¿Todos hacen igual? No.

“¿Qué hacer con una hija de doce años que se desentiende de los estudios y sólo piensa en diversiones nocturnas?” Contesto a la carta que transcribo a continuación, en la que unos padres me piden orientación y consejo, y, al mismo tiempo, les doy también respuesta a cuantos me plantean en sus cartas problemas educativos semejantes. “¿Qué podemos hacer con una hija que, a partir de los doce años, se desentiende de los estudios, no piensa nada más que en salir fuera de casa y en diversiones nocturnas? Además, ha adquirido el vicio de fumar y jamás obedece, aduciendo que todos hacen igual y que sus padres se lo consienten. La hemos cambiado dos veces de colegio, una de ellas para apartarla de malas compañías. ¿Qué nos recomienda?”

El argumento absurdo que esgrime la mayoría de los adolescentes para conseguir su capricho y convencer a los padres débiles es que hoy “todos hacen igual”. Por suerte, son muchísimos los jóvenes responsables que se hacen cargo de sí mismos, que saben ponerse en lugar de sus padres y comprender que las normas que les dictan no tienen otro fin que ayudarles a descubrir un marco de referencia interno para ser ellos mismos, lograr una identidad personal y encontrar el camino del bien; en definitiva, manejar su propia vida de forma responsable. Lo que sucede es que estos jóvenes hacen menos nido y apenas se hacen notar. Estudian desde el comienzo del curso, hacen deporte, cultivan las buenas amistades y mantienen con sus padres y hermanos un trato afable y respetuoso. Así que decidle con toda claridad a vuestra hija que no todos hacen igual, ni todos los padres consienten a sus hijos volver a casa a la hora que les venga en gana. Hay muchos padres e hijos responsables.

La respuesta a vuestro problema, clara y firme, aunque expresada sin crispación y en tono cordial y cariñoso, podría ser más o menos ésta: “Allá esos padres con la forma absolutamente arbitraria de educar a sus hijos permitiéndoles hacer cuanto les venga en gana. Nosotros, tus padres, tenemos el ineludible deber de ayudarte a madurar, a ser una persona razonable y a educarte en el bien. Somos responsables de tu futuro, en parte, y de que no acabes como tantos jóvenes dominada por el alcohol, la droga, el pasotismo, ni que arrastrada por malas compañías, antes o después, seas una delincuente. Mientras seas menor de edad, vivas a nuestra costa y estés en períodos de formación, seguirás unas normas de respeto y convivencia, las mismas que nosotros cumplimos y de las que te dennos ejemplo constante cada día. jamás te impondremos nada sin darte las pertinentes razones, ya que deseamos que actúes por propia convicción. Respetaremos siempre tu libertad, pero si vemos que con tu conducta destruyes tu vida, no te lo permitiremos, cono no se !e permite al niño pequeño que, en su inconsciencia, pretenda meter su dedo en un enchufe eléctrico”.

Decís en vuestra carta que con vuestros hijos mayores no habéis tenido estos problemas y me preguntáis qué causas han podido motivar que la más pequeña se comporte de una manera tan diferente a la de sus hermanos.

A mi juicio, aunque los padres creamos que hemos seguido la misma línea educativa con todos los hijos, la realidad es que muchas veces con los más pequeños solemos bajar la guardia un poco en lo que se refiere a exigirles, desde los primeros años, responsabilidad y disciplina. En lugar de tolerantes, somos demasiado permisivos.

Otro factor es, indudablemente, el mismo sujeto, pues cada hijo es un mundo distinto y los hay verdaderamente conflictivos desde la infancia y preadolescencia.

En las conductas precoces de fumar, beber, consumir droga, volver tarde a casa y tener relaciones sexuales a edades tan tempranas, están influyendo de forma cada vez más persistente y demoledora ciertas series de televisión.

Una de las cuestiones que más preocupan en la actualidad a los padres es la hora de volver a casa los fines de semana. Los padres se sienten indefensos, ya que la autoridad competente no es capaz de arbitrar disposiciones y medidas eficaces que impidan que un menor ande por ahí libremente a altas horas de la madrugada diciendo que toda responsabilidad es de los padres.

Para terminar, ofrezco algunas consideraciones sobre lo que significa educar: – tratar a cada hijo como persona diferente, independiente y libre; – aceptar la individualidad, que es sagrada, y permitirle ser “él mismo”; – estar atento para reforzar y alentar cuanto de positivo tenga el educando; – sugerir, contagiar con el ejemplo vivo el valor que se quiere desarrollar – actuar siempre desde la madurez, desde la coherencia interna, desde la propia verdad, ofreciendo lo mejor de nosotros mismos, sin alardes; – actuar de forma sincera, abierta y honesta, compartiendo con nuestros hijos con naturalidad y sencillez nuestra vida; – dialogar, respeto, amar ejerciendo la autoridad sin violencia y con firmeza, pero en un contexto cálido de ternura y autor de padres.

Con la autorización de: www.edufam.com

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