escape dificulta el desarrollo. La diversión como escape es el mecanismo de defensa de una personalidad débil o inmadura, es una forma simplista de llenar el vacío existencial. Estas personas sólo son capaces de mantener una actitud pasiva, meramente receptiva, ante las influencias del ambiente, a diversiones que les vienen dadas, con falta de imaginación para divertirse por su propia cuenta.

Muchos adolescentes viven de acuerdo con el lema “quiero ser una persona liberada”, lo que equivale a actuar sin la “limitación” de las normas de conducta o de los deberes. Evitan todo lo que suponga renuncia o sacrificio personal. Para ellos, el trabajo y el amor son un juego. Para “liberarse” la diversión es el medio, incurriendo así en el escape y las diversiones ilícitas. Pero así ni son más libres, ni se divierten de verdad. Quieren liberarse de una existencia sin sentido y aburrida, pero con esa diversión mal entendida se aburren más, en cuanto carecen de novedad y no aporta nada interesante a la vida personal.

La sabiduría popular dice: “Dime con quién andas y te diré quien eres”. La pandilla es el lugar en el que el adolescente se desenvuelve habitualmente. En ella participan chicos y chicas, y dentro de ellas se desarrollan los chicos, tienen sus primeros amores y sus primeras experiencias. Por ello hay que saber con quién van nuestros hijos y por dónde se mueven.

Los jóvenes han asumido el consumo de alcohol típico de los países anglosajones, bebiendo sólo unos días a la semana, los fines de semana generalmente, pero de una forma excesiva, hasta la embriaguez, llegando incluso a producirse un cuadro tóxico agudo. Así llega a hablarse hoy de “alcohólicos de fin de semana”.

Durante los episodios de embriaguez se origina :

√ desinhibición,
√ alteraciones de la conciencia,
√ dificultades para hablar y mantener el equilibrio,
√ desorientación en el tiempo y en el espacio,
√ aumento de la agresividad, irritabilidad,
√ pensamiento reiterativo,
√ euforia o síntomas depresivos,
√ conductas inadecuadas.

La dependencia se manifiesta o bien por la incapacidad de dejar de beber una vez que se ha comenzado a tomar la primera o la segunda copa hasta llegar a un estado evidente de embriaguez, o bien porque se empieza un fin de semana como algo esporádico y a final se termina necesitando beber prácticamente todos los fines de semana.

¿Qué puede llevar a muchos jóvenes a consumir alcohol? Cabe mencionar algunas razones:

→ La curiosidad: Probar nuevas sensaciones, estados de ánimo, experiencias….
→ La evasión del vacío espiritual: no ven ninguna finalidad a la vida,no ven el sentido de para qué luchar, para qué vivir.
→ El escapar de los sentimientos de fracaso: No les hemos enseñado a fracasar. Hay que enseñarles a sobreponerse a los sentimientos de fracaso y a no buscar satisfacción en los paraísos artificiales que el alcohol – o las drogas – hoy día les prometen, y que en un primer momento se lo da, pero esa libertad pronto se convierte en dependencia.
→ Buscan el mito de la ambrosía, el elixir de la felicidad, la poción mágica de Asterix, esos néctares que convertían a las personas en invencibles y con los que conseguían la felicidad.

Los rasgos de personalidad que más favorecen el alcoholismo – o la drogadicción – son los siguientes:

*Fácilmente influenciable por los demás.
*Tendencia a la soledad o al aislamiento.
*Alto interés por experimentar sensaciones nuevas.

*Timidez o dificultades en el contacto social.
*Dificultades de integración social y rasgos antisociales.
*Afán por el riesgo y las conductas arriesgas y peligrosas.

*Tendencia a la apatía.
*Curiosidad excesiva.

*Abulia o falta de fuerza de voluntad.
*Rechazo de todo sufri­miento, frustración.

Es preciso recordar los rasgos típicos de la psicología del adolescente para comprender entre qué parámetros nos movemos:

1.- Sensación de impunidad: “a mi esto no me va a ocurrir”. Piensan que va a ocurrirle a los demás, y que “cuando quiera lo dejo”, y caen en la adición aunque ellos creen que no.
2.- La inmediatez: lo quieren todo rápido y a ser posible sin esfuerzo.
3.- La necesidad de autoafirmarse: quieren diferenciarse de sus padres, y es bueno, siempre que no se lleve al extremo. Quieren coger por primera vez sus costumbres, su cultura, sus creencias, y asumirlas como propias, distanciándose de sus raíces, pero si no están bien enraizados, se convertirán en gregarios de cualquier lidercillo o masa.
4.- La falta de realismo: pasan de un extremo a otro, o se sobrevaloran y pasan riesgos excesivos, o tiene una baja autoestima.

¿Cómo notar si nuestro hijo bebe alcohol? Algunos cambios en el comportamiento de nuestros hijos pueden constituir importantes indicios:

√ suelen mostrarse más irritables,
√ desinteresados por sus actividades habituales,
√ más egoístas, perezosos e independientes.
√ En una primera etapa puede ir abandonando actividades que antes les interesaba.
√ Pueden sufrir alteraciones del sueño,
√ ansiedad,
√ inquietud
√ dificultades para mantener la atención,
√ cambio súbito de horario o de costumbres,
√ necesidad de más dinero de lo habitual

EN CONCLUSIÓN

Lo primero que debe preocupar a los padres en esto es el propio ejemplo. Hay que dar ejemplo a los hijos de cómo divertirse de forma sana y con poco dinero:

= que los hijos vean que sus padres no emplean todo el tiempo libre en la diversión;
= que vean también que la diversión para los padres no es un escape;
= que observen cómo los padres eligen las diversiones con buen criterio, evitando las que causan un prejuicio desde el punto de vista moral.

Los padres deben estar informados acerca de cómo, dónde y con quién se divierten sus hijos. Esta información en unos casos se podrá obtener a través del hijo; en otros a través de otras personas o por observación directa de los padres. No hay que caer en la ingenuidad de creer que los hijos no necesitan orientación y control en este tema. Conocer a los amigos y el ambiente en el que se mueven. Convivir con los hijos para descubrir los momentos en los que el consumo de alcohol es incipiente.

Dedicar tiempo a la conversación amigable entre padres e hijos. Esto supone saber escuchar y esforzarse por comprender su punto de vista, aunque no se comparta. Suscitar en ellos valores y dar sentido a sus vidas, sugiriéndoles formas sanas de diversión. Así se disminuyen las tensiones familiares y las situaciones de aislamiento afectivo, y permite identificar momentos de frustración, depresión o ansiedad o crisis emocionales, que si no se encauzan pueden ser el punto de partida para el recurso a evadirse.

Favorecer que se reúnan en casa para oír música, ver una película, conversar o jugar a algo, hacer salidas al campo o al monte, excursiones en bicicleta, acampadas, etc. En el fondo se aburren los fines de semana.

Tenerles habitualmente cortos de dinero. Cuando disponen de poco dinero tienen que pensar, hacer trabajar la imaginación, para ser capaces de divertirse sin dinero. Si tienen exceso de dinero es más posible de que lo gasten en diversiones “comercializadas”.

La diversión ha de ser enriquecedora, hay que enseñarles a divertirse. Ha de orientarse al descanso, ayudándonos a ser mejores.

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